Una publicación efímera, como todo

Vélez

In Opinión, por Luis Bruschtein on 28 abril, 2012 at 14:50

"Los opinadores mediáticos que sólo quieren ver corrupción y latrocinio en ese proceso no pueden explicar esos datos de la realidad, que demuestran que sobre todo hubo políticas de ciudadanía de alta calidad democrática", plantea Luis Bruschtein en esta nota. (foto Télam)

Leemos hoy:

«El acto de Vélez fue el primero en todos estos nueve años de gobierno kirchnerista cuyo objetivo central no fue una campaña electoral o la defensa de una medida concreta, como la 125 o los actos por derechos humanos. En nueve años, ésta ha sido la primera vez que el propósito principal fue respaldar a Cristina Kirchner. Y tuvo como consecuencia el reconocimiento de un liderazgo por las numerosas agrupaciones convocantes de manera unificada y no dispersa como había sido hasta el viernes.

La expropiación de YPF sumó al tono épico de la concentración, pero no fue el centro, porque el acto había sido convocado como de respaldo a la Presidenta desde antes de que se anunciara la medida.

(…)

El ejercicio histórico que hizo la Presidenta fue certero. Néstor Kirchner era un presidente que había perdido la elección, con apenas el 22 por ciento de los votos, que dependía de una estructura política que no controlaba, que no había podido legitimar su gestión porque Carlos Menem se había retirado de la segunda vuelta. Y además recibía un país destruido desde el punto de vista económico, político y moral. En esas circunstancias, que hubieran paralizado de pánico a la mayoría de los políticos, Néstor Kirchner asumió un mandato “que tenía legalidad, pero al que le faltaba legitimidad”, recordó ayer la oradora. Si se recuerdan la frialdad y el escepticismo con que eran escuchados los candidatos en aquellas elecciones, incluso por sus propios adherentes, el contraste con el entusiasmo de las tribunas de ayer es muy grande. De una tribuna a la otra hay una laboriosa reconstrucción de la política como posible herramienta democrática de transformación de la sociedad.

Los opinadores mediáticos que sólo quieren ver corrupción y latrocinio en ese proceso no pueden explicar esos datos de la realidad, que demuestran que sobre todo hubo políticas de ciudadanía de alta calidad democrática. No se puede explicar el recorrido de ese camino en condiciones tan adversas y desde un punto de partida tan débil y vulnerable sin el desarrollo de políticas de empoderamiento social y construcción de ciudadanía. Kirchner no habría durado ni dos días sin generar esas políticas y no reconocérselo es un acto de mezquindad histórica.

(…)

El jueves había terminado el debate en el Senado y se preparaba el de la Cámara baja. El respaldo que tuvo la expropiación de YPF en el Senado puso otra vez muy en evidencia la cobertura de los grandes medios que, desde el anuncio, había consistido en amplificar las quejas, protestas y amenazas de Repsol, del gobierno conservador español y de cuanto funcionario menor de Estados Unidos o la Unión Europea sugiriera represalias contra Argentina. Esa estrategia editorial repetía la no tan vieja política del neoliberalismo de mostrar escenarios apocalípticos y castigos terribles ante cualquier desobediencia a la lógica de los centros financieros de poder. Sus principales editorialistas y opinadores insistieron en este libreto o mantuvieron la línea de descalificación de funcionarios por la que convierten a la política en una sucesión de hechos policiales. Como en pocos casos anteriores, los políticos en general se desmarcaron de esa ofensiva y plantearon un debate más argumental y más razonable.

Se produce este prodigio que es la manifestación del desencuentro profundo entre los grandes medios con las grandes mayorías, cuando son éstos los que siempre se han relacionado con los públicos masivos. Al mismo tiempo, los opinadores de estos medios se jactan de que esas grandes mayorías viven en una realidad virtual porque no comparten la realidad virtual que ellos representan. Esa dualidad persistente resulta patética porque la evidencia no los favorece y sólo se pueden dirigir a los que ya piensan fanáticamente como ellos.

El acto de Vélez fue una más de esas evidencias porque significó la cristalización o el anuncio oficial de un fenómeno que se viene produciendo desde antes y cuyo significado es que el escenario de la política argentina incorporó un nuevo protagonista en el kirchnerismo como fuerza nacional, popular y progresista. Un protagonista con tradición y mucho peso popular en ese espacio, al que llegó para quedarse».

(Leer completa la nota de Luis Bruschtein haciendo click acá)

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