Una publicación efímera, como todo

Los que festejan

In Opinión, Política, por Eduardo Aliverti on 18 octubre, 2010 at 12:59

 

"(...) ¿qué harían ante la creación de medidas enérgicas para financiar el aumento a los jubilados que tanto los conmueven? ¿Qué haría el grueso de la oposición que no haya hecho ya frente a las retenciones móviles para “el campo”?", plantea Eduardo Aliverti en esta nota.

 

Leemos hoy:

«Antes que nada, vaya el homenaje a la lección dejada por los mineros chilenos, la sanción del 82 por ciento móvil, el nuevo desempate de Don Cleto y también el exabrupto del ministro de Economía sobre cámaras de gas y periodistas. Gracias a ellos, la inseguridad desapareció en la Argentina durante toda la semana. De golpe. De un solo saque. Un verdadero milagro que revela lo cerca que puede estarse de soluciones mágicas para los grandes dramas nacionales, sin que nos demos cuenta.

En segundo lugar, habrá que insistir con algunos señalamientos de analfabetismo no ya de economía, sino de elementalidad analítica, directamente, a estar por lo que volvió a escucharse sobre “la plata de los jubilados”. Esa sola preposición implica una demagogia barata, cínica, que puede comprenderse desde bolsillos flacos y bronca consecuente, pero no a partir de sujetos (periodistas, legisladores, economistas) con la obligación profesional de registrar cómo funciona cualquier sistema jubilatorio, por lo menos de este mundo. El periodista siente un cierto pudor por aparecer tan repetitivo, pero no encuentra más salida que la insistencia con aspectos básicos, de una obviedad casi obscena, frente al machacar de barbaridades que a su vez se amplificaron con las justificaciones del proyecto sancionado por la Cámara alta. La única garantía para los fondos previsionales es la buena salud económica, porque no hay otra forma de sostener los pagos y es esa buena salud, precisamente, la que entre otras cosas permitió incorporar al sistema a alrededor de 2.400.000 personas que jamás habrían accedido a los beneficios debido a sus carencias de años aportados. Y a futuro, es el reforzamiento de la cantidad de empleados activos, cuyos aportes vayan a solventar el esquema, una de las llaves para asegurar la plata no de sino para los jubilados que habrán de ser. ¿Qué es un descuento jubilatorio que no sea un salario diferido? Nada. Es una entelequia. No hay una cuenta en la que esa deducción se deposite y congele. Hay la movilidad de esos aportes, en inversiones diversas, para que la economía se dinamice y los fondos estén. Sin embargo, bien que el problema es universal gracias al aumento en las expectativas de vida, la retracción de la natalidad y la precariedad laboral que trajo consigo la ola liberal de los ’90, en la Argentina –visto en números de escala– hay casi tantos jubilados como trabajadores aportantes. La relación es 1 a 1,4. Son algunas consultoras del propio establishment, como la de Carlos Melconian, las que establecen que para pagar el 82 por ciento con fondos genuinos se necesitarían tres aportantes más por cada jubilado. ¿Quién puede imaginar que eso pudiera acercarse paulatinamente, si es que acaso se deja lugar a la fantasía, como no fuere a través de la fortaleza de la economía? ¿Qué otra manera hay de soñar con más trabajadores aportantes? ¿Y quién si no el Estado puede diseñar las políticas activas que marchen hacia allí? Los caraduras que hoy se preguntan por el desvío de los fondos jubilatorios hacia inversiones que no tendrían que ver con su objetivo primigenio, ¿qué se preguntaban cuando la plata de los futuros jubilados era timbeada por las AFJP?

Al citar esto último, claro, se deja cierto ABC del funcionamiento económico para meterse en la (in)moralidad política propiamente dicha. El Gobierno tiene lo suyo, por supuesto, porque se limita a decir que lo sancionado no se puede financiar. Pero no explica, como debe, que no es posible hacerlo por la ausencia de afectación a sectores de altísima capacidad tributaria. Cada vez que intentó avanzar o discutir en tal sentido, sin embargo, fueron esos sectores los que le saltaron a la yugular. Basta acordarse del choque por la 125, cuando poco menos le pararon el país. Si ya entonces tenían una rentabilidad galopante y pusieron al Gobierno contra las cuerdas, ¿qué harían ante la creación de medidas enérgicas para financiar el aumento a los jubilados que tanto los conmueven? ¿Qué haría el grueso de la oposición que no haya hecho ya frente a las retenciones móviles para “el campo”? ¿Qué harían de distinto si se propusiese el incremento de los aportes patronales, o del impuesto a las Ganancias, que no haya ocurrido ya con la propuesta de distribuir renta empresaria con los trabajadores? La lógica es un doble discurso de hierro: si no se toman medidas, exigen que se lo haga en nombre del palabrerío progre del oficialismo y le marcan la contradicción entre perorata y privilegiados que no se tocan; pero al menor atisbo en la dirección solicitada, el Gobierno es autoritario, chavista o cubano».

(Leer completa la nota de Eduardo Aliverti haciendo click acá)

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