Una publicación efímera, como todo

¿De quién es la ciudad?

In Cultura, Opinión, por Jorge Villegas on 26 abril, 2012 at 23:12

Leemos hoy:

«La pregunta con la que abro este pequeño texto no es casual. Desde hace varias décadas, las ciudades dejaron de pertenecerles a los ciudadanos. Ahora pertenecen a los grupos de élite, léase desarrollistas urbanos, funcionarios de gobiernos de derecha, neoliberales, pequeños y diversos grupos de poder siempre vinculados con el economicismo con la exclusión y los carros de la policía.

Ellos también forman parte de la ciudad y su paisaje. Y nadie más. Nadie más decide nada aquí, en la ciudad de Córdoba. Allá lejos están los tiempos en que hombres de mameluco se apropiaban de la ciudad y desafiaban el poder.

Una muestra de ello es el Patio Olmos. Un shopping emblema del consumismo donde antes había un emblemático colegio. La Escuela Olmos. Ese fue el golpe de knock out.

El neoliberalismo llegó para apropiarse de todos los símbolos de una ciudad. De nuestra ciudad. Ahora quieren ir por el Colegio Alejandro Carbó. También fueron por la cervecería Córdoba. Y por su chimenea. Hubo incluso una propuesta para urbanizar –y sacar del barrio– al Gigante de Alberdi, la cancha de Belgrano. Vienen por todo.

Pero, ¿por qué quitarles los símbolos a una ciudad? Porque en ellos residen los mitos y las verdades de una comunidad. En sus símbolos, están vivas sus leyendas. Su historia. Lo que Claude Lévi-Strauss llama la “cultura viviente”.

Y en este cambio sintomático de vaciar de contenido al ciudadano y convertirlo en un mero consumidor, creamos un ciudadano virtual, capaz de recordar, mientras consume, que donde hubo una cárcel hay un nuevo shopping: el Buen Pastor.

Y debiera ser deber del funcionario de cultura dar a los habitantes de una ciudad los instrumentos para repensar su hábitat, volverla polis, no bosque de ladrillos, no espacio de mero tránsito al trabajo –de casa al trabajo y del trabajo al hogar–, recuperarla en los sentidos que la habitan, la conmueven, la hacen única.

Un cordobés debiera poder atarse los cordones de sus zapatos con los cordones de cualquier esquina de la ciudad, y eso ya no es posible. Los que usan gorras no pueden llegar hasta el Buen Pastor; la ciudad ya no es de ellos: es de los que se parecen entre sí como personas “de bien”. Los consumidores. Elige tu ring tone . Llama ya.

Hubiera sido mejor oír de los nuevos funcionarios un plan de recuperación, puesta en valor, autarquía presupuestaría y capacitación del personal de los centros culturales municipales de Córdoba. No lo hicieron.

Hubiera sido bueno que abrieran el diálogo con hacedores y ciudadanos para empezar a coparticipar el presupuesto de cultura. No lo hicieron. Por el contrario, presentaron el proyecto del Nuevo Teatro Comedia a espaldas de actores y músicos.

Quizá porque temen decir que este será parte del nuevo paradigma de gestión, “la concertación público-privada”. Y, claro, cuando se dice privada no se refieren a los grupos de gestión culturales en los barrios –que los hay–, sino a poderosos empresarios con intereses puramente económicos. Y entonces, si encima esta gestión en sus 100 días de gobierno dejó de realizar eventos que a la comunidad artística le costó años sostener, como Cien Horas de Teatro, la pregunta sería: ¿por qué confiaríamos en “Pancho” Marchiaro?

Una gestión debe ser vista y analizada en el contexto de los hechos de la gestión. Cuando este intendente asumió, quiso sacarse de encima el hospital municipal de Villa El Libertador. La salud es un gasto. Ergo, la cultura también. Entonces aparece este proyecto de fundación: el Instituto Municipal de Cultura.

La Municipalidad está obligada a prestar servicios culturales públicos. ¿Dónde están? Me temo que sea esta fundación la herramienta para desligar al Estado municipal de su deber de atender la cultura y su vínculo con la comunidad.

Pero para ello se debería cambiar el modelo de gestor público. Es necesario terminar con los sabelotodo que deciden en una oficina y con un grupo de adláteres los destinos de una comunidad que los trasciende.

Quizá sea el momento para crecer desde el pie».

(Leer completa la nota de Jorge Villegas haciendo click acá)

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