Una publicación efímera, como todo

Una soberana goleada

In Opinión, por Mario Wainfeld on 26 abril, 2012 at 16:29

Con un respaldo cercano a la unanimidad, el Senado dio media sanción a la declaración de “utilidad pública” de la producción hidrocarburífera y a la expropiación de la mayoría de la petrolera. Mario Wainfeld analiza esta histórica jornada en su nota.

Leemos hoy:

«Dos comunes denominadores deja la sesión maratónica. El primero y mayor: un aval formidable de los integrantes más representativos del sistema democrático a la renacionalización (o a su primer paso, seguramente). El segundo es la advertencia de que en la cancha se verán los pingos, que la movida cobrará volumen si la gestión está a la altura del desafío asumido. Los oficialistas dan por sentado que así será, los opositores subrayaron dudas y hasta sospechas. Como sea, todos se tiraron a la pileta, con sentido nacional y reparador. Ojalá que, andando el tiempo, se corrobore que hay agua (o petróleo) abajo.

(…)

Repsol publicó solicitadas de una página en medios afines a su prédica, ciertamente no en Página/12. No es su primer aporte publicitario en esos espacios, fue un gran anunciante y sponsor. ¿Sonará alguna vez la hora de analizar, en la aldea dominante y concentrada, cuánto pesa la pauta privada en la línea editorial? No es, hasta hoy, asunto que interese a empinados cronistas o editorialistas. Eppur, los pesos o los euros algo muoven. Quién le dice, estimulan voluntades o decepciones: como efecto colateral de un cambio formidable, muchos protagonistas perderán interesantes pitanzas, en el mundo periodístico o en sus arrabales. Tal el caso del ex jefe de Gabinete Alberto Fernández. El hombre es, apenas y nada menos, la punta de un iceberg que abarca ñoquis privados subsidiados, suscripciones a newsletters que nadie lee (pero sí paga) y otras variantes ingeniosas.

(…)

Atrás quedaron los años cercanos en que las corporaciones mediáticas y sus plumas más reconocidas fungían de jefes de campaña de tantos partidos opositores.

(…)

Reconforta un Congreso en el que, sin desistir de chicanas más o menos felices (hasta exigencias de pedidos de perdón por los senadores boina blanca Gerardo Morales y Nito Artaza), los ejes predominantes fueron la soberanía, el rol central del Estado, la rapacidad de las corporaciones. El kirchnerismo, al fin y al cabo, desplazó las coordenadas de la política argentina. ¿Buscarán partidos de larga tradición un espacio en ese nuevo horizonte, recalculando el rumbo? Habrá que ver, ojalá.

(…)

A diez días del anuncio de la Presidenta, ya se desbarataron varias profecías apocalípticas y se instalaron algunas certezas. “El mundo” no se abalanzó sobre la Argentina, que cuenta con muy mayoritarios apoyos regionales, con la interesada ambigüedad de Estados Unidos, con el silencio astuto de China. El Gobierno aceitó contactos con Brasil, su aliado estratégico. La retaliación española parece topar con límites estrechos. El pretenso aislamiento kirchnerista no rige intramuros, el Congreso empezó a demostrarlo ayer.

Las agorerías, siempre sirve hacer memoria, acompañaron también al canje de la deuda externa o al desendeudamiento con el Fondo Monetario Internacional. Son acciones fundacionales que no hundieron al país en el mar, sino mayormente lo contrario.

Las reestatizaciones o cambios de paradigma en el Correo, en AySA, en Aerolíneas, en el sistema de jubilaciones, también azuzaron imaginerías catastróficas. Son hermanas mayores de la recuperación de la soberanía energética: en promedio se las ve creciditas y rozagantes. Como piso, todas funcionan mejor que en la esfera privada. En el caso de la Anses hay mucho más. Solo para empezar: la mejora en la condición de los jubilados, la ampliación de la (usted perdone) caja estatal y el financiamiento de la Asignación Universal por Hijo.

Recuperar YPF es un derecho, ejercido legalmente. Una corrección necesaria de desvaríos del pasado. Conseguir que mejore el abastecimiento y se reduzcan los déficit energéticos y la balanza de pagos, arduos objetivos a cumplir. Con las banderas no basta para conseguir resultados prácticos, que son los que legitiman a los gobiernos. Pero, cuando se las arría, nada deseable puede esperarse. Y es menos interesante vivir la vida».

(Leer completa la nota de Mario Wainfeld haciendo click acá)

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