Una publicación efímera, como todo

“Todas las cartas de amor son ridículas»

In Opinión, por Analía Lorenzo on 14 febrero, 2012 at 0:31

por Analía Lorenzo (desde México DF)

“Todas las cartas de amor son ridículas. No serían cartas de amor si no fuesen ridículas”, asegura el poeta Fernando Pessoa. Aunque, por más cursis y absurdas que sean no hay corazón enamorado que no las agradezca. La carta de amor es ausencia y deseo, intimidad y pasión. Es algo privado, de a dos, pero que si se publican porque los amantes involucrados son célebres, nos involucran como cómplices indiscretos en la tarea de recuperar el cuerpo ausente del amado a través de la palabra.

Sabines y Chepita

En la historia de los hombres y más precisamente en la vida de los poetas, las cartas de amor han sido una instancia de literatura temperamental pero franca, dos características que señala Carlos Monsiváis al hablar de la correspondencia amorosa de Jaime Sabines a su amada Chepita. “En Chepita –agrega MonsivaisSabines observa la fuente de su pasión amorosa y de su persistencia lírica”. El poeta chiapaneco comenzó a escribir asiduamente cartas a Josefa Rodríguez alrededor de 1947, cuando ambos eran estudiantes: “Y pasas, y siento que el aire se estremece, y todo yo, inmóvil, soy deseo y angustia y necesidad de ti”… “la lluvia me empujó al correo. ¡Está lloviendo a cántaros! Y sobre mi corazón, a cántaros, tú.”. Extractos de la vida, frases que mezclan lo cotidiano con el discurso romántico, con ejercicios de prosa poética. Pero también están presentes el enojo. Y los celos. Y los yerros. “Yo no voy a pelear contigo. Si los amores de lejos son de… el estarse peleando por carta es el summun de la estupidez (…) Simplemente voy a dejarte de escribir”, asegura enfurecido el amante para en menos de una semana comenzar la nueva carta, diciendo: “Ya ves, soy puro hablador: dije que no te escribiría más, y a los cinco días me encaramo sobre el papel y empiezo: mi Chepi linda’” Y el humor ¿por qué no? si se trata de una vida que parece lejana, del amor incompleto por la distancia: “ Sería magnífico que estuvieras aquí. Harías la cena. Yo te miraría moverte de un lado a otro y no te ayudaría en nada”, “No me dan ganas de leer ni escribir (y ya sabes que no sé tejer)”. Así, las cartas se convierten en oportunidad para el poeta de compartir, de aprovechar literariamente su fuente de añoranza, la materia prima de un amor que duraría toda la vida, de anticiparse a través de esos envíos postales al personaje que será en su poesía posterior. En 1953 se casaron en Tuxla Gutierrez y tuvieron cuatro hijos, Julio, Julieta, Judith y Jazmín. La última carta data de un año antes de la boda, aunque hubo otra, diez años después, probablemente a raíz de los celos de Chepita…

Elena y Bioy

Otra relación epistolar muy distinta por circunstancias y naturalezas, fue la de Elena Garro y Adolfo Bioy Casáres. A lo largo de dos décadas –de 1949 a 1969–, el escritor argentino mantuvo una correspondencia amorosa con la escritora mexicana. Se conoce que Garro recibió de Bioy por lo menos noventa y una cartas, trece telegramas y tres tarjetas postales. De las respuestas de Elena no se sabe nada. Ni quien las tiene, ni siquiera si en algún lado están. Bioy siempre evadió responder hasta las preguntas más certeras al respecto y, ciertamente, el legado del argentino no fue a parar a una universidad estadounidense, como fue el caso de Garro. Hasta hace muy pocos años este amor apasionado era relativamente desconocido para el gran público, sin embargo en 1997 la Universidad de Princeton (EUA) abrió los ‘archivos Garro’: cinco cajas de documentos que incluían una frondosa correspondencia con amigos de la talla de Luis Buñuel, Régis Debray, Julio Bracho y, por su puesto, con Bioy. Una de las causas de las incógnitas que rodean a esta pareja es que durante buena parte del tiempo que duró el carteo romántico, ambos eran casados: ella, con el poeta Octavio Paz y él, con la poetisa Silvina Ocampo. Bioy y Elena se conocieron en 1949 en París y poco tiempo después la pareja Garro-Paz se convertiría en el agente literario de Bioy para Europa. Las cartas de Bioy la persiguieron adonde ella fuera: hay envíos a Japón, Suiza, Austria y muchas a México. “Tengo tanta necesidad de ti que si no toleras estos monólogos voy a morir de angustia”, le suplica el argentino en una de las misivas para días después insistir: “Helena adorada: No te asustes de que te quiera tanto”. Poco fue lo que se supo de este amor por boca de Bioy, sin embargo si se refería a ella en público decía que Garro era “una mujer mágica”. Así también en sus cartas, este irredento mujeriego hablaba de su admiración por ella: “Yo no sé si te lo confesé, pero a mí antes me gustaban todas las mujeres (antes=antes de conocerte). Ahora las veo como si un velo se hubiera caído de mis ojos: son tontas, son feas (al cosmos le cuesta producir a una mujer linda) y son otras”. Se pierde la pista de este idilio postal en 1969, un par de años antes de que Elena debiera refugiarse en Francia, en una especie de exilio intelectual al que fue sometida por sus colegas intolerantes a sus frontales opiniones políticas y olvidadizos de sus anteriores méritos.

Goya y Zapater

«Quisiera saber, si tú eres majo, grave, noble o miserable, si te has dejado barba y si tienes todos los dientes, si te ha crecido la nariz, si llevas anteojos, si caminas erguido, si has encanecido en alguna parte y si el tiempo para ti ha pasado como para mí…» Don Francisco de Goya y Lucientes era casado, felizmente casado. Sin embargo, su rostro poético de enloquecida pasión quedó plasmado tanto en su inmortal obra como en sus cartas. Particularmente, en las que escribía a su amigo de la infancia, Martín Zapater. Ciento cuarenta y siete cartas confirman esta amorosa amistad, correspondientes al periodo de 1775 a 1799 (última carta fechada) que coincide con el traslado de residencia a Madrid, por parte del pintor y su esposa Josefa Bayeu, y el fallecimiento de su corresponsal, Martín Zapater, en 1803. El contenido de las cartas no desvela grandes novedades sobre la pintura o el arte de Goya, porque están inscritas en el ambiente cotidiano en el que se movían los dos amigos, destacando el comentario sobre sus aficiones compartidas, fundamentalmente la caza, en la que Goya se declaraba un experto (“19 tiros 18 piezas”), tema que ocupa muchas páginas de esta correspondencia, con ofrecimientos de perros y de escopetas. La música en sus dos vertientes, popular y culta -en donde Goya expresa el deseo de que su amigo asista con él a la ópera-, son comentarios habituales entre ambos que, lógicamente, dejan de tener importancia a partir de 1792, cuando Goya quedó sordo. No se puede hablar de una relación homosexual entre estos dos hombres, sin embargo, en las cartas el cariño con el que Goya se refiere a su amigo, conmueven: «Mío de mi alma, estoy en pie pero tan malo que la cabeza no sé si está en los hombros, sin gana ninguna de comer ni de ninguna cosa. Sólo, sólo tus cartas me gustan y sólo tú, no sé que me sucede, ay de mí que te he perdido y perdido». Sigue la voz preciosa del grabadista que le dice a Zapater: «Ya, ya, ya ni temo a brujas, duendes, fantasmas, valentones gigantes, follones, malandrines, ni ninguna clase de cuerpos temo sino a los humanos, y al tuyo es el que más quiere”. Este diálogo incompleto (no se conocen las cartas escritas por Martin) para muchos historiadores del arte se han convertido en el acertijo biográfico de Goya, en gran medida por su tono homoerótico pero también porque están escritas en clave, en códigos que sólo los amigos comprendían a la perfección y, el tercero –editor o lector de esos textos– necesariamente quedará afuera del diálogo amistoso entre los dos españoles.

Gabriela y Doris

La Premio Nobel de Literatura chilena, Gabriela Mistral, era una gran viajera, su correspondencia por lo tanto, más que prolífica casi infinita. Ella misma, en alguna ocasión, publicó algunos de estos diálogos postales y dio sus motivos: “las incorporo por una loca razón, como son las razones de las mujeres: al cabo, estos Recados llevan el tono más mío, el más frecuente, mi dejo rural en el que he vivido y en el que me voy a morir”. Pero hace pocos meses se publicaron sus cartas de amor, ocultas por más de 50 años. Se dieron a conocer después de la muerte de Doris. La apasionada correspondencia entre la poetisa y su secretaria (y posterior albacea), la estadounidense Doris Dana, abrieron brecha al escándalo, aún hoy muchos quieren negar que la perla preciosa de la literatura chilena haya sido lesbiana. “Tú no me conoces todavía bien, mi amor. Tú ignoras la profundidad de mi vínculo contigo. Dame tiempo, dámelo, para hacerte un poco feliz. Tenme paciencia, espera a ver y a oír lo que tú eres para mí”, le escribió Gabriela en abril de 1949 a esta muchacha 30 años más joven que ella. Las doscientas cincuenta cartas escritas entre 1948 y 1956 estaban dentro de 168 cajas con poemas inéditos, manuscritos, fotografías y otros miles de documentos que fueron donados al Estado chileno por Doris Atkinson, sobrina de Dana, cuando ésta murió en 2006. Dana y Gabriela se conocieron en Estados Unidos en gran medida gracias a Eleanor Roosevelt. La ex primera dama quería que más mujeres participaran en las entonces recién creadas Naciones Unidas, de modo que invitó a Mistral a Nueva York y fue en una de esas recepciones donde estas mujeres empezaron a enamorarse: “Tal vez fue locura muy grande entrar en esta pasión. Cuando examino los primeros hechos, yo sé que la culpa fue enteramente mía”, se responsabiliza Gabriela por esta relación que se fue afianzando con el trabajo en conjunto ya que Dana tradujo al alemán un homenaje de Mistral a Thomas Mann, amigo de ambas. Hacia 1948 le escribió desde Veracruz: “Duerme, querida, cabecita de cobre, ojos de Yin, discreta y fina según el marfil, color de la flor del manzano, duerme. Dios te junte los párpados”, la poeta es generosa en su belleza con la amada y no parece haber límites entre los sonetos y las cartas. Mistral murió en Nueva York en 1957, 12 años después de haber recibido el Nobel. A su lado, estaba su mujer, Dana, “un amor violento de alma y cuerpo”.

Despedida

Un punto crucial en la carta de amor es el final ¿Cuáles son las palabras suficientes de un adiós a medias para el amado? Sabines, consecuente con su afiebrada costumbre de escribir a diario sus cartas para Chepita completas de frases en extremo románticas, optaba por: “Uno es el que te besa y te quiero y te adora”. Bioy, inseguro en su amor, agobiado por las circunstancias que lo separaban de esa mujer mágica y ajena, terminaba: “Te beso, mi amor, te pido perdón por mis necedades.” Gabriela, con su habitual y potente poética, supo rubricar: “Yo me pongo en el viento y en la lluvia tierna, para que estos, viento y lluvia, pueden abrazarte y besarte para mí”. Y Goya, el único que no era escritor porque era un artista imponderable, encontró la clave perfecta que todo amante debería ofrecerle a su amado y cierra: «Menguante, toma lo que no puedo darte».

  1. El Cuchi Leguizamon le supo poner musica a este joya del barba Castilla, y que han dado en llamar Cartas de amor que se queman.

    Ay niña no queda nada
    de todo lo que soñamos
    nuestro amor son estas llamas
    que estan quemando mis manos

    Son como una ala de luto
    volando papel quemado
    las cartas donde lloraba
    este pecho enamorado

    Flor del olvido
    cartas de amor
    el que las quema no sabe
    que enluta su corazon

    Yo no se porque la pena
    por tus ojos se va lejos
    y no se porque los mios
    se van dolidos con ellos

    Cartas de amor que se queman
    flores negras en el viento
    le dejan al que ha querido
    el corazon ceniciento
    l

    Me gusta

No se aceptan insultos de ninguna clase. Si querés dejar tu opinión hacelo con altura y respeto. Gracias.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: