Una publicación efímera, como todo

Tumbas sobre la tierra

In Crónicas, por Analía Lorenzo on 21 febrero, 2013 at 9:00

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por Analía Lorenzo (desde México, DF)

21 gramos dicen que pesa el alma. Lo que no se sabe es ni cómo ni por dónde se esparcen. Esos 21 gramos “de algo” son la materia prima de la obra de Teresa Margolles, virtuosa de la muerte, instrumento espiritista de los olvidados, escultora de cadáveres. Con más de 20 años de trabajo, en Europa la veneran y es de los pocos artistas que pueden vanagloriarse de no poseer espectadores indiferentes.

Boca cerrada

Mórbida, revulsiva, escalofriante, el trabajo de Margolles funciona como un agente infeccioso. Es compleja la situación de enfrentamiento que provoca. Lo esnob y glamoroso de la galería ante la brutal realidad de una lengua cortada de un joven punk asesinado.
Margolles era ya una vieja conocida de la morgue en ciudad de México. Su trabajo junto al colectivo SEMEFO, durante la década anterior, la había familiarizado con la rutina forense. La negociación para obtener el fragmento corporal fue con la familia, la madre accedió a donar el miembro a cambio de un ataúd para la sepultura. Así fue como llegó la lengua con piercing metálico de ese desconocido al muro blanco de los museos, a la letra de los catálogos, a la mirada incrédula de los críticos de arte.
Esa lengua ha viajado mucho más que su propietario original, ha sido observada y atendida como jamás nadie miró ni escuchó al hombre que la portaba. Como un médium, Margolles rescató un fragmento de la fosa común para mostrarlo con gala y vino de honor.
Con la obra Lengua (2000) que llegó al Palacio de Bellas Artes -velatorio oficial de celebridades- fue que su carrera individual despegó del bajo fondo para instalarse en el circuito de los artistas más destacados a nivel internacional.
Cuando Walter Benjamín denunció la desaparición del aura de la obra de arte, no tuvo en cuenta el factor Teresa, la imposibilidad ontológica de la reproducción.

Agua que has de beber

La sala está llena de vapor, como en noche densa de neblina. El vapor se impregna en la ropa, la piel, el pelo, las manos, los zapatos. Se queda. El agua con la cual las máquinas vaporizan el lugar proviene de la morgue de México, fue utilizada para limpiar cadáveres. “Después de visitar la galería, la respiración sigue siendo dificultosa, la piel te lo recuerda una y otra vez”, describió Hans Rudolf Reust, crítico de Art Forum.
Reust atina al reconocer que el trabajo de Margolles difiere de la obra de los vieneses Otto Muehl o Hermann Nitsch, quienes sostienen una teatralidad en las acciones mientras que Margolles con Vaporización (2001) “hace que cualquier puesta en escena se desmorone. El agua de los cadáveres cubre los cuerpos de todos los visitantes. Tu cuerpo se ha humedecido. Lo físico y lo mental han sido igualmente afectados”. Se ha alterado mucho más que un nivel de humedad, “los muertos, en su último baño, nos han penetrado y nos persiguen, como el fantasma de Banquo en Macbeth”.
Respecto a Vaporización, el colombiano José Roca sostiene que “a través de una perversa acción poética, el cuerpo muerto devuelve la mirada a quien ya no puede ser propiamente denominado ‘el observador’. Rehúsa violentamente a la representación visual, Margolles inscribe el individuo en el cuerpo político y reemplaza lo visual con lo táctil. Una experiencia sensorial que, tal vez, sea lo más cerca que se puede llegar a estar con el cuerpo muerto”.
La artista, que sepultó un bebé en un bloque de cemento y lo expuso en Londres, Entierro (1999), ya no necesita la presencia física, concreta y brutal del cuerpo. En Vaporización, la resurrección es un hecho.

Ella usó mi cabeza

Lo hizo en Cuba, en Toronto y en Berlín. El primer trabajo consistió en rellenar los huecos de una casa frente a la 7 Bienal de La Habana 2000. En Europa, propuso unos hermosos frescos minimalistas, de reminiscencias japonesas. El material utilizado en todos los casos fue grasa humana.
En París, expuso en la Galerie Souterraine, un espacio público tomado, con la obra Iluminación subterránea (2005). “Grasa humana procedente de México DF sobre focos de luz”, acreditaba la pared lúgubre del pasaje peatonal. Diane Pernet cuelga una foto digital en su blog y pregunta “¿puedes ver la grasa derretida en el piso, debajo de las luces?” El túnel se encuentra detrás del Palais de Tokyo, sobre la calle New York, como galería tiene a los transeúntes como principales espectadores. “Mis amigos y yo –continúa Pernet-, no estamos seguros de qué pensar sobre este trabajo artístico. El show está abierto día y noche. La gente que camina por el pasaje puede no tener idea de lo que están experimentando.”
Niklas Maask llama la atención sobre el carácter de suposición de este tipo de arte. “No se puede demostrar si lo que tenemos ante los ojos es verdaderamente grasa humana. Nunca nadie tuvo absoluta certeza de que las personas sentadas dentro de las cajas, que Santiago Sierra expuso hace dos años en la sala de las Kunst Werke a modo de escultura minimalista a lo Donald Judd, eran de verdad solicitantes de asilo. La creencia en ello guía las sensaciones; el observador no está en el cuadro, la obra de arte tiene lugar en su cabeza”.
Margolles, la alquimista necromante, no hace más que buscar la vida en el estertor infinito y mudo de los muertos, ofrecer entre tanta obra inerte la poética inusual de un último aliento.

Auspicio Macao

  1. bebes en bloque de cemento? Me juego un ovario (total ya esta seco) que esa mujer no pariò. No hay piedad en ese arte.
    y no podrìa deambular comiendo saladitos pequeños y tomando vino blanco helado pensando en una lengua que como la de mi hijo, tiene un piercing. No digo que la maternidad te haga piadosa, solo que esos que cada muerto niño, cada muerto adolescente, te remite a aquellos que como ahora duermen mientras vos estàs insomne.
    Y no estoy afirmando que el arte no incomode, pero ¿acaso no es un arte canalla, vaporizarte con agua de muertos?
    NO me de bola analia, no ando teniendo buenos tiempos.

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  2. Querida Nilda, no soy la artista, no me ofende nada de lo que digas. Me pareció algo muy distinto en el arte y por eso lo comparto. Lo unico que digo es que Teresa no mató a nadie, de hecho le consiguió un velorio y lo rescató de la fosa común… pero bienvenidas todas las opiniones, eso es lo sí que me encanta, abrazo enorme

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  3. otra cosa es que las familias de los muertos en cuestión siempre fueron parte del proceso de arte de Margolles, el tremendo caso del bebé, no creí necesario indicarlo, pero era el bebé de su mejor amiga que creo que no viene al caso indicar nombre.

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  4. ¿y ud que piensa Analìa? Ud. piensa que uno puede poner el cadaver de un hijo en un bloque de cemento para que sea una obra de arte? Ud. soporta esa idea? Somos polvo, vamos al polvo, lo se, lo se. La tierra, el cemento, elementos de la vida ¿pero, es igual? Tengo la intuicion de algo ancestral aunque ajeno -soy mina de ciudad- Es la idea de que volver a la tierra, ser parte de la tierra es, quiza un consuelo.
    palabras, palabras.

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