Una publicación efímera, como todo

El discurso de las cacerolas y la necesidad de una oposición

In Opinión, por Caty Giménez on 17 septiembre, 2012 at 9:00

Movilización del jueves 13 pasado en Bs. As. (foto Télam)

por Caty Giménez

Esta es una nota que debe ser leída hasta el final para que la entiendan,
porque tiene que ver con la marcha del jueves, pero también con lo que
queremos hacer con respecto a esa movilización y nuestro país.

Hay algo claro que no necesitaba de una movilización para ser demostrado y
es que en nuestro país la oposición no existe, se diluyó en discursos y mímicas
de dirigentes de otras épocas o en pesados símbolos colgando de cuellos
que ya no sostienen ideas. Y eso es grave, grave y peligroso, porque a mí
me sigue rondando el pseudo juicio político de Paraguay. La movilización que
fue organizada desde las redes sociales y nada más (y yo creo que fue así,
abono a otras teorías conspirativas pero no a ésta), deja a la vista un inmenso
espacio vacío. Vacío de todo, pero sobre todo fácil de llenar con discursos que
no llevan a ningún lado.

Y aclaro, antes de seguir con el análisis, que yo soy una de las críticas a
las últimas medidas económicas y políticas del gobierno nacional y una de
las más molestas con el discurso del miedo que se pretendió instalar. Soy
una trabajadora del Estado, docente, que piensa muy seriamente en que mi
magro salario no resiste más descuentos y menos aún el del impuesto a las
ganancias. Pero no fui a la movilización porque no me parecía prospectiva
ni proyectiva y porque detesto el monumento al negociado como es el Patio
Olmos.

Con lo primero que se llenó el vació fue con los discursos para desmeritar el
enojo de la gente. Y que tal enojo llevado a tales acciones no es ni popular
ni democrático. ¿Qué es popular? ¿Qué es democrático? ¡Ah! Esto hay que
definirlo muy bien para no pecar de oscuro, abusivo y subversivo. Popular
fue la movilización estatal que fue reprimida por la policía y el choripanero
agachado mientras volaba de todo por su cabeza. Y mucha de esa gente fue
hasta el Patio Olmos. Popular son las marchas contra la minería a cielo abierto,
por Famatina y La Alumbrera. Y mucha de esa gente fue el jueves. Mis amigos
van a la popular de Talleres, Belgrano o Instituto, y muchos de ellos estuvieron
el jueves.

¿Que había gente con caniches? ¿Y? Después de todo, con lo popular que se
ha vuelto esa raza ya no cuestan tanto y cualquiera los tiene. No daba ir con
dogos, me parece. Conozco mucha gente que fue, y no son oligarcas ni gorilas
(qué expresión tan fuera de época y retrógrada), son laburantes.

Ni siquiera clase media somos. Hace muchos años que a la histórica clase
media se la llama pobres estructurales. No pienso en Miami, y tampoco en
Salta, aunque me gustaría, así como pensar en Puerto Madryn o Praga. Pienso
que se me está colando el país por un agujero negro y que la mayoría de
nosotros está viendo el ritmo acelerado con que lo hace.

Una señora que había ido al Patio O! me dijo al otro día que fue por su nieta,
que está estudiando Odontología y que no quiere que se vaya del país. Porque
es su única nieta. Me miró y me dijo, “Es la nieta de una amiga en realidad,
la comparte conmigo desde que nació. La mía sigue desaparecida. ¿Podés
creer que después de todo lo que pasé sigamos en el mismo punto?”. ” «Pero,
le dije, se supone que estuviste con tus enemigos anoche” Y me reí. Y ella
también. Después, como pasando a otra película se le llenaron los ojos de
lágrimas, “Vos y yo sabemos quién es el enemigo y los disfraces que tiene”.

Que un tal Abal Medina salga a decir por qué no hacemos un partido político
los descontentos, no es mala idea. Para nada mala idea. Es la mía desde
hace muchos años. Y la de varios me imagino. Un partido político en el que
los payasos de turno que salen a tocar la pandereta para causar gracia, como
bufones pasados de moda, no tuviesen lugar, por ejemplo. Y que tampoco
tuviesen esos discursos demodèe que adjetivan a los que no pensamos
igual como golpistas, gorilas, fachos y demás. Un partido con más ideas que
ambiciones.

Porque sí es cierto que oposición no hay. La democracia se construye con
oposiciones fuertes y consolidadas. Si no, ya vemos lo que pasa, una versión
del Titanic, la parte del iceberg que se ve es sólo la más pequeña. Nadie sabe
en realidad qué tan grande es hasta que se lo choca.

No quiero chocar más contra moles de hielo, y tampoco que salten algunos a
querer capitalizar el enojo de las gentes llevando agua a sus arcaicos molinos,
tanto como no quiero que me rotulen de golpista cuando me comprometo con
todas y cada una de las realidades concretas que se me cruzan en el camino.

Es tan deplorable decir que este país está lleno de vagos y de negros de
mierda como que las cacerolas eran de una marca o de otra.

Es cierto lo que vi en una foto de Facebook, una cacerola no entra en la
urna, pero tampoco entra un arado y con eso se hace un país, tampoco entra
la netebook, pero están en las escuelas. En la urna no entra mi libro, ni la
cartuchera de mi hijo, ni la verdulería de Julia. Pero sin esas cosas no habría
urna. OJO! Sin cacerolas tampoco hay urnas. No es cuestión de ser tan necios
de decir no, no, no y mirar para otro lado pensando que el país es sólo de los
que piensan igual.

Pero ya se sabe, no hay peor que ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo
que el que no quiere oir.

  1. gracias caty, me has hecho sentir bien, has expresado muchas cosas que no podría haber dicho tan claramente.

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