Una publicación efímera, como todo

La escuela necesita ser construida por todos

In Educación, Opinión, por Caty Giménez on 7 mayo, 2013 at 9:00

ArtScans CMYK

por Caty Giménez

“Alicia se encontró en una sala larga y baja, que estaba iluminada por una hilera de lámparas que colgaban del techo.  Había varias puertas alrededor de la sala, pero todas estaban cerradas. Después de haberlo comprobado una y otra vez, se fue tristemente hacia el medio de la sala, preguntándose cómo iba  a salir de allí. Entonces, se fijó en una mesita de cristal sobre la que había una diminuta llave de oro y lo primero que pensó es que correspondería a alguna de las puertas; pero ¡no!, la llave era demasiado pequeña para ellas. Sin embargo, en una segunda exploración se dio cuenta de que detrás de una cortina había una puerta pequeñita en la que no había reparado antes, probó la llave y con gran alegría vio que era la suya. Alicia abrió la puerta y descubrió que daba a un pasadizo no más grande que una ratonera. Se arrodilló y pudo ver que al otro lado del pasillo aparecía el más precioso jardín que hayáis visto jamás. ¡Cómo deseaba salir de aquella sala oscura y poder pasear por entre la alfombra de coloridas flores y frescas fuentes!; pero apenas sí podía meter la cabeza por el hueco de la puerta. «¡Oh! Si pudiera plegarme como un telescopio —se dijo—. Si supiera cómo, lo haría». Porque, como sabéis, a Alicia le habían pasado tantas cosas sorprendentes últimamente, que había empezado a pensar que solo muy pocas eran realmente imposibles.” 

«Alicia en el País de las Maravillas»

Lewis Carroll

La última nota publicada la semana pasada, puso a luz un debate sobre un tema que permanece oculto en las escuelas. O para ser más exacta, algunos insisten en que permanezca en las sombras de un sistema que sigue haciendo agua, como es el educativo.

Entonces nos pusimos a ver cuáles son las cosas de las que no se habla afuera de las escuelas pero que pasan adentro y preocupan a docentes y padres. La más preocupante sin duda es la violencia que se reproduce a una escala que crece casi sin freno. Y la indefensión que padecen docentes y chicos se acentúa al  ritmo de la falta de respuestas de aquellos que deben darla.

Sucede que en muchas escuelas aún se discute sobre quién o quiénes deben darla, y la pelotita de la inacción sigue su curso casi demencial. Lo que hace que ante las amenazas de “A la salida te agarro” surja una denuncia policial, porque ya nadie sabe hasta dónde es cierta o posible, de qué tanto será capaz el alumno o la alumna que la expresa. El año pasado una colega del Carbó contaba cómo había tenido que recurrir a una denuncia y a pagar por sus seguridad  antes las amenazas que había recibido por parte de una alumna y porque no había tenido un respaldo de parte de las autoridades. Este año, las amenazas cunden. Y las denuncias también. Diríamos que a velocidades recíprocas. El sentimiento de que se corre riesgo si no se plantea la denuncia se ha generalizado y el ambiente escolar, la escuela como institución, obviamente, está inmerso en un círculo vicioso de amenazas, presiones, que se traduce en un vocabulario que mucho tiene que ver con el de las patotas y con el de la cárcel.

Hacerse cargo de la Convivencia Escolar ha excedido el mero Reglamento o los llamados Acuerdos o Pactos Áulicos. Hoy es común que un padre o madre entre a la escuela y golpee al profesor o profesora, porque el hijo fue sancionado o aplazado sin que medie diálogo alguno. Hay padres que cubren a sus hijos con mentiras o que permiten que el hijo maneje la situación porque no pueden ponerle límites y esperan que la escuela lo haga porque ellos ya no tienen autoridad o medios para hacerse escuchar. Los paradigmas para el diálogo ya no existen o están desdibujados.

Y cuando no hay diálogo, cuando la palabra ha perdido el valor de significar, de fundar, de realizar, la sociedad va perdiendo el camino para transitar caminos con vínculos fuertes de creación y respeto. Pero no por el respeto en sí. Respetar al otro es darle un espacio que permita la construcción de relaciones perdurables  a la vez que reforzar tramas de escucha y participaciones auténticas. Significa correrse del sitio en el que nos paramos desde lo individual para atender lo que le pasa a otro sin que sólo sean nuestros intereses los que muevan la rueda. Es un ejercicio que requiere a su vez la voluntad expresa de no cerrarnos ante una opinión, romper el dogma, pero sobre todo poder romper con esquemas rígidos.

Puedo escuchar lo que un alumno tiene para decirme con respecto a lo que le disgusta o molesta de mi clase, del mismo modo en que puedo hacerle ver que en el intersticio, ese espacio mínimo para el entendimiento, existe la posibilidad de encontrar una tercer opción que es la suma de lo que él siente como choque y lo que yo pretendo en cuanto a docente.

La palabra facilitador y mediador, tan de auge en los últimos años, implica algo más que servir de puente entre los conocimientos que el chico no posee y mi saber. ¿Entre qué estamos mediando? Se habla de contenidos y aprendizajes, pero ¿cuáles de esos contenidos y aprendizajes realmente serán efectivos en cada uno de los grupos de alumnos que tengo? Seguramente no serán para todos los mismos, ni siquiera serán para todos efectivos. Una selección acorde al grupo humano que se conforma en cada alumna reduce estados de violencia, porque minimiza el fracaso escolar .Y ya sabemos que muchas de las situaciones de stress y situaciones límites  lo involucran como uno de los factores que generan violencia en las escuelas.

¿Cuáles son entonces las herramientas y estrategias que pueden ayudarnos  salir de este ciclo enfermo? Estamos viendo que el Código de Convivencia no nos alcanza, que las escuelas no pueden con toda la problemática que se resolvería con más personal y con la cobertura de cargos. Pero no podemos sentarnos a esperar. Al menos yo no tengo muchas ganas de ver cómo un día entra un padre a mis escuelas y pega un tiro al profesor que amonestó a su hijo (y no estamos muy lejos de eso, porque salvo las escuelas que tienen guardia en la puerta, en los colegios entra cualquiera sin mediar palabra, y lo estamos viviendo actualmente en el Carbó que no tiene más  a sus guardias y porteros).

Las cuestiones pedagógicas ayudarían mucho a resolver problemas de violencia. Un curso que cuenta con varios repitentes  que suman dificultades de aprendizaje, aburrimiento, desidia, indiferencia, indisciplina, entre otras cosas, tiene que tener una adecuación curricular que por un lado contemple  los Formatos Curriculares que faciliten lo que se enseña y lo que se aprende  y por otro  revise las prácticas evaluativas. Una propuesta nada fácil porque requiere de un tiempo de selección y preparación que pareciera no existir en las escuelas. Además de consenso. Pero es una forma de empezar  a cortar con el  “no se puede” y avanzar rompiendo con modelos estáticos. Es esta idea que nos viene rondando a varios que una respuesta creativa y a veces impensada tiene más efectividad, porque es un modo de empezar desde otros paradigmas. Claro que esto provoca temor y resistencia que son dos de los fantasmas que recorren los pasillos de las escuelas y que de alguna manera ha paralizado a muchos.

Otra alternativa sería empezar por recuperar la autonomía de cada escuela de modo que se puedan  dar respuestas inmediatas a situaciones inmediatas. Esa Autonomía escolar perdida en las últimas décadas forma parte de la Matriz Autoritaria de la que ya hablamos en  otras notas y que ata de pie y manos a muchos directivos que quieren avanzar en la construcción  de una escuela real y conflictiva, situada en contextos realistas y no de escritorio. Esta es la parte más difícil para trabajar porque la actual gestión no ha demostrado otro tipo de discurso que no sea el del control desde las formas y no desde los contenidos que posibiliten crecer en una escuela nueva.

Pensar en esa escuela nueva es también pensar en los espacios físicos que los chicos y los docentes necesitan, así como en los recursos que hacen falta. Lo que lleva al consabido tema del exiguo presupuesto que la provincia adjudica a Educación. Escuelas derruidas, sin baños, en containers  (pese a las promesas que se hicieron el año pasado), sin pizarrones, ni tizas, ni borradores, sin bibliotecas, algunas sin patio donde realizar Educación Física. El sentido de pertenencia atenúa los conflictos de violencia, el cuidar de un espacio que el chico siente como propio es desde el punto de vista de las relaciones sociales un modo de madurar hacia otro tipo de vínculos y de discursos centrados realmente en el respeto a la diversidad y a las prácticas  democráticas. Porque de  otra manera quedan sólo en declaración de buenas intenciones y nada más. La inclusión no es una acción que se pueda consolidar desde un diseño curricular o desde la teoría. Requiere  reconocer  los ámbitos de los cuales los chicos vienen, sus historias, sus contextos sociales y culturales, carencias, necesidades, limitaciones, temores, prejuicios, por nombrar sólo algunos de los ingredientes que componen esta población escolar cada vez más numerosa. Como también poner en práctica mecanismos que no son los de contención como dicen algunos, sino de retención, protección y sobre todo eso de los que hablábamos al principio del párrafo, PERTENENCIA. Se cuida lo que se siente como propio, se valora lo que se cuida, lo que crece desde nuestras manos, nuestras ideas.

La escuela es un entramado complejo que, atravesada además por conflictos sociales no resueltos desde afuera, mal puede sostenerse sin una mirada crítica y seria a la vez que comprometida. Pero ese compromiso no es sólo de los docentes o de los padres que aún quieren ayudar a sostener algo que ven caerse cada día ante sus ojos. Las políticas educativas deben ser fuertes y arriesgadas, pero además cada gobernante debe saber que sin presupuesto no hay medidas que puedan sostenerse, ni programas. Hasta ahora la mayoría de estas acciones han contado con la fuerza y dedicación de maestros, padres, profesores, cooperadoras, pero ya NO alcanza. Esta escuela necesita ser construida por todos, tanto como la sociedad requiere de una vuelta de tuerca. La llave está en la mesa y debemos intentar llegar a ella antes de que se nos cierren todas las puertas.

Auspicio Macao

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