Una publicación efímera, como todo

El 82 por ciento inmóvil

In Economía, Jubilaciones, Opinión on 16 octubre, 2010 at 2:33

"Esa ley (la del 82% móvil) terminaba en un nuevo desastre de las jubilaciones estatales y su consecuente privatización y regreso al sistema de las AFJP", plantea Luis Bruschtein en esta nota.

Leemos hoy:

«El falso debate por el falso 82 por ciento móvil puso la lupa en las partes pudendas del sistema, las agrandó y las puso en pantalla gigante. Fue como un Tinelli show para que todos pudieran ver otra vez el mismo desenlace superstar del vice votando cualquier cosa en contra del gobierno al que todavía pertenece. Y todo el mundo haciendo como si. Como si se tratara de discutir una medida revolucionaria, como si se tratara de debatir un aumento para los jubilados, como si se tratara de impulsar la distribución de la renta, como si se estuvieran defendiendo principios, como si fuera una lucha de vida o muerte por la justicia. Es igual que el show de Tinelli donde todos hacen que lloran como si estuvieran tristes o se pelean como si estuvieran enojados o se dan besitos como si estuvieran enamorados.

(…)

Plantearon pour la galerie una fuente de financiamiento para la medida, pero terminaron impulsando el proyecto trucho que apuntaba a obligar a la Presidenta a vetarlo, o en caso contrario al desfinanciamiento del Estado y a la venta de los activos de la Anses a precios de La Salada. Esa ley terminaba en un nuevo desastre de las jubilaciones estatales y su consecuente privatización y regreso al sistema de las AFJP. Vaya la casualidad, porque la mayoría de los que la impulsaron en su momento votó en contra de la reestatización de las jubilaciones y a favor de las AFJP. Esos fueron los aliados increíbles del centroizquierda opositor.

(…)

El debate sobre el sistema jubilatorio que se dio aquí fue tan poco creíble que apenas movilizó a un puñado de activistas. Se había elegido el 82 por ciento no por ningún cálculo científico, sino por el efecto propagandístico que tiene esa cifra como hito histórico de máxima en la lucha de los jubilados. Pero en el contexto en que fue planteado nadie creyó en ese falso 82 por ciento, ni siquiera los jubilados.

(…)

Casi no hubo ningún esfuerzo de los dirigentes opositores por ser convincentes. De lo único que se preocuparon fue de sumar los votos en el Congreso. Por lo demás, da la sensación de que la oposición no trabaja para convencer, sino que actúa sobre la base de que la sociedad ya está muy definida: a los oficialistas les parecerá perfecto todo lo que venga del Gobierno y a los opositores, viceversa. Cuando se parte de esa imagen, los discursos son esquemáticos y simplistas. Cuando se lo escucha desde el lado opuesto ese esquematismo queda muy expuesto porque la mirada está desprovista de todos los implícitos y preconceptos sobre los que se asienta.

De todas maneras, en el caso del 82 por ciento, la falta de esfuerzo parece obedecer más a la intención de controlar la llegada de este debate a la sociedad, que a cualquier preconcepto. Porque hasta el opositor de a pie se alegra por la derrota del oficialismo, pero no se traga la idea de que la batalla seguirá hasta la definitiva instauración de esa propuesta. Esa reivindicación se conoce desde fines de los años ’50, pero no formó parte de ninguno de los programas electorales de los partidos que ahora la impulsaron en el Parlamento».

(Leer completa la nota de Luis Bruschtein haciendo click acá)

 

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