Una publicación efímera, como todo

La crisis de la escuela es nuestra crisis

In Educación, Opinión, por Caty Giménez on 26 marzo, 2013 at 9:00

ElgritoporAllende_imagendeEduardoGaleano

por Caty Giménez

En la nota anterior hablábamos del uso de las TIC (Tecnologías de la Informacion y de la Comunicación) en las escuelas, uso o desuso, según quienes la aplican o atacan. Y esto trajo a continuación una reflexión  y debate entre colegas  con respecto a qué entendemos por brecha generacional y qué por brecha digital, que son dos cosas diferentes. Pero  ambas van dejando un intersticio por el que se cuelan desalientos, aburrimientos, fracaso escolar, fracaso profesional, entre otras cosas y que hacen de la escuela uno de esos lugares al que tanto estudiantes como docentes van con desgano.

Creo que una de las cosas que debemos ir dejando en claro es que no todos los adolescentes o niños tienen acceso a la internet, sumado a que de esos que la tienen, muy pocos manejan programas informáticos, o pueden navegar fluidamente por la red. Así como muy pocos adultos pueden hacerlo o manejar programas. Hace  muy pocos días fui testigo de la cara de pánico de algunos docentes  cuando en un instituto terciario se les informaba que se pondría  en funcionamiento la plataforma Moodle para Aula Virtual.

Por qué le tememos a las herramientas informáticas en las escuelas es una de las cuestiones a resolver. Otra es si esta herramienta es todo lo que se dice de ella. Una tercera sería asumir que estamos en un momento de cambios y que el temor es lo menos aconsejable, por lo que adquirir y planificar a conciencia nuevas estrategias y tácticas de acercamiento a los chicos es absolutamente imprescindible, nos guste o no.

Para esto tendríamos que limpiar la paja del trigo, sacudir  el mito de la diosa computadora, y actuar, sí actuar. Sabiendo que el show no es tan malo si de lo que se trata es convencer a los adolescentes sobre adquirir conocimientos que por sí solos no podrán encontrar en la red, aunque ellos crean que sí. Más adelante veremos la diferencia entre lo que la red presenta como contenidos educativos, culturales y de conocimiento y aquellos que tienen que ver sólo con la información y el espectáculo.

Esta brecha digital  tiene mucha carga de prejuicios y  se enmaraña con otras que nos permiten justificar sin argumentos serios  el por qué no las queremos usar en las escuelas. Sumado a esto, está indudablemente la diferencia generacional, que presenta a docentes formados en el siglo XX para chicos del XXI, que si bien no son todo lo que dicen los libros, de despiertos y astutos, sí tienen otro modo de leer y escribir, otro modo de hablar y de interactuar, aplican las inteligencias múltiples de un modo admirable, pueden encontrar respuestas en los buscadores con la velocidad del rayo aunque no siempre sean las justas. En una palabra son una generación signada por la ultra rapidez, la inmediatez y la impaciencia, de ahí sus yerros, son los hijos del zapping en todo, de la crítica y de la crisis. Que no estaría mal si fuese sólo la de ellos, pero para su propia desgracia es también la crisis de los adultos  que no hemos superado cuestiones de relaciones humanas, de trascendencia  y que padecemos el mal de la memoria selectiva, por dar sólo algunos  ejemplos. Y que vivimos en un zapping entre la realidad y la virtualidad.

No hay una relación entre la brecha digital y la generacional entre los docentes como muchos creen. De hecho hay docentes de menos de treinta años que no manejan la tecnología, ni  internet. Pero no podemos asustarnos por esto. También hay docentes que luego de recibidos jamás se han actualizado o capacitado, que no han leído nada sobre las nuevas tendencias, o teorías o transformaciones, cambios o lo que debieran haber aprendido sobre las asignaturas que dan. Por lo que menos aún  podemos creer que lo harán con respecto a las nuevas tecnologías y los nuevos lenguajes.

No es una brecha digital la que los separa de los niños o adolescentes que tienen en frente. Es una cuestión mucho más peligrosa y compleja, es la falta de interés por sus profesiones y por actualizarse en un mundo en el que el saber marcará la diferencia entre competente e incompetente, entendiendo la competencia como la posibilidad de establecer transferencias y no quién llega primero a la meta. Y esto viene a cuento para sacar presión y sincerar lo que se dice. Muchas de las diferencias de discursos entre los chicos y los docentes no tiene que ver con lo etario, ni siquiera con lo económico y social, sino con las profundas cuestiones de cómo mirar a la escuela y a la educación. Para los estudiantes es una obligación y una carga, y para la mayoría de los profesores, también.

Quién no ha escuchado a un docente decir que no tiene más ganas de entrar a esa escuela o a ese curso porque no puede manejar a los alumnos. Que los chicos no lo escuchan, que le faltan el respeto, que ya no saben qué “arma” usar para que aprendan, o al menos se queden callados. Pero ¿alguna vez nos hemos puesto a observar qué hacen los chicos frente a las PC, a la TV, Play Station o la pantalla que sea que tienen al frente? Si el programa les interesa, lo más probable es que no se levanten ni para ir al baño. Pero si no les interesa, cualquier excusa será buena para que se vayan a buscar otra cosa con que entretenerse.

En el aula pasa lo mismo. Si el tema les interesa, prestarán atención. Pero ojo, siempre y cuando seamos capaces de hacerlos participar de alguna manera, si no, a los quince minutos (con suerte) estarán bostezando y viendo por la ventana lo que sea que vuele o pase.

Voy con una anécdota de mi propia cosecha y que me enfrentó al dilema del uso de las TIC en la década del ’90. Estaba muy de moda la película La sociedad de los poetas muertos” y de pronto todos queríamos ser el profesor Keating. Claro que había una distancia entre esa escuela privada y la escuela pública en la que yo daba clases; por empezar, mis estudiantes no tenían un libro esperando debajo del pupitre. Pero la práctica de analizar el discurso cinematográfico era apasionante en sí mismo y proponía un desafío.

Al cabo de unas horas, tuve que cambiar las reflexiones que había pensado poner en juego con mis alumnos, porque lo que los chicos estaban analizando de esa película eran las relaciones entre los adultos y los adolescentes y no la literatura en sí misma. Ahí había equivocado yo el rumbo y los objetivos, apresurada por utilizar un recurso audiovisual en un momento de la historia de nuestro país y de la educación en el que la transformación apuntaba a lo comunicacional en todos los órdenes. Apoyarse en el enfoque comunicacional nos traería a los profes la posibilidad de llegar mejor a los estudiantes y con eficacia y buenos resultados. Sólo que no estábamos capacitados para aplicar este modelo y que, como se entendió años después, tampoco era la panacea para resolver los conflictos entre la escuela  y el docente mediador. Sobre todo porque no teníamos muy en claro entre qué y quiénes teníamos que mediar. Aún hoy, hay muchos docentes que siguen perdidos en el laberinto de las “palabrotas” que surgen de la pedagogía.

Yo aprendí que no se trata de poner a los chicos a ver una película, ni siquiera a analizar un libro de literatura si no sé  el  para qué. No hay recurso  de las TIC que pueda resolver esta cuestión por sí mismo. Pero sé que los puedo utilizar con excelentes resultados  porque son una herramienta que me permite transitar con ductilidad muchísimos de los laberintos de la literatura y mantener cierta coherencia entre el modo, es decir el cómo y el qué, más allá de las reformas curriculares y todas las otras que salen de los escritorios de los “iluminados” que hacen años que no están en un aula con cuarenta adolescentes o cuarenta niños y que no saben que Ábrete Sésamo es mucho más que una frase hecha. Ábrete Sésamo es la llave que, los que somos profes de alma, usamos para abrir seseras y todos los universos todos.

Pero…y siempre hay un pero, otra de las cosas que me pasaban y me pasan en el aula era la clara conciencia de que lo que tengo al frente es un público cautivo, cautivo por un año, que va a estar escuchando mi voz y mis discursos ataditos a esa silla sin otras opciones, porque la escuela argentina aún no les da otras opciones. Y eso ya es terrible, para ellos y para mí.

Volvemos a lo de unos párrafos más arriba. No se trata de que me convierta en la showwoman del año, ni siquiera que haga un recorte curricular porque se duermen con el Martín Fierro. Pero ¿qué tal si pruebo otro modo de llegar a ellos sin que el gaucho sotreta les parezca un personaje desdibujado?. Podríamos no sólo utilizar la tan mentada intertextualidad, puedo hacer un corte para pasar unos fragmentos de la película, utilizar canciones, maquetas, hacerles ver desde diferentes perspectivas, con diversas miradas algo que va más allá de la lectura de un maravilloso clásico de la literatura nacional. Puedo resucitar a un hombre que seguramente se le parecerá mucho al padre de alguno de ellos.

Estrategias, tácticas, armas, palabras que llegan con eco a batallas. Que están instaladas en la escuela desde hace muchísimos años y que a pesar de ellas, en esta guerra vamos perdiendo. O lo que es peor, van perdiendo por goleada los chicos. Porque nosotros nos jubilamos o colgamos los guantes o decimos que ni vale la pena darle clase a estos…(llenen ustedes los puntos suspensivos). Pero las generaciones que estamos dejando desnudas de arquetipos, paradigmas  y modelos, son nuestra responsabilidad.

Aun así no tengo todas las respuestas, pero las voy ensayando. Pongo en juego diferentes formatos para diferentes chicos y diferentes escuelas. Poco me importa, debo reconocerlo, ventaja que dan los años y sobre todo porque como digo siempre, los directivos pasan (y cada vez con menos gloria) y los docentes quedamos.  Poco me importa, los papeles que dicen tengo que llenar para justificar por qué doy o no doy un tema. Muy sin cuidado me tiene el formulario que dormirá en un cajón del ministerio sobre el “diagnóstico” a un mes de iniciadas las clases, cuando todos sabemos lo que los chicos no saben. A mí me interesa mucho más hurgar en los por qué, y en los cómo voy a saltar esas zanjas que nos separan del saber. Acompañarlo en cruzar el laberinto, volar sin que se nos derritan las alas como a Ícaro, llegar al Hades y salir transformados en nuestros propios artesanos. Encontrar herramientas que les sean útiles un gran tiempo y que no respondan sólo a las coyunturas del momento.

La crisis de la escuela es nuestra crisis, la escuela de hoy en día poco tiene que ver con la de mi infancia en cuanto a saberes, pero sigue provocando lo mismo que me provocaba a mí sentada en mi banco de tercer grado en adelante. ABURRIMIENTO y TEMOR. Me aburría con las repeticiones sin sentido del ciclo del agua, por ejemplo y tenía terror de las amenazas con que algunos maestros pretendían imponer  respeto, orden y disciplina.

Hoy los chicos escuchan casi las mismas amenazas. Y desde este lado del escritorio, muchos docentes las escuchan  también de sus directivos. Algo que indudablemente tendrá que cambiar, como también los concursos directivos y el tiempo en que los directores y vicedirectores debieran estar al frente de una escuela. Porque si son buenos, no hay problemas. Pero qué dolor agudo en el pupitre tener que soportar hasta que se jubile al que no es tan bueno.

  1. Excelente post, aporta mucho a la reflexión y a la práctica por una educación mejor.
    Coincido, que claramente la escuela no es una institución que anda por ahí suelta, sino que está inmersa en la sociedad capitalista. Y como esta sociedad está en crisis debido a las enormes contradicciones del capitalismo, la escuela no puede sino más que estar en crisis también. Una crisis estructural. Donde hacen falta creo yo múltiples cambios y avances. Los sueldos, los programas, infraestructura, capacitación, por nombrar algunos.
    Interesante también el tema de la autoridad en la escuela. Creo que es un gran tema a desarrollar para reflexionar. Muchas veces se ve a maestr@s desbordados por l@s alumn@s y caen en el camino fácil creo yo del autoritarismo. O quizá del libertinaje. El punto medio, escasea. Lo veo como algo muy complejo para abordar el tema de la autoridad. Deriva de la legitimidad creo, pero también de las herramientas de que disponga el o la docente.
    Quizá puedas comentar algo más sobre la autoridad, o ampliar, me interesa y mis conocimientos del tema son escasos. Gracias!
    Saludos,
    Pedro.

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    • Muchísimas gracias, Pedro! Seguiremos con más notas sobre el tema Educación-Escuela. Sobre todo, aquellos que nos atraviesan y nos dejan cuasi paralizados. Considero como vos que tenemos que empezar a hacernos cargo ya sea dentro del aula, como docentes o desde afuera, como ciudadanos. Porque un país de pobres de mente es un país pobre en todo lo demás.

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