Una publicación efímera, como todo

Escribir en los tiempos de la globalización es todo un desafío, ni hablemos de leer

In Educación, Opinión, por Caty Giménez on 23 abril, 2013 at 9:00

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por Caty Giménez

Si hay una frase  que se reproduce en cada escuela y en cada profesor es esa que los chicos no saben leer, ni escribir. Desde una defensa a ultranza de los adolescentes siempre termino corriéndome de ese axioma demoledor y respondo que no es tan así, que sólo leen y escriben diferente. De hecho yo leo y escribo bastante diferente al resto de los adultos y debo reconocer que sentarme a escribir notas, artículos y otras yerbas me cuesta un poco. Porque me he acostumbrado a la escritura fonética y hasta reduccionista de los chats y de los teléfonos celulares. Escribir en los tiempos de la globalización es todo un desafío. Ni hablemos de leer.

Como lo decía Michel Petit, leer y escribir son actos casi simultáneos. Un buen lector es aquel que va reescribiendo lo que lee, desde una subjetivación que conlleva la interpretación, transferencias, las discusiones o acuerdos con el autor, las representaciones que pone en juego, la pasada fílmica como yo le digo, es decir ponerle voces y cuerpos a los personajes, entra tantas otras acciones que hace que la lectura sea activa y no pasiva. Y es tal vez esta forma de leer la que se fue perdiendo en las últimas décadas, digamos desde la reforma propuesta por la Ley Federal en adelante, que instaló el enfoque comunicacional con el coste de pérdida de la enseñanza de la literatura. Enfoque que si bien aportaba paradigmas más que interesantes para trabajar, necesitaba de un conocimiento profundo de psicolingüística, semiología y semiótica que la mayoría de las maestras y profesoras no manejaban bien, obviamente.

La  lectura de literatura pasó a ser una cuestión apenas esbozada en los manuales y cursos de capacitación, que ponían el acento en las diferentes tipologías textuales, la macro y superestructura de las mismas, pretendiendo de  este modo que el chico pudiese comunicar en forma correcta sus opiniones, lo que había estudiado, o lo que acontecía. Tuvimos así una serie de actividades que proponían que se escribiesen crónicas periodísticas según la pirámide invertida, la pirámide no invertida, las preguntas claves, según lo que ese día el diario o los noticieros rescataban como sucesos de interés.  Menudos problemas teníamos los profesores en seleccionar de los periódicos noticias o crónicas que reflejasen fielmente lo que los manuales decían, debían tener estos textos.

Ni qué hablar si teníamos que encontrar, en los manuales de esas mismas editoriales que proponían en los de Lengua las actividades de chicos escritores, un texto que cumpliese con la macro, la super y todos los chiches que debía tener uno expositivo, uno argumentativo, uno prescriptivo, uno publicitario, uno…Agotados los recursos, en más de una ocasión nos tuvimos que poner a hacer un collage para poder tener uno con cada ejemplo. Y hasta el día de hoy me pregunto, ¿cómo iban a hacer mis alumnos para escribir un discurso político o un texto de opinión, si muchos de los que tienen que hacerlo pagan a profesionales para que lo hagan?. Lo que era más cruel aún, y todavía sobrevive en algunas escuelas, era pedirles en instancias de examen que los chicos escribiesen una crónica periodística con el acontecimiento sobresaliente de la jornada, o un texto argumentativo sobre el abuso infantil, la violencia de género, por ejemplo. Todo eso, más análisis sintáctico de oraciones sueltas sacadas de un libro, más conjugaciones de verbos, más clasificación semántica de palabras. Todo en una hora.

En ese contexto de enseñanza de la Lengua, la literatura prácticamente brilló por su ausencia y los libros y aulas se plagaron de ejercicios de circuitos comunicacionales (actualmente y aunque el Diseño Curricular de Lengua y Literatura es bien claro al respecto, esto se sigue enseñando así, sin reflexiones profundas,  en las escuelas de Córdoba). Circuito que sólo se analizaba desde la superficie, porque otro hubiese sido el cantar si hubiésemos aprovechado y les hubiésemos enseñado desde ahí a mirar más allá del texto, a leer desde el contexto, a leer, como luego y por suerte corrigió Cassany, leer tras las líneas.

Esa mirada de curiosidad e ingenuidad que debe tener todo lector que aborda un texto, como quien va buscando el cáliz sagrado o la fuente de la eterna juventud, o los monstruos en los placares y en el alma del hombre. Y la LITERATURA, así con mayúscula, es ideal para enseñarles a los chicos a mirar más allá de lo que está escrito. Claro que fue mucho más fácil y aún lo es, seguir con el diario mal escrito y con algunos textos sobre las tortugas gigantes que ponerse a desentrañar Un mundo feliz de Huxley, por ejemplo. Por suerte, la mayoría de los profes de Lengua concuerdan en que la vuelta de tuerca y la recuperación del espacio de lectura de literatura es un buen paso.

Ojo, no digo que no lean el diario en la hora de Lengua, pero es imprescindible hacer una buena selección de textos literarios que la mayoría de los manuales no hace. Eso nos corresponde a nosotros, los profesores. Y para eso tenemos que empezar por ser lectores, asignatura que tenemos pendiente con excusas varias. Mal podemos enseñar aquello que no sabemos. En mi derrotero por varias escuelas en  años anteriores pude ver el desconocimiento sobre los autores de las dos últimas décadas de muchos de mis colegas, o de autores no convencionales, autores polémicos y transgresores, esos que uno sabe que no son políticamente correctos, pero que nos atrapan de un modo singular y que también van a atrapar a los chicos. Y no hablo de literatura vacía de contenidos pero comercial. No, de esa no hablo porque considero que habiendo tanto bueno y barato, no les haría gastar dinero en textos que algunas editoriales ponen en diferentes colores según la edad y según un criterio de selección demasiado utilitario para mi gusto. Que para hablar de anorexia hay libros especializados y crónicas que ayudan a reflexionar sobre el tema. Prefiero que los chicos lean Yerma y vean lo que pasa cuando una mujer se pierde presionada por cumplir con los mandatos y la imagen.

¿Por qué los chicos no leen o leen mal? ¿Por qué la lectura pasó a ser un desafío y una deuda en las escuelas? ¿Por qué, a pesar de diferentes dispositivos, cuesta instalar la lectura de literatura? Muchas son las respuestas a estas preguntas. Algunas de ellas tienen que ver con políticas educativas que vaciaron de contenidos a los programas que se debían dictar, otras a una formación profesional recortada y pobre en cuanto a las Literaturas en sí (llámense Argentina, Latinoamericana, Clásica y Europea).

Proponer variantes y variables en las lecturas que ofrecemos a los chicos en el aula es un desafío que ya no podemos eludir. Y para esto tendríamos que ir revisando algunos criterios según los cuales podemos seleccionar los libros, escapando de los modelos impuestos, de los colores por edad de las editoriales y de nuestros propios prejuicios. Leamos lo siguiente:

“Creo que cada vez más, los libros para niños derrumban ese dique de contención que los adultos luchamos por mantener incólume, bajo el preconcepto de que los niños son inocentes y de que se debe imponer una censura que los proteja de ciertos temas y los mantenga alejados de usos del lenguaje que consideramos impropios. (…)

            Realmente una parte de los libros para niños que se producen, y aquellos que los niños quieren leer, son libros poco complacientes, son libros que hablan de temas difíciles y ubican al lector en medio de situaciones controversiales. Con seguridad podemos afirmar que ya no existen temas tabú. Que esa distinción forma parte de un pasado teórico reciente, prácticamente todos los temas han sido tocados en diferentes versiones en los libros para niños, incluso aquellos que parecieran más restringidos como el secuestro, el odio racial, el matrimonio interétnico y la depresión.(…)¿Cuándo hablamos de perturbación nos referimos a lo que perturba a los niños o lo que perturba a los adultos? es un asunto de recepción…” Fanuel Díaz, Libros perturbadores: una categoría a la sombra.

En los años que tuve el placer de trabajar en el Plan Provincial de Lectura pude comprobar algunas cosas y aprender muchas otras. Una fue que no hay desafíos que los chicos no sean capaces de enfrentar y aceptar, más allá de una resistencia casi innata y defensiva, aprendida tras largas horas de aburrimiento. Otra, que las propuestas diferentes y a veces desprejuiciadas contaban con el entusiasta apoyo de los docentes que también estaban aburridos de leer siempre lo mismo. Una tercera, tenía que ver con que tener un espacio y un tiempo para reflexionar sobre qué se lee, cómo, por qué y para qué, era una necesidad, una demanda que no siempre se tiene en cuenta en las escuelas.

Esta cita sintetiza un poco aquello de lo que hablamos cuando hablamos de cómo y por qué la lectura de literatura

“Otra implicación es la complejidad del aprendizaje de la cultura escrita y la relación entre el contexto social para el uso de la lectura y escritura y la apropiación de la cultura escrita. Aprendemos el lenguaje que nos rodea, incluido el lenguaje escrito y sus usos. Por esta razón, aprender a leer y escribir es también una cuestión de conexión humana. Depende de la interacción con otros lectores y escritores; nuestro conocimiento acerca de los usos múltiples del lenguaje escrito surge de las oportunidades que tengamos para participar en eventos comunicativos en los cuales se usa la cultura escrita. Además, las prácticas de lectura y escritura siempre ocurren en un contexto de relaciones sociales que, al mismo tiempo, permean las maneras en que leemos, escribimos y formamos parte de estas prácticas. Para concretar estos conceptos los creadores de políticas y los educadores tendrán que ir cambiando su enfoque del aprendiz individual y del dominio de capacidades, hacia la construcción de una interacción social significante orientada al apoyo del aprendizaje”  Kalman, R. . Discusiones conceptuales en el campo de la cultura escrita.

Leer literatura en las escuelas no sólo es abrirle a los chicos los mundos posibles de los que hablaba Graciela Montes. Es darle la oportunidad de que aprendan a leer más allá de lo que el texto dice porque además en su vida cotidiana los actos de lectura realmente trascendentales son los que dicen más de lo que las apariencias muestran. Un chico capaz de leer “tras las líneas” Alicia en el País de las Maravillas, está poniendo en juego estructuras lógicas de pensamiento, estructuras complejas, que le facilitarán cualquier otra lectura, aun la de textos científicos. Por lo tanto estamos formando no sólo lectores competentes y críticos sino ciudadanos competentes y críticos.

Los chicos no leen ni escriben. Muchos docentes tampoco lo hacen, y eso es más difícil de revertir a pesar de algunas capacitaciones que se implementan. Le podemos echar la culpa a las computadoras, a la televisión, a los juegos on line. Podemos decir que la economía nos ha llevado a una situación alarmante en la que lo social y cultural se  ha borrado en aras de lo utilitario. Podemos decir que hay una crisis profunda en las instituciones y que la escuela no es un caso aislado. Lo que de todo modo no nos exonera en lo más mínimo porque después somos los que salimos a decir que los chicos son un caso perdido.

Me gusta esta idea de Jorge Larrosa, me gusta Larrosa porque me pone siempre en un brete, me cuestiona y me sacude desde las entrañas. Y la propuesta es empezar a jugar, algo de lo que no me olvido y es el eje de estas notas. Una escuela que abra el juego, a los profesores y a los estudiantes.

“Creo que tenemos que mejorar nuestros saberes y nuestras técnicas y creo también que tenemos que mantener permanentemente la crítica, que seguimos necesitando investigadores honestos y críticos honestos, que tenemos que seguir pronunciando el lenguaje del saber y el lenguaje de la crítica. Pero, independientemente de eso, al mismo tiempo, tengo la impresión de que tanto los positivistas como los críticos ya han dicho lo que tenían que decir y ya han pensado lo que tenían que pensar, aunque siga siendo importante seguir hablando, seguir pensando y seguir haciendo cosas en las líneas que ellos han abierto.(…).

En ese marco, tengo la impresión de que la palabra experiencia o, mejor aún, el par experiencia/ sentido, permite pensar la educación desde otro punto de vista, de otra manera. Ni mejor ni peor, de otra manera. Tal vez llamando la atención sobre aspectos que otras palabras no permiten pensar, no permiten decir, no permiten ver. Tal vez configurando otras gramáticas y otros esquemas de pensamiento. Tal vez produciendo otros efectos de verdad y otros efectos de sentido. Y lo que he hecho, o he intentado hacer, con mayor o menor fortuna, es explorar lo que la palabra experiencia nos permite pensar, lo que la palabra experiencia nos permite decir, y lo que la palabra experiencia nos permite hacer en el campo pedagógico. Y para eso, para explorar las posibilidades de un pensamiento de la educación elaborado desde la experiencia, hay que hacer, me parece, dos cosas: reivindicar la experiencia y hacer sonar de otro modo la palabra experiencia.” Conferencia: La experiencia y sus lenguajes,  Jorge Larrosa.

Termino con un fragmento de un artículo que escribí para la revista Palabra Tomada una publicación del Plan Provincial de Lectura en el año 2012. Para apostar al desafío de no llegar tarde, aunque vamos lento, todavía podemos hacer mucho.

“Revalorizar la escucha, revalorizar los actos relectura, para resignificar estas prácticas.

Docente mediador que tenga en cuenta las interpelaciones  que ahora profundizan en las concepciones de lectura y escritura, prácticas necesariamente asociadas, acordando con Graciela Montes, y cuyo espacio privilegiado sigue siendo la escuela, porque leer es más que decodificar, leer es buscar sentidos. Y los maestros entonces pueden tomar la actitud de facilitadores en esa construcción de sentidos para que la lectura sea leer el mundo.

Y para leer el mundo es necesario tomar la palabra y tener alguien que la escuche y crea en el lenguaje como instrumento  y objeto de exploración, entre la extrañeza y la familiaridad:

¿Cómo hará la escuela, sus docentes y mediadores, para que ese aluvión complejo que llamamos lenguaje pueda ser indagado y a la vez apropiado por aquellos lectores incipientes que son los estudiantes (niños y adolescentes) a los que hemos dejado sin palabras? El desafío es enorme porque la escuela siempre pondrá al lector del mundo en situación de asumir las letras, lo que fue escrito, lo que pertenece a otro pero es también,  propio en cuanto empieza a formar parte de mi vida. Porque la frontera se estrecha en la lectura, porque ya no hay límite entre las palabras de este y el otro y lo que yo siento y pienso. Esas palabras de las que me apropio porque resuenan como ecos.”

Auspicio MacaoLogo La Perla Auspicio

  1. CREO QUE LA ESCUELA PUEDE HACER MUCHO POR CUIDAR ESAS OPORTUNIDADES QUE EN ALGUNOS CASOS NO ACONTECEN DE OTRA MANERA, TAL EL CASO DE LOS NIÑOS QUE CONCURREN A ESCUELAS EN BARRIOS ALEJADOS Y CARENCIADOS. SON COMO TODOS LOS NIÑOS, CURIOSOS, ENTUSIASTAS POR NATURALEZA, ATREVIDOS CUALQUIER AVENTURA DONDE SE LOS INVITE. Y ESE ES EL COMIENZO DE TODO, FALTA LA DECISION DE LOS GRANDES. LAS ESCUELAS ESTAN LLENAS DE LIBROS, TENEMOS UNA LITERATURA INCREIBLE DE LA MANO DE AUTORES QUE YA NO ESTAN Y QUE NOS SIGUEN CAUTIVANDO, PARTICULARMENTE SOY FANATICA DE LAS LEYENDAS. VOY A COMPARTIR ESTE ARTICULO CON MIS MAESTRAS, HAREMOS LA CRITICA Y LA AUTOCRITICA, COMO DOCENTES Y COMO INSTITUCION.

    MUCHAS GRACIAS CATY!!! ABRAZO

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