Una publicación efímera, como todo

Las «TIC» y los profesores en la educación actual

In Educación, Opinión, por Caty Giménez on 20 marzo, 2013 at 9:00

ovejitas

por Caty Giménez

En una escena de lectura aparece Rebelión en la Granja” de G. Orwell.  Los cerdos han tergiversado los Diez Mandamientos a su favor y lo que parecía ser una revolución se  convierte en una mascarada que deja a los demás animales en la más pura indefensión.

¿Cómo puede ser que lo que había contado con la aprobación de la mayoría, de pronto se convierte en imágenes en las que el silencio viene acompañado de la mano del terror? La pregunta recorre el aula de la misma manera que suele recorrer las calles cuando no podemos encontrar una explicación razonable a los cambios de situación. Y la respuesta no tarda en aparecer. “Han tergiversado lo dicho y encima nos hacen creer que estamos equivocados”, dice una alumna. “Uf, eso pasa a cada rato y no hace falta que sea en la URSS de esa época, dice otra, hoy pasa lo mismo”.

Los medios de comunicación han pasado a ser tan cuestionados en el mundo entero que ya nadie cree a pie juntilla lo que dicen. Es más, ha dado lugar a una serie de supercherías que tienen a la duda como madre común. Pero aún así pesan en las decisiones que suelen tomarse a la hora de emitir una opinión o juicio de valor. Aunque muy pocos hacen una lectura tras las líneas de lo que se publica, y se quedan en la comodidad de que sean otros quienes decidan por ellos.

En las escuelas suele pasar lo mismo y las informaciones que van y vienen se tiñen de distintas tonalidades a medida que transcurren los días. Si ayer lo que se dijo  era de un pálido rosa, a la tarde es rojo, y al día siguiente puede ser índigo. Pero eso no es todo, y las crisis se desarrollan en ámbitos que se tornan contaminados y contaminantes deformando como en un teléfono descompuesto lo que seguramente se comentó sin mala intención. Por lo que decir que es un fenómeno exclusivo de la televisión, de la radio, de los programas de chismes o de las peleas mediáticas es minimizar la cuestión.

¿Qué lugar ocupan los medios de comunicación  en las escuelas? ¿Cómo se los utiliza para generar eso que llamamos pensamiento crítico y reflexivo? Si una, como profe, encuentra que aprovechar esas situaciones cotidianas de cuasi mediocridad lleva agua al molino de la literatura, bienvenido sea el cotorreo absurdo. Porque la hora de los culos de Tinelli, bien puede ser el disparador para que una rescate “Sueño de una noche de verano” de Shakespeare, en el que las confusiones y chanzas de Puck, llevan a discusiones y acusaciones en un tono mucho más mordaz y mejor escrito que el guión anodino de los jurados de ese programa de televisión. Y que si quieren un poco de erotismo del bueno lean “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel.

Dentro de los nuevos Diseños Curriculares  de Córdoba en el apartado “Ámbito de la Participación Ciudadana”  se señala lo siguiente “En este ámbito se incluyen aquellos contenidos y aprendizajes vinculados con los saberes y prácticas de los cuales los estudiantes necesitan apropiarse para desarrollar y consolidar capacidades que les permitan ampliar sus posibilidades de participación ciudadana, con actitud informada, crítica y responsable.

En consecuencia, en este eje se nuclear aquellos aprendizajes vinculados con:

–          el desarrollo del juicio crítico ante la información y los diversos mensajes transmitidos por los medios masivos;

–          la construcción de juicios y criterios fundados para la apreciación y comprensión de la complejidad del entorno social en sus vínculos con el lenguaje;

–          la expresión y defensa de la opinión personal, mediante argumentos sólidos, fundados en la toma de conciencia, la investigación y el conocimiento de aquello sobre lo que se opina;

–          la apropiación de la palabra para comunicar ideas, formular propuestas y reclamos, defender derechos.

 (…)

En este ámbito, no es posible soslayar la creciente expansión de las prácticas sociales del lenguaje propias de los entornos virtuales, que han cambiado radicalmente los modos y circuitos de los intercambios comunicativos, han subvertido las tajantes diferencias entre oralidad y escritura, producido transformaciones en las configuraciones discursivas y, consecuentemente, en las modalidades de lectura y escritura. Los aprendizajes del ámbito de participación ciudadana han de orientarse, por un lado, a la apropiación de criterios para construir una actitud reflexiva capaz de advertir las potencialidades y los límites de estas prácticas, sus ventajas y riesgos y, por el otro, a favorecer la construcción de estrategias de interpretación y de producción que permitan a los estudiantes/usuarios aprovechar las oportunidades de participación que tales medios ofrecen.”

Aquí nos encontramos en un verdadero dilema a la hora de apropiarnos y hacer que nuestros alumnos se apropien de las nuevas tecnologías aplicándola a la educación formal y no formal.

Primer mito que hay que derribar es que los alumnos “realmente” manejan las tecnologías y las TIC (Tecnologias de la Informacion y de la Comunicación). Seguramente varios las conocen y las aplican mejor que muchos de los docentes, pero no son la mayoría. En un relevamiento que realizo cada año al inicio del ciclo lectivo sobre quiénes manejan programas de edición de vídeos, películas, y aún del ya deslucido power point, menos de la mitad de un curso de treinta alumnos responden afirmativamente.

Segundo mito y uno de los que más pesan, es que las nuevas tecnologías reemplazarán a las metodologías tradicionales de aprendizaje, por lo que varios docentes tiemblan ante ellas como si estuviesen en presencia de demonios desconocidos. Se me viene a la cabeza los dichos de una profesora de Biología que dice que ella se niega a utilizarlas porque si no se usaron antes y aprendieron qué diferencia habría ahora. Y una le responde, ¿que los chicos piensan de un modo diferente, leen y escriben de un modo diferente? Que no es mejor ni peor que el de años anteriores. Pero es diferente. Pienso, además en lo fascinante que es ver a través de una animación en 3D el ADN.

Leer desde una tablet, e- book, cientos de libros que se pueden descargar, es realmente maravilloso además de económico, pero no van a reemplazar el placer de leer un libro pasando las hojas, mientras uno está recostado al sol del otoño.

Durante cientos de años los hombres hemos demonizado sobre  los cambios que surgieron a lo largo de la historia, pensando que cada uno de ellos podrían acabar con el equilibrio logrado con esfuerzos. Cada cambio implicó una nueva forma de mirar el mundo, romper con paradigmas, instalar un pensamiento que trascendiera los límites de la imaginación y que posibilitara nuevos modelos.

Nada resultó fácil y muchos de los descubrimientos llegaron de la mano de la curiosidad y de la casualidad, de la apertura de saber que no sería fácil convencer a los necios de que la palanca podía funcionar, la penicilina salvaría vidas, la bombita de luz nos daría más horas para leer, los abrojos nos liberarían de coser botones.

Del mismo modo un alumno con los celulares que usan ahora, puede encontrar en unos minutos el significado de “perplejo” sin ir hasta la biblioteca de la escuela a buscar un diccionario. Y otro puede encontrar en la computadora de la biblioteca con total facilidad el ejemplar de La Metamorfosis de Kafka.

Hoy a la mañana uno de los chicos del Garzón Agulla se acercó con su celular en la mano a mostrarme que había descargado “Alicia en el País de las Maravillas” y que la había empezado a leer en su cama. “Tiene razón, profe, es complejo este libro…”

Aprovechar las nuevas tecnologías es favorecer a que muchos de estos chicos no se coman los versitos de los cerditos así sin más. Que sean capaces de pensar por sí mismos y también de manejar con un sentido práctico y eficiente la tecnología que tienen al alcance de la mano.

Me parece que los desafíos que tenemos como docentes es tirar abajo mucho de los mitos que rondan a las TIC y los nuevos lenguajes y tecnologías, romper con los prejuicios que nos han paralizado, analizar nosotros también con sentido crítico los materiales y documentos, así como los diseños curriculares, para poder seleccionar los que realmente podremos aplicar en las aulas. Reconocer que como profesionales de la educación tenemos una responsabilidad que poco tiene que ver con los números que se dibujan a fin de año. Y que no podemos soslayar los tiempos que corren escudados en la parálisis que nos vuelve timoratos porque hay un mundo ahí afuera que ya no es el que conocimos cuando estudiábamos para profes.

Un mundo que se parece cada vez más al de “Un mundo feliz” de Huxley, con las mismas, pero las mismas manipulaciones y las mismas aberraciones. Un sitio donde los “Dr Jekill y Mr Hyde” se turnan para ser nuestros vecinos. O se turnan en nuestros espejos.

Cuando uno camina por los pasillos de las escuelas de ahora se da cuenta de que si no empezamos a ser más coherentes con respecto a acciones y discursos la brecha que abrimos antes nuestros alumnos se transformará en una zanja enorme, difícil de vadear con verdades. Y ahí no habrá forma de volver el tiempo atrás.

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