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Una empresa de autopartes estadounidense invertirá siete millones de dólares en Córdoba

In Economía, Industria, Noticias on 19 mayo, 2011 at 13:36

El grupo norteamericano Navistar, fabricante de autopartes y motores diesel, invertirá siete millones de dólares para ampliar su planta ubicada en Jesús María, Córdoba.

Locales, Economía, Industria, 19 May (Télam).- Directivos del grupo Navistar comunicaron el proyecto de inversión al vicegobernador de la Provincia, Héctor Campana, quien recibió a los empresarios en Casa de Gobierno.

Navistar tiene en Jesús María un centro de producción de autopartes para motores diésel que da empleo a más de 180 operarios.

La empresa prevé completar este año un plan de inversiones por 7 millones de dólares para «incrementar la producción de su planta cordobesa para cubrir las necesidades de autopartes del mercado nacional e internacional, con la consiguiente creación de nuevos puestos de trabajo», indica la comunicación oficial.

Por su parte, el vicegobernador ofreció los beneficios que otorga la Ley de Promoción Industrial a todas aquellas empresas que se instalan en la provincia de Córdoba o aumentan su producción.

Además de la Argentina, Navistar tiene plantas de fabricación de motores en Estados Unidos, Brasil, Canadá, India y México.

De la reunión participaron el presidente del Engine Group Navistar USA, Eric Tech; el presidente de Navistar South America Brasil, Waldey Sánchez; el presidente de MWM International Motores, Eduardo Nuti; el vicepresidente de MWM International Motores Brasil, José Eduardo Luzzi; y el secretario de Industria de Córdoba, César Martinelli.

Relatos necesarios

In Gacetilla, Poesía on 19 mayo, 2011 at 13:10

Amas de casa

In Amas de casa on 19 mayo, 2011 at 10:39

El horror pequeñoburgués a ser tildado de «intelectual orgánico»

In Apuntes rápidos, por Mario Rivas on 19 mayo, 2011 at 2:04

por Mario Rivas

Cuando leí por primera vez «El Flaco», de José Pablo Feinmann,  pensé en escribir que era un libro «para el verano». Hubiese sido injusto. Sólo una primera lectura puede dar esa impresión: demasiadas disgresiones, mucho «ombliguismo» del autor  y ¡hasta cortes publicitario tiene este libro!.

Sin embargo «El Flaco» es mucho más que un simple librito para leer de pasada.

Para los que no leyeron el libro les cuento: Feinmann relata en él  los encuentros que tuvo desde 2003 hasta 2006 con Néstor Kirchner. Y uno no puede menos que pensar que fue una lástima que esos encuentros no se prolongaran. También se piensa -yo al menos lo pensé- qué cierto es ese refrán que dice: «Dios le da pan al que no tiene dientes». Ya ni me acuerdo cuál fue el motivo que provocó que esos encuentros se interrumpieran. Y la verdad es que si sucedió en el 2006 se imaginarán que fue un motivo menor, ya reviso el libro y les cuento.

La cuestión del alejamiento entre Feinmann y Kirchner se da a raíz de una nota, de una serie de notas en realidad, que publica JPF. Notas críticas, por supuesto. Aquí está, lo encontré: el tema que sublevó a JPF fue la decisión de Kirchner de disputar el aparato del peronismo. Y JPF saca una nota en Página 12 cuestionando esa decisión del entonces Presidente.

Más allá de la valoración que uno pueda hacer a la distacia de aquella decisión del Pingüino, y que el propio Feinmann -aún en desacuerdo- reconoce como fundamental para la sobrevivencia del proyecto, lo  cierto es que JPF no tenía ninguna necesidad de publicarlas. Feinmann tenía llegada directa a Néstor Kirchner en ese entonces. Feinmann discutió con Kirchner sobre este tema. No sé si me explico: otra cosa hubiese sido si Feinmann no hubiera tenido contacto con Kirchner.

Pero no. El intelectual crítico tiene que mostrar al mundo la enorme valía de su pensamiento y sobre todo demostrar que no tiene ataduras, no vaya a se cosa que se lo recriminen. Ya me imagino a Beatriz Sarlo recriminándole a JPF: «Vos pensás así porque tenés ataduras con el poder». Se muere JPF. Porque lo fundamental para un intelectual crítico es su independencia. ¡No vayan a confundirlo con un intelectual orgánico! ¡Horror!

El propio JPF lo explica así en el libro: «Le dije (a Pepe Nun) que yo no era un intelectual orgánico. Que escribía lo que escribía en el momento en que me parecía correcto. Que nadie me bajaba la línea de: ‘Ahora sí, ahora no'» (pag. 280). Pero unos renglones más abajo aclara que si  Tiffenberg, Soriani o Prim, sus «hermanos de militancia» en Página 12 le hubiesen dicho: «mejor no publiques esta nota», él no lo hacía. O sea que el tema no era que «nadie me baja la línea» de qué o cuándo publicar, sino de confianza. Y se ve que Feinmann no confiaba en Néstor Kirchner. Y eso que tuvo el privilegio de saber con antelación por boca del mismo Kirchner lo que diría en las Naciones Unidas: «Somos hijos de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo». Y eso que supo con antelación que se iba a descolgar el cuadro de Videla. «Y si nadie quiere descolgarlo, lo descuelgo yo mismo» cuenta Feinmann que le dijo Kirchner.  Pero se ve que eso no bastó para generarle confianza.

Se puede decir que Feinmann se lo había avisado, según cuenta en este díalogo:

«-Oime (dice Feinmann que le dijo Néstor), hablando de portarse bien. Yo voy a tener que hacer cosas que no te van a gustar. Ni a  vos ni a los intelectuales que me traigas: La política tiene eso. Es impura.

-Cuando hagas esas cosas yo te voy a criticar. Los intelectuales tenemos eso. Somos puros» fue la respuesta de JPF (pag. 148).

Y vale aclarar que el «Ni a vos ni a los intelectuales que me traigas» tiene que ver con un pedido de Néstor para que JPF le acercara intelectuales con los cuales discutir a a agenda abierta. Ni uno le acercó Feinmann.

En fin. Son tan sirupíticos nuestros intelectuales… y en el caso de los intelectuales de izquierda, además, con pavor a ser considerados como «orgánicos».

Cuando ya la relación estaba fría Néstor le envía un mail a Feinmann y allí, entre otras cosas, le dice: «(…) tenés miedo. Miedo a que te confundan, porque creés que la individualidad te va a preservar. (…) La individualidad te pondrá en el firmamento, pero sólo la construcción colectiva nos reivindicará frente a la historia» (pag. 309).

Y uno no puede dejar de pensar en lo valioso que hubiese sido que la relación entre Kirchner y Feinmann no se hubiese cortado. Y me vienen a la mente tres grandes intelectuales orgánicos de izquierda: Pablo Neruda, Bertolt Brecht y Roque Dalton. O sea, el problema no es la organicidad o la independencia. El problema es el miedo, como bien lo señala Néstor Kirchner en el mail citado.

Pienso también en la larga y fructífera amistad entre Fidel Castro y Gabriel García Márquez. ¿Ha dejado el Gabo de ser un gran intelectual por ello? ¿Ha callado sus críticas a la Revolución Cubana? No y de algunas de ellas nos hemos enterado años después de realizadas… cuando ya la Revolución había rectificado su criterio sobre los temas en cuestión.

En fin. Ya está. Lo que fue, fue.

El gran tema del libro es si se puede hacer política inocentemente. Si se puede hacer política de una manera «pura», no digo sin ética, que hay que propugnar por una política que no renuncie a los principios.

El gran tema del libro es, también, la opción en que se encuentra todo intelectual honesto ante un proceso de cambios. Proceso imperfecto, porque está hecho por hombres y mujeres. La opción es si se vuelve, como dice el propio Feinmann, un «profesional de la insuficiencia»: nada es suficiente; o si colabora desde adentro a que esos cambios se profundicen y alcancen a todos.