Una publicación efímera, como todo

La mística de ser Jon Anderson

In Música, Opinión, por Caty Giménez on 7 octubre, 2012 at 14:28

Jon Anderson en la Sala Luz y Fuerza de Córdoba el viernes pasado sorprendió con su voz impecable y un show intimista. (foto Carola Murúa)

por Caty Giménez

Imposible empezar la nota si hacer un muestreo de lo que se vivía antes de
entrar a La Tosco en Luz y Fuerza el viernes 5 de octubre. Un público que
promediaba los cuarenta y tanto, algunos jóvenes que conocen la génesis
del rock británico y algunas pocas mujeres. Porque la mayoría del público era
masculino, de esos que como me dijo uno, vienen siguiendo a Yes desde la
adolescencia.

“Recuerdo cuando estuvieron en Buenos Aires, habíamos ido con unos amigos y estábamos vigilando el hotel donde paraban para seguirlos. Nos habían dicho que saldrían en una camioneta blanca, uno de mis amigos se encargaba del trabajo de “inteligencia”. Así que cuando vimos salir la camioneta blanca la perseguimos hasta llegar al restaurante…¡No eran ellos! Habíamos atrevezado la Capi, siguiendo a la camioneta equivocada”. Anécdota de las tantas que se recogen esa noche.

Inicio de la mística, inicio de las ganas de ver a Jon Anderson, de escucharlo como deuda pendiente de la última presentación de la que estuvo ausente por un problema respiratorio en el 2008. “Los fui a escuchar lo mismo”, me dice un pelilargo tuneado bien heavy, con una vincha que sostiene una melena que le envidio (¡¿cómo hace para tener el pelo así?!) y una campera de cuero que también le envidio. “Yes es Yes aún mutilado”, agrega mientras espera por entrar con una cerveza en la mano.

Es cierto, aún con las mutaciones que ha sufrido, el hálito creador de Yes se
mantiene en cada presentación y con la formación de turno. Ese es el trance
cósmico del que se habla cuando hablamos de rock. Queda fundada la orden,
la hermandad queda sellada en el alma de la música a puro fuego, es la fragua
de un Vulcano que transita las cuevas profundas de la creación. Y el precio del sello del dios cojo es jamás traicionar al rock, o te desvanecerás en el oscuro Hades sin chance de regresar al país de los vivos. ¡Ah! Eso les ha sucedido a muchos, pienso, mientras husmeo entre el público, las caras expectantes.

Claro que lo que vamos a ver es el show de Jon Anderson, con sus nuevas
canciones y ya alejado de Yes. Más allá de que durante toda la noche estarán
pidiendo algunos clásicos de la banda y él complacerá con aquellos que son
neta e indiscutiblemente marca Anderson.

Jon piloteará un espectáculo con el sello de compartir los temas
presentándolos con anécdotas, todas contadas en inglés, obvio. La mitad se
quedará sin entender, aunque no falta el vecino traductor espontáneo. Al cabo del tercer tema el ex Yes comienza a divertirse él también y hace chistes con el imperturbable humor inglés. El del Pingüino que entra al bar no estuvo tan malo (podría haber sido peor), lo contó con ese histrionismo particularmente británico mientras movía las manos dibujando las escenas como para que pudiésemos entenderlo mejor. Me sorprendió esa particular manera de narrar el show acompañado de unas manos que pintaban la película que quería mostrar.

Homenaje a los popes del siglo XX, cuando hace un tema reggae en marcado
tono british, y coreamos con el “One Love” de Marley, cuando habla de la
grabación que hizo junto a Vangelis como Let’s Pretends y cuando cuenta la anécdota de su hermano fans de The Beatles y prolonga un homenaje a John Lennon y se te eriza la piel en la butaca y el vecino de atrás larga un “Puta madre!, estoy acá viendo a un grande cantando de otro grande” , mientras el hijo le traduce lo que dice la letra.

Suenan los temas de su etapa solista, de una calidad musical y compositiva
que no dejan espacio para la discusión. Con Survival and Other Stories,
Anderson demuestra lo que viene cargando en sus mochilas desde la década
del ’70. Y, señoras y señores, el rock progresivo tiene variables ricas desde la
imagen y la metáfora lírica y musical, de modo tal que como se dice por ahí, los ingleses no son lo que más queremos, excepción hecha de sus bandas y de
su música que siguen dando cátedra.

Jon maneja el escenario parado en el mismo lugar, con una puesta minimalista. Con su guitarra, el instrumento de cuatro cuerdas chino, la
presencia de la fusión rock y étnica estará presente en muchos de estos temas
como corolari0 de una experimentación que viene haciendo desde hace
décadas, y el arte irreverente de ser parte de la historia viva. “No, no lo puedo creer!”, dice un hombre a mi lado mientras lo graba llorando, sí llorando y gritando «¡Te quiero Jon!», al más puro estilo adolescente.

Le digo a un fotógrafo que está a mi lado que no se pierda las instantáneas de
esta tribu urbana que permanece escondida gran parte del año y que por eso
no está registrada como tal. La de los rockeros y heavy de más de cuarenta
que disfruta , canta, baila, se acerca lo más que puede a sus ídolos de siempre
con los vinilos setentosos, sus remeras de cuando chicos gastadas y rotas con
las marcas del tiempo indelebles tanto como en las arrugas que tenemos. Y la
mayoría, gran mayoría, masculina. Que grita y delira como los mejores, como
los que saben que Peace and Love puede haber dejado de ser un ideal, que se
lo tragó la puta guerra, que cayó peor que el muro de Berlín, que la mierda se
tragó lo que soñamos ser, pero que estamos dispuestos a reeditarlos con las
mismas o más ganas.

Por eso cuando suena Sharpening The Sword lo que cuenta en el escenario
sobre el tema y cómo es producto de lo que él llama el resto del mundo, pues
fueron temas que sus seguidores le enviaron por internet, nos conmueve a
todos. Jon es la prueba de que todos somos como el ave fénix, que de lo que
se trata es de reiniciarnos desde un punto de quiebre que no es la muerte
súbita aunque te hayan hecho creer que sí. Impecable en su técnica, sabe
cómo conmover y utilizar su voz para dominar un escenario en el que está
mostrando lo que es ser un artista.

Acá es Anderson ciento por ciento, no es Yes y eso también fascina. Al menos a mí me fascina, porque la historia es maravillosa, pero si no aprendiste y no pudiste trascender, de poco te sirvió. Y es en la cancha donde se ven los pingos y Jon es torazo en rodeo ajeno tanto como en el propio. Eso que dice en la letra es para que te quede grabado en el alma “he corrido más rápido de lo que necesito andar”. Y si tuviese que cerrar la nota lo haría con esta frase, pero esto recién empieza y no va a dejar de sorprenderme la locura de este inglés menudito que disfruta de lo que está haciendo sin que le importe nada más.

Sabe que el público le pedirá temas de Yes así que dispara «Starship trooper» para tirar al aire «Give love each day», «And you and I», «Ritual», «I’ve seen all good people», «Roundabout», «Owner of a lonely heart». Absolutamente rock del que sonaba como experimental y progresivo y que les ha dejado más de un mapa a los jóvenes para que sigan hurgando en el botín robado a los dioses.

Podremos sentir la nostalgia de un Jon en Yes, pero lo que nos ha
mostrado esta noche de su valía como artista solista y compositor es
impresionantemente conmovedor. No es fácil reciclarse, no es fácil ser
resiliente . Pero éste es un mundo de caretas y ser protagonista tiene su precio.
Anderson parece haberlos pagado a todos y por eso ahora puede estar en el
extremo del mundo riéndose de sí mismo con esa actitud de duende ingles.

Maneja las cuerdas como pocos, guitarra o ukelele, juega haciéndose
los coros al estilo Yes, propone que lo sigamos en la travesura de repetir
estribillos, propone que lo sigamos en la aventura de descubrir que el rock es
oh, nena! una religión en la que todos somos iniciados e iniciantes.

Y como pasa siempre, cuando tenemos parado ahí, tan cerca a uno de
nuestros ídolos, no queremos que se vaya, vuelve al escenario con “Soon” a
hacer el bis que se le pide a puro grito y emoción.

Se termina la noche de uno de los recitales más conmovedores que he visto no sólo por lo que hubo en el escenario sino por las vivencias cálidas que hubo en el público. Lo demás será como dice Jon Anderson:

Soon, oh soon the light
Pass within and soothe this endless night
And wait here for you
Our reason to be here
]
Soon, oh soon the time

All we move to gain will reach and calm
Our heart is open
Our reason to be here

Long ago, set into rhyme

Soon, oh soon the light
Ours to shape for all time, ours the right
The sun will lead us
Our reason to be here

Soon, oh soon the light
Ours to shape for all time, ours the right
The sun will lead us
Our reason to be here

Que no se apague la luz, es lo que deseamos también nosotros, “nuestro
corazón está abierto”.

(foto Carola Murúa)

(foto Carola Murúa)

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