Una publicación efímera, como todo

Esperando el bondi como un otario

In por Pablo Iván, Postales on 9 mayo, 2012 at 18:08

por Pablo Iván

No es algo nuevo esto de tener un pésimo y costoso servicio de trasporte público en la ciudad; esto de quedar de cara, esperando como un otario, en la parada del bondi. Por supuesto que no.
I.
Rememorando: el miércoles 1 de julio de 1998 el Consejo Deliberante decidió (voto mediante) que el cospel aumentara a 80 centavos, una suma excesiva para la economía del uno a uno en el país. La votación fue reñida y se ganó por mínimo margen (16 a 15), a favor del por entonces bloque radical que tenía la mayoría. 
Tan pareja venía la mano, que a los radicales no les quedó otra que salir a buscar a un par de ediles que no cumplían con sus funciones como corresponde. Eran los casos de una vieja llamada Nélida Perea, que afrontaba problemas de salud y no asistía a las sesiones. Ante el apremio, la vieja se tomó una pepa, se recompuso y milagrosamente fue a votar. Maniobra similar utilizada hoy por el FPV con Carlos Menem; ahí está, cobrando sin jugar, mirándonos desde el banco de suplentes.
Del mismo modo recurrieron a Eduardito Angeloz (hijo del hdp) que no iba a votar hacía meses por estar imputado en el juicio (del que salió inocente junto al corrupto de su padre). Ambos, padre e hijo, se quedaron con un par de departamentos. ¿De Nueva Córdoba? No seas ingenuo, culiau, del mapa de la provincia.
Lo mismo el gordo Kamerath, que destartaló lo poco que quedaba; transó, se quedó con la cometa y hoy tiene más propiedades que el aloe vera.
Nadie va preso.

II.
Me acuerdo del 1° de julio no en sí por el aumento ni por las promesas de siempre de que “se mejorará el servicio”; porque eso lo escuchamos cada año. Sino porque ese miércoles 1° de julio se jugó la primer gran final entre Belgrano y Talleres, Talleres y Belgrano, el superclásico cordobés, por el ascenso a la primera división.
Y mientras el intendente José Martí les pedía perdón a los pobres, justificando el aumento como un mal necesario; los empresarios, que habían logrado al fin el beneficio económico que reclamaban, no tuvieron idea más insensata que no prestar servicio durante el partido. “Para evitar que la gente tome represalias por el aumento y destruya las unidades”, se limitó a declarar el vocero de la FETAP. Así el pueblo, que se sintió enormemente perjudicado por la medida, encima debía pagar los vidrios rotos.
Y para colmo miércoles a la siesta, en pleno horario laboral, era el partido. Y en el Chateau Carreras, estadio que está ubicado lejísimo, en la loma del ocote. En consecuencia, muchos se quedaron sin ir a la cancha y lo escucharon por radio.
Y los que fueron, iban con doble preocupación: a) el temor de jugar una final ante el rival de toda la vida y perder b) saber que a la vuelta, independientemente del resultado, había que caminar un millón de cuadras, como etíopes, para volver a los barrios.

III.
La circunstancia deportiva tampoco ayudaba: los negros eran una bola de nervios, explotaban de estrés. El cuello hecho un nudo, los huevos en la garganta, el escalofrío serpenteando, los músculos contracturados. Tomaban clericó de banana los negros, rogando que les calmara los calambres. Eran Belgrano y Talleres, piratas y matadores, cara a cara, frente a frente. ¡No pudieron pegar el ojo en toda la semana de la alteración que tenían y encima tenían que ir y volver caminando hasta el Chateau!

IV.
El partido fue aburrido, horrible, fiero. Ambos equipos se plantaron como para definirlo en la segunda final, al domingo siguiente. Si bien Belgrano tuvo las mejores chances en el primer tiempo, el 0 a 0 parecía inamovible. Hasta que la Chanchita Albornoz (que sabiendo de la trascendencia deportiva no fue al baile a chupar cubana esa semana), metió un centro hiriente y Cachi Zelaya la empujó a la red. Y así Talleres se llevó la primera ventaja, luego de jugarse los primeros 90 minutos de una instancia para el infarto.

V.
El regreso de miles y miles de guasos hacia sus casas fue lento, en dos patas y en procesión. Una multitud de piernas andando surcó la ciudad, partiéndola a la mitad, unos marchando hacia el norte y otros hacia el sur.
Para los albiazules la cosa no pintaba tan oscura: si bien la distancia era lejana y el estado agotador, acarreaban la premisa de que el cansancio no es solamente físico sino también mental. El pecho inflado y victorioso los soplaba para adelante, los hacía continuar por inercia, les daba un resto. La alegría sin dudas les energizaba el camino. A lo sumo, de cuando en cuando, se detenían a elongar. Volvieron mirando al cielo, pidiéndole al Señor que esa pequeña luz de ventaja les durara hasta el lunes y para siempre.
Para los celestes, el regreso fue más bien como experimentar un deporte extremo: volvieron arrastrándose como babosas, llegando a Alberdi recién como a la tres de la mañana. Con la geta por el suelo volvieron, lamiendo baches, fumando tierra que volaba por el aire. Volvieron tambaleando, abrazándose a los postes, sintiendo correr la angustia desde las zapatillas hasta el gorrito con lanas. Siempre para adelante iban, porque un pirata si no tiene fuerzas las fabrica, pero rendirse jamás. Volvieron mirando al cielo, pidiéndole al Señor que les regale dos goles; y hay quienes entregaban las piernas y hasta la médula por ese bendito par de goles.

VI.
Esta es la pequeña crónica del 1° de julio de 1998, una de las tantas en la que los cordobeses se quedaron a pata. Esta es la historia a la que nos hemos acostumbrado. Es la historia de los que pierden, los ciudadanos, y los que ganan, los empresarios y políticos, que se llenan de plata. Porque la vida es así, como el fútbol; con sus triunfos y sus derrotas.
Ayer, hoy y cada día en que la ciudad se cae y se levanta, los guasos y las brujas regresan a sus hogares con una misma ilusión, sin distinción de color de camiseta. Una ilusión que, entre la baranda a cloacas, y en cada viaje de colectivo sucio se respira: que alguna vez podamos vivir en un lugar más digno a este colapsado, destartalado, manoseado y fundido.

Seguramente hoy volverán mirando al cielo, los guasos y las brujas, pidiéndole al Señor lo mismo de cada rutina: que nos consiga pronto el cospel que devuelva a Córdoba a Primera.

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