Una publicación efímera, como todo

Inundaciones, demonización y ¿después?

In Opinión, por Jorge Felippa on 8 abril, 2013 at 19:03
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Jóvenes de La Cámpora y otras organizaciones políticas organizando la ayuda solidaria a los damnificados por las recientes inundaciones en Buenos Aires. (foto Télam)

por Jorge Felippa

Ante los imponderables de la historia, llámense azar, accidentes, catástrofes, los seres humanos mostramos las grandezas y miserias de las que somos capaces. ¿Cómo no hablar de las inundaciones que sumergieron a miles argentinos que viven en Buenos Aires y La Plata, y los pusieron en manos de la solidaridad generosa de otros argentinos para salvar la vida y unos pocos bienes rescatables?

No quiero hablar en estas líneas de las responsabilidades políticas de las autoridades de los respectivos municipios. Están analizadas, puestas al desnudo o encubiertas, en las páginas y sitios web de todos los diarios. Lo menos que puede afirmarse es que, para ciertos medios monopólicos, como lo afirma Horacio Verbitsky,  la deontología profesional se reduce a la añeja consigna de no permitir nunca que la realidad arruine una buena nota”.

Quiero hablar sí, en estas circunstancias aciagas, del rol casi decisivo que tuvieron a la hora de poner el hombro, los jóvenes organizados, ya sea partidariamente, en ongs, en nucleamientos religiosos o barriales. Y quiero remarcarlo, porque asistimos desde hace largos meses, una vez más en la historia de los argentinos, a la “demonización” de la juventud que, a diferencia de los nefastos años ´90 y hasta la llegada de Néstor Kirchner al gobierno, sólo era carne de consumo superficial y ególatra.

Antes de las inundaciones, leí y compartí una nota escrita por Hernán Brienza en Tiempo Argentino, titulada Isaac o la juventud maravillosa. Apenas leída, escribí que ojalá no fuera premonitoria. Dice Brienza: “De un tiempo a esta parte al proceso de estigmatización del Otro se le ha sumado la barbarización de las juventudes políticas. Periodistas de los principales diarios macristas –como Clarín y La Nación–, también en radios macristas como Mitre –sugerente coherencia nominativa e histórica–, políticos «palabricidas» han emprendido una campaña instalada para volver a criminalizar a una nueva generación Isaac: Son los pibes de La Cámpora y, en menor medida, de otras agrupaciones juveniles como el Evita, los Descamisados, Vatayón Militante, Peronismo Militante, etcétera.

Por alguna razón bíblica, la madre de todos los Abrahames es Elisa Carrió, quien, cual Morgana del siglo XXI, no tiene empacho en producir cualquier tipo de acusaciones agresivas sobre los militantes juveniles”.

Parece que todo tiempo de cambio en la cultura política, genera un fuerte rechazo entre lo viejo y lo nuevo, entre lo que se niega a morir y lo que está naciendo y madurando. Así lo padecimos en los años ’60 y ’70. Vestirse de una determinada manera, usar pelo largo y barba, era entonces el equivalente a “la portación de rostro” de estos días, por el cual centenares de jóvenes son detenidos arbitrariamente en virtud de un “código de faltas”, que implanta después de 37 años de democracia, las políticas represivas, autoritarias y desaparecedoras de la dictadura militar. Gobernador De la Sota: ¿Qué pasó con Facundo Rivera Alegre, “el Rubio del Pasaje”?

Ahora, en medio de la tragedia que vivieron porteños y platenses, mientras todavía no se había puesto en marcha la maquinaria estatal con la ayuda imprescindible de víveres, colchones, alimentos, vacunas, etc; fueron los jóvenes de todas las agrupaciones políticas los que se arremangaron y empezaron a organizar la abrumadora solidaridad que se empezaba a recibir, o a conseguirla por sus propios medios.

Los pibes, ¡carajo! Ellos pusieron la energía, la voluntad y la organización, esa palabra tan denostada por los medios hegemónicos. Los mismos que reciben en sus programas radiales y televisivos a esos dirigentes opositores que dictan cátedras sobre lo mal que está el país. ¿Alguno los vio meterse en el barro en estos días a esos señores, dar la cara como lo hizo la Presidente, atreverse a dar un abrazo pero también a recibir puteadas en medio de tanta devastación?

No tienen “huevos”. Su cultura política tiene los límites de un set televisivo y su discurso la profundidad de un titular de diario o del zócalo de un noticiero. Son esos agoreros y pitonisas, los que ya salieron a pegarles a los militantes barriales y políticos, por el “modo” en que organizaron la ayuda, ya sea estatal o ciudadana. En vez de resaltar lo positivo de que haya jóvenes con vocación política, de involucrarse en el destino de los otros, los atacan y difaman. Sin el conocimiento territorial que sólo brinda la militancia cotidiana, ¿cómo se hubiera podido canalizar y priorizar la ayuda hacia las urgencias de los más desposeídos? ¿O de aquellos sectores que jamás imaginaron ver cómo sus hogares y pertenencias eran devorados por las aguas?

Escribió Hernán Brienza: “La mayoría de las acusaciones que se hacen contra las juventudes políticas son falsas de falsedad absoluta. Golpean allí porque saben que el trasvasamiento generacional es, de alguna manera, la garantía de la continuidad del Proyecto Nacional, Popular y Democrático”.

Lo que alarma es cómo numerosos sectores de las capas medias, educadas y bien pensantes, por no compartir la política de un gobierno elegido mayoritariamente en las urnas, repiten estos infundios propalados por los medios hegemónicos. ¿No comprenden que por acción u omisión, están echando leña a la hoguera propiciatoria de una nueva caza de brujas? “Piensen que pueden estar sembrando el futuro de posibles nuevos desaparecidos. Barbarizar al enemigo, demonizarlo es el primer paso de su deshumanización. Y quienes colocan a sus adversarios en ese lugar, ya están en el umbral de perpetrar una masacre”, advierte Brienza.

Sólo la organización vence al tiempo, sentenció Perón. Sus enemigos lo sabían y  los demonizadores de hoy, también. Los miles de jóvenes que pusieron sus brazos solidarios para que otros argentinos salvaran “sus vidas y sus ropas”, quieren y merecen otra patria más justa que la heredada de sus mayores. Que así sea.

  1. alguna vez escribí sobre el concepto del pionero del psicoanalisis argento,Arnaldo Rascovski, «filicidio». Asi como un pilar de tal teoría es «la muerte del padre» (tener que superar al padre para lograr la propia identidad y hacer el propio proyecto, y que tanto se utilizó para explicar lo que le pasó al peronismo tras la muerte del Padre Peròn), Rascovsky mostraba un uso universal de tendencias donde las sociedades sacrifican -mandan a la guerra, denostan, invalidan- a sus jóvenes.
    Los que mueren, digamos, son los hijos.
    ¿ será tal vez la hostilidad mezquina de entender que para el que envejece no habrá segunda oportunidad?
    Sin embargo el que injuria a los jóvenes, hace una doble injuria (esto no es rascovsky, es lo que pienso yo) Injuria al semejante y también a la única oportunidad que le queda cuando se vaya, los que vienen atrás.
    Sobre nuestros errores,y también sobre nuestros aciertos los jóvenes construirán el futuro. Como decía el compañero Dalton;

    Uno se va a morir,
    mañana,
    un año,
    un mes sin pétalos dormidos;
    disperso va a quedar bajo la tierra
    y vendrán nuevos hombres
    pidiendo panoramas.

    Preguntarán qué fuimos,
    quienes con llamas puras les antecedieron,
    a quienes maldecir con el recuerdo.

    Bien.
    Eso hacemos:
    custodiamos para ellos el tiempo que nos toca.

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