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Los Periquitas

In Apuntes rápidos, Opinión, por Mario Rivas on 2 enero, 2011 at 23:34

por Mario Rivas

El Periquita es un ser sensible, hombre o mujer preocupado por el país, medianamente informado, amante de las artes y la buena vida. Lucha por la democracia y hace de esa lucha su estandarte. Claro el Periquita trastabilla un poco cuando de construir democracia se trata, porque piensa que la democracia se logra de un día para el otro y no acepta medias tintas en eso.

El Periquita padece de una presbicia singular: es incapaz de ver el todo. Su mirada siempre caerá en algún detalle que desentona y desde allí construirá su corpus teórico. Lo llamativo es que el Periquita defenderá como gato panza arriba esta característica, quizás porque cree que lo convierte en único, diferente.

Para un Periquita la Justicia Social es “paternalismo inaceptable del Estado”. Cree, sí, en la caridad cristiana y una vez al año deja tranquila a su conciencia llevando juguetes para Navidad a alguna institución de niños pobres.

El nivel de análisis de una Periquita se reduce a eslóganes. Veamos:

Ley de Medios: “Una pelea con Clarín para quedarse con el monopolio de los medios”

Ley de Matrimonio Igualitario: “Una búsqueda de los votos gay”

AUH: “Simple paternalismo estatal para ganar votos”

Estatización de las AFJP: “Evidente objetivo de manejar la plata de los jubilados”

Juicio a los responsables de violaciones a los DDHH: “Simple demagogia”

Recuperación de Aerolíneas Argentinas: “¿A quién le sirve?

Fútbol para Todos: “Más demagogia para tener contentos a los negros”

Vigencia de las Paritarias: “Una medida para favorecer a Moyano y a todos los sindicalistas corruptos”

Marcha exitosa de la economía nacional: “Se debe al ‘viento de cola’ de la economía mundial”

Al Periquita no le servirán de nada las explicaciones, para él estamos viviendo bajo “una dictadura democrática” (sic). Y es interesante este concepto porque demuestra como ningún otro el desprecio del Periquita por la voluntad de las mayorías.

El Periquita puede ser trosko, alfonsinista, guevarista o pinosolanista, da lo mismo. Pero siempre será gorila. Y su visión de la realidad nacional se basa en el refrán “Siempre es más verde el pasto del vecino”.

Ahora mismo escucho a los Periquitas alabar a Dilma Rousseff (¡a un día de su asunción!) y de paso la comparan con Cristina: “Dilma es hermosa, Cristina no tanto” dicen. Y claro, para un Periquita “Brasil es la quinta potencia económica mundial”. De nada valdrá exponerle estos datos:

– La tasa de analfabetismo (personas de quince o más años que no saben leer ni escribir): según la Cepal en Argentina es el 2,4 por ciento, en Brasil, el 9,6 por ciento (cuatro veces más).

– La brecha entre el 10 por ciento de la población más rico y el 10 por ciento más pobre en Argentina es de 28 veces. En Brasil es 34 veces, siendo la segunda nación más desigual del planeta.

– Un dato vinculado con la inseguridad: la tasa de homicidios por año por cada 100 mil habitantes. En Argentina es el 5,3. La de Brasil es casi cinco veces mayor: 23,8. Es importante mencionar que esta cifra es el triple de la media mundial y es considerada equivalente a un país en guerra.

– La tasa de mortalidad infantil de Brasil es casi el doble de la argentina: 20,3 por mil contra 12,0 por mil.

– La cantidad de habitantes por médico: en Argentina es 330, mientras que en Brasil es 900 (casi el triple). De nada valdrá decirle que gran parte de los resultados de la economía brasileña proviene de una enorme desigualdad e inequidad.

Ojo, el Periquita no va a votar a Cristina en el 2011. Encontrará mil y una razones para justificarse. Eso sí, a la vuelta de los años hará su autocrítica. Porque si hay algo que caracteriza a un Periquita es su capacidad para reconocer sus errores… y volver a cometerlos.

Lo acumulado y lo inesperado

In Opinión, por Mario Wainfeld on 2 enero, 2011 at 10:19

"Haber tenido más razón que sus antagonistas en casi todos los debates sobre economía no faculta al Gobierno a dormirse en los laureles", señala en esta nota Mario Wainfeld.

Leemos hoy:

«La economía de 2010 contradijo (cuando no dejó en ridículo) las profecías de dirigentes opositores o economistas de postín. Repasemos las más tonantes, a vuelo de pájaro. Crecimiento cero o irrisorio; caída a pique de las reservas, rechazo del canje de deuda, inflación espiralizada, importación de trigo y carne, “n” catástrofes adicionales. El crecimiento se sostuvo, el desendeudamiento avanzó, las reservas del Banco Central son record, la demanda se mantiene a niveles altísimos, tanto como la producción de automotores… hasta las intratables corporaciones “del campo” bajaron el tono, más interesadas en llevársela con pala que en cortar rutas.

La inflación sigue siendo muy elevada, aunque se mantiene bajo relativo control. Muchos actores económicos (entre ellos los sindicatos, los profesionales independientes y buena parte de las pymes) tienen cómo defenderse y no vivirla como una tragedia. Pero el impacto es distinto a medida que se bajan escalones en la pirámide social. Y la tasa manejable puede dispararse, lo que hace aconsejable políticas activas de nuevo cuño, porque las empleadas por el Gobierno en sus años primeros ya no rinden. Las tratativas para conformar el Consejo para el Diálogo Económico Social son una señal promisoria, primero, porque revelan introspección (así fuera tardía) y conciencia sobre el problema. Y segundo, porque elige una herramienta idónea que es el diálogo (y eventuales pactos) entre sectores.

Una nueva faz del modelo abre tareas de “segunda generación”, más sofisticadas y de más largo plazo que las respuestas a la crisis terminal. Hablamos de la desigualdad, la inflación, el déficit de viviendas, el trabajo de baja calidad, el transporte público, un sistema de salud que insume muchos recursos y no presta servicios en consonancia.

Haber tenido más razón que sus antagonistas en casi todos los debates sobre economía no faculta al Gobierno a dormirse en los laureles. Ni mucho menos, a soslayar cuántos problemas añejos o emergentes esperan respuestas pese a (o, mejor, porque) se han ascendido algunos peldaños.

(…)

La Presidenta vetó una ley (el 82 por ciento móvil, un simulacro que procuraba ese desenlace), no docenas. El Grupo A “vetó” el Presupuesto. En el ínterin, el Ejecutivo gestionó y copó la parada mientras sus adversarios desfilaban por canales de cable. Dos leyes relevantes se sancionaron, con mayorías transversales: Matrimonio igualitario y Glaciares. La primera, una virtuosa ampliación de derechos ciudadanos reclamada por minorías activas pero que sólo la voluntad política del kirchnerismo podía plasmar. Hay partidos más progresistas y coherentes ideológicamente que el Frente para la Victoria (FpV) pero no tienen el número necesario para una conquista así. Hay partidos con potencial y experiencia de gobierno como el FpV pero jamás se hubieran comprado un conflicto de ese jaez con la jerarquía de la Iglesia Católica. Las minorías militantes que bregaron por esos derechos entendieron lo que pasó, de ahí su agradecimiento sincero y su aval al Gobierno. La incorporación de la luchadora María Rachid al Inadi cierra un círculo sin precedentes.

(…)

Ante cada trance adverso, el oficialismo dobló la apuesta. Muchas veces mejoró su menú, adoptando medidas que no estaban en su repertorio. Sistema jubilatorio, Medios, Asignación Universal por Hijo (AUH), matrimonio igualitario. Congregó apoyos de sectores distantes o esquivos. Se granjeó la simpatía activa de colectivos impensados tiempo atrás: artistas, intelectuales, trabajadores de la cultura, movimientos sociales de clase media. Un salto cualitativo, que cobró fuerzas a partir del matrimonio igualitario y la ley de medios.

Las reformas al espectro audiovisual fueron muy trabadas por reclamos judiciales de los grupos oligopólicos, se veía venir. La Corte Suprema le dio una manito a Clarín en una de las peores decisiones de su respetable trayectoria. De cualquier modo, la disputa de la opinión pública se hizo más pareja por la aparición de nuevos medios tanto como por la emergencia de intelectuales, artistas o bloggers que revitalizaron el discurso oficial. La reacción de las corporaciones, de sus popes y de los periodistas que le rinden pleitesía fue desmedida. No se enojaron, apenas: se sacaron. Alegan que se los destrata o insulta, lo que en algunas ocasiones es cierto. Pero lo que los descoloca es ser objeto de polémica porque estaban habituados a ser intocables e invisibles. La luz pública nunca iluminó rostros y biografías de CEOs, comunicadores o dueños de empresas cuya opacidad era atributo de su poder. La furia indujo a réplicas desmedidas y groseras, que agrandaron la pertinencia de 6, 7, 8 (el fenómeno audiovisual del año) o mejoraron el caudal de adhesiones a Víctor Hugo Morales.

(…)

La narrativa dominante fue desmenuzada (a menudo, demolida) en un Agora mediática franca y expuesta. También por gentes del común, por muchedumbres que se expresaron en los festejos del Bicentenario y en las exequias de Néstor Kirchner. En ambos casos, los cuerpos y los gestos dieron un mentís a la prédica mediática mayoritaria. Cientos de miles de ciudadanos dieron rienda suelta a su alegría o a su dolor, convivieron sin incidentes, celebraron una vez, acompañaron a la Presidenta en su dolor la otra. Las dos veces sorprendió la magnitud de las asistencias, su mensaje inequívoco. Un ánimo colectivo (quizá no mayoritario pero marcadamente nutrido) probó que la crispación no es el sentimiento de “la gente” ni el odio o la sumisión el único vínculo con el kirchnerismo.

(…)

La Asignación Universal por Hijo inyectó ingresos en los hogares más desfavorecidos. Un decreto presidencial a fin de año amplió el universo de beneficiarios, sumando a los hijos de trabajadores de temporada. Cientos de miles de ciudadanos bajitos serán beneficiarios de la reforma que debería profundizarse despejando requisitos burocráticos excesivos que dejan afuera a otros pibes. El producido social de la AUH es, aun restando incorporaciones, inmenso.

Ahora hay casi pleno empleo y tienen ingresos seguros muchos entre los más desvalidos, eran dos utopías inalcanzables hace siete años. En un estadio superior, quedan necesidades básicas insatisfechas para demasiados argentinos: vivienda digna, transporte no infamante, trabajo decente con toda la tutela legal. Los reclamos brotaron con virulencia, en algún ejemplo con mala fe, los derechos pendientes de satisfacción son realidad.

(…)

En ese contexto, auspicioso pero pleno de rémoras y carencias, debe leerse la coyuntura nacional. No somos el ornitorrinco del mundo, ni de América del Sur, ni los inventores de un sistema económico hiperdiferente. Los adversarios del kirchnerismo se equivocan feo cuando abjuran en block de todo lo hecho y proponen un vuelco o a una regresión, demasiado a menudo sin explicar el nuevo rumbo. Quizá el único que lo insinúa con franqueza es el Jefe de Gobierno Mauricio Macri: un giro reaccionario de derecha, con aplicaciones clasistas y xenófobas.

El oficialismo acierta en el rumbo aunque a menudo endiosa en exceso al “modelo”. El esquema económico sirvió para salir de la crisis aparentemente irremisible, elevó la condición de vida de casi toda la población, empoderó a sectores de trabajadores, mejoró los niveles de empleo, amplió la masa de jubilados, disminuyó la pobreza. Es un montón, nunca es bastante. Subsisten asimetrías formidables, incluso al interior de la clase trabajadora. Proliferan demandas soterradas aunque (o mejor, porque) se transitó del infierno al Purgatorio.

La desigualdad subleva acaso más en las pampas que en países linderos. Acá hay memoria de tiempos cercanos mejores en paridad y en movilidad social. En otras comarcas no existió ese pasado evocable y frustrante. El igualitarismo propio de la sociedad argentina, la capacidad de lucha y de protesta de su sociedad civil dinamizan las demandas y las movilizaciones. Muchas conquistas se han logrado, antaño y hoy, en las calles o vía acción directa. Es clavado que quienes son “perdedores relativos” del actual modelo emerjan a reclamar sus derechos, tumultuosos y desafiantes».

(Leer completa la nota de Mario Wainfeld haciendo click acá)

Tengan un domingo mágico y misterioso

In Bettie Page on 2 enero, 2011 at 0:01