
por Analía Lorenzo (desde México, DF)
cuando aquel imprentero, geoffery chaucer, puso en el prólogo del hoy vetusto libro de circa, historias de canterbury, la por todos conocida frase: nunca es tarde; me pregunto si habrá sido fruto de la desesperación, de la superstición religiosa o de la experiencia, en carne propia, de que nunca, nunca es tarde?
muchas veces es demasiado tarde.
pero más bien, el nunca es tarde, se usa sumándole la idea de cambiar a uno mismo. a ver, nunca es tarde para cambiar y adaptarte a lo que todos (con la escalofriante uniformidad de los frijoles) aceptamos que es lo mejor, frase que viene del original inglés, it’s never too late to mend; acuerdo antiguo como el hombre en grupo.
los ingleses, que son autores de muchos dichos, aclaran que la frase en sí es: better late than never. es decir, mejor tarde que nunca. o en realidad, como chaucer, que además era poeta, alquimista y trabajaba para la corona, escribió en el primer registro impreso del proverbio, allá por el 1386, For bet than never is late [Better than never is late] que es, mejor que nunca es tarde. lo que cambia bastante las cosas. y ya lo de uno mismo queda olvidado y pasa al ámbito del otro. porque necesariamente debe ser mejor tarde que nunca ”para alguien”. no para uno mismo condenado a vivir siempre aquí en este presente en el que es tarde porque ya es, a sabiendas además de que una condición tiene el pasado y es que ya pasó. en su contexto, chaucer hace clara la cuestión comunitaria de la frase: para que no se pierdan todos, mejor que nunca es tarde.
se cree que chaucer la toma o adapta o traduce del latín de titus livius y que es este quien publica el proberbio en su monumental historia de roma.
pero, volvamos a la versión más cercana del original, del siglo 16, it’s never too late to mend, nunca es tarde para enmendarse, que en español se usa como nunca es tarde para cambiar o simplemente nunca es tarde.
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