Una publicación efímera, como todo

I’m so tired

In Educación, Opinión, por Caty Giménez on 18 febrero, 2013 at 9:00

cansada

por Caty Giménez

Cada año el inicio de clases se adelanta para cumplir con los 180 días, establecidos y cada año sabemos que ese inicio viene velado por amenazas de medidas de fuerza, asambleas, debates, discusiones con las que los profesores ya empezamos hastiados.

De las cosas de fondo hace año que no tenemos tiempo de hablar. Por ejemplo, hubiese sido interesante dejar sentadas las bases sobre matrículas y conflictos con las mismas, que señalé en una nota anterior. Pero a pesar de los pedidos, esa discusión prácticamente no está en las escuelas instalada en forma democrática.

Y ése es otro tema que genera malestar y violencia encubierta, las relaciones verticalistas y de decisiones unilaterales con respecto a medidas que hacen al funcionamiento de las escuelas. El modelo autoritario aún no se ha corrido de la mayoría de las escuelas, una por los temores de los directivos a ser sancionados, otra por el temor de los docentes a ser sancionados, y así sigue la cadena.

Cuando temas urticantes como matrícula y disciplina (que nos guste o no, van de la mano) no se acuerdan entre todos los agentes institucionales, termina influyendo en lo pedagógico y en lo didáctico, pero también en lo emocional. Y todos sabemos que cuando empieza a volar el fantasma de las relaciones incómodas, simbólicas y violentas la alternativa es refugiarse en carpetas siquiátricas o licencias a largo plazo. Es decir, no se solucionan, sólo se patean a un costado.

En los últimos años el número de carpetas siquiátricas ha crecido a niveles preocupantes, sin que las causas que las provocan sean analizadas y resueltas de un modo razonable. Una profesora comenta en el pasillo de conocida escuela, “No tengo ganas de enfrentarme a los alumnos”.

La frase es fuerte, pero sincera. Muchos profesores sienten que entrar en algunos cursos implica una batalla en la que las negociaciones brillan por su ausencia. Más allá que como discurso bonito a principio de año se haya hablado de explicitar con los chicos un pacto áulico que garantice por un lado dar las clases en un ambiente de cierto equilibrio y por otro el aprendizaje del que decimos debe ser significativo y transferible, la realidad demuestra que ese pacto es sólo un enunciado.

Porque así como no se acuerdan democráticamente las relaciones y el modo de llevarlas adelante entre directivos y personal, tampoco se hace en el aula.

Esto de refundar la escuela que venimos hablando en las últimas notas tiene que ver con encontrar el modo y los medios de que las relaciones se planteen sin anestesia, con sinceridad, con voluntad de cambio, con conocimiento de lo que se habla.

Conocimiento  a fondo de las disciplinas, de los diseños curriculares, estrategias y metodologías, formatos curriculares, herramientas de evaluación. Pero también reconocer en el otro, en el que tenemos en frente, colegas y chicos, la persona. O como dicen los sabios, las individualidades, los que hacen del otro un ser único.

He aquí uno de los problemas que las escuelas arrastran en su afán de igualar. Objetivo que seguramente fue necesario en el siglo XIX, pero que es, a todas luces,  impensable en pleno siglo XXI, en el que los modelos para armar en serie  sabemos que no funcionan. Un chico que la escuela dejó afuera por distraído o “lento” pudo plantear la Teoría de la Relatividad. Hablamos de diversidad y aún no sabemos muy bien a qué nos referimos porque en nuestro imaginario se relaciona demasiado con “diferente”. Y ese “diferente”, el alien, sigue siendo rechazado , temido y excluido.

Podríamos analizar, por ejemplo, las situaciones de violencia en las escuelas norteamericanas, o las del chico del sur de nuestro país que mató a sus compañeros. Y sería extenso, pero todos sabemos que el estado de alienación mucho tiene que ver con estos estallidos de violencia.

Excluir es peligroso. Pero incluir no es fácil, porque además debe ser una tarea comprometida y profunda. No un parche para salir de situaciones de emergencia que luego se convierten en “para siempre”. Si hablamos de dinamizar los diálogos y llevarlos a terrenos democráticos, algo sigue sin salirnos bien. Hay muchas cosas que todavía nos faltan incorporar para que esta sensación de hartazgo y cansancio se revierta.

Insisto con lo de notas anteriores, hace falta una revisión profunda y comprometida, reflexiva y fundamentada. Seguramente desde lo pedagógico y lo sociológico, pero soy una convencida de que hay que agregar a estas relaciones interactivas varios ingredientes más que contemplen lo emocional no sólo desde la sicología. Que nos permita re conocer y aceptar al otro como diferente. Que la diferencia no es mala ni mata. Lo que enloquece y mata es pretender  meter en un mismo corset a todos.

Y así también para que el cansancio aminore, sería importante tener un debate a fondo y serio de la reforma curricular que se viene implementando, de los planes como el de Jornada Extendida, Plan 14-17 y otros que exigen del docente una capacitación que  hasta ahora  resulta escasa.

No puedo terminar esta nota sin señalar lo obvio. Las discusiones salariales, desgastan, cansan y enojan. Tema que será nota luego de que veamos qué dice el gremio en las Asambleas previstas para esta semana.

  1. Muy bueno tu análisis Caty. Un abrazo

    Me gusta

No se aceptan insultos de ninguna clase. Si querés dejar tu opinión hacelo con altura y respeto. Gracias.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: