Una publicación efímera, como todo

De la vieja «tablita» de Machinea a una escala más progresiva

In Economía, Opinión, por Daniel Sosa on 27 junio, 2012 at 17:54

por Daniel Sosa (vía Télam)

Antes de que Domingo Cavallo y Ricardo López Murphy fueran ministros de Economía de la Alianza, doce años atrás, el titular del Palacio de Hacienda fue José Luis Machinea.

La gestión de Machinea, el primer ministro de Economía de Fernando de la Rúa, hoy ya forma parte de la historia pero los efectos de una de las medidas del funcionario radical, su famosa «tablita», perduraron hasta hace muy poco. Concretamente, hasta 2009.

A aquella tablita aludió la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner en su discurso de ayer, al referirse al impuesto a los altos ingresos (Ganancias, cuarta categoría).

El caso es que Machinea diseñó una modificación del gravamen que se comenzó a aplicar a comienzos de 2000 y que afectó hasta 2008 a los sueldos e ingresos de autónomos de 7.000 pesos o más (después del pago de aporte jubilatorio y obra social).

La Presidenta sostuvo en aquel momento que la “tristemente célebre tablita no fue más que una medida regresiva y equivocada, que castigó a los sectores que más apoyaron al entonces gobierno de la Alianza”.

Aquel extravío del gobierno de Fernando de la Rúa redujo la proporción de los ítems o gastos deducibles (por ejemplo, tener pareja o hijos a cargo, o pagar un servicio de salud) a la hora de calcular cuánto debían tributar los afectados.

La modificación aprobada por el Congreso en 2008 benefició a unos 350 mil trabajadores, cerca de 5% de los registrados, y tuvo un costo fiscal de 2.500 millones de pesos (0,3% del producto bruto de ese año).

Se justificó, entonces, la derogación por su carácter “anticíclico”, para favorecer el consumo en medio de la crisis financiera internacional iniciada en 2008 en Wall Street.

El fin de la tablita ratificó el giro gubernamental frente a la lógica neoliberal vigente hasta comienzos de este siglo.

En su momento, Machinea y De la Rúa, en vez de acentuar una política de demanda, utilizaron manuales ortodoxos de aumento de impuestos, que luego se complementarían con inéditas disminuciones nominales (y fuertemente reales) de los salarios y las jubilaciones, con el peregrino argumento de la necesidad de aumentar la competitividad empresaria.

De este modo se echó leña al fuego al proceso recesivo que venía sufriendo la Argentina desde 1998, tras las devaluaciones de Rusia y de Brasil, que reforzaron la debilidad de la economía debido al corset cambiario de la convertibilidad.

El fin del engendro tributario de Machinea, junto con otras medidas de aliento al consumo y de sostenimiento del empleo, permitieron morigerar el impacto de la crisis mundial en la Argentina y recuperar, a partir de 2010, los elevados niveles de crecimiento.

La caducidad de la tablita, en concreto, implicó un fuerte alivio fiscal de entre 530 y 670 pesos mensuales para trabajadores con sueldos de 7.280 pesos (según fueran solteros o casados); de entre 928 y 1.220 pesos para salarios de 10.500 pesos; y de 1.370 a 1.895 pesos, para sueldos de 15.500.

La enmienda de aquella distorsión se encuadró, por lo demás, en una persistente recuperación de la capacidad recaudatoria del Estado. Lo cual lleva a enmarcar la polémica actual más allá de un reclamo sectorial o corporativo, y en términos de la búsqueda de una mayor progresividad del sistema tributario en general, y del impuesto a las Ganancias de las Personas Físicas, en particular.

Si lo que se busca es equiparar las contribuciones a la capacidad contributiva, la controversia no debería limitarse a la actualización de mínimos y máximos.

Distintos economistas vienen proponiendo, además, reducir la alícuota marginal del primer tramo e incorporar un tramo extra en el nivel superior, con una alícuota superior a la actual para gravar a la cúpula de quienes gozan de los ingresos más elevados (por ejemplo, más de 400 mil pesos anuales, después de aportes).

Esta es una de las iniciativas surgidas del Centro de Investigación en Economía Política y Comunicación (Ciepyc, de la Universidad Nacional de La Plata), e implica disociar la tasa directa, hoy de 35% tanto para las personas físicas como las jurídicas, ya que «no existe ningún fundamento técnico para justificar que estas tasas sean iguales, porque la que rige para las personas físicas es marginal, y la de las sociedades es directa».

Dicho de otro modo, el Centro sugiere que la cuarta categoría de Ganancias pagaría ese máximo -del orden del 40%- por el excedente de dichos salarios, mientras las sociedades pagan 35% directo por sus resultados.

Esta, claro que ésta, no es la única idea. La idea es que pueda servir para profundizar el debate que existe en torno al tema.

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