Una publicación efímera, como todo

Créditos y deudas

In Opinión, por Jorge Felippa on 10 junio, 2013 at 18:31
Festejos cuando la Cámara de Diputados convirtió en ley el proyecto que apunta a garantizar el acceso integral a los procedimientos y técnicas de reproducción humana asistida. (foto Télam)

Festejos cuando la Cámara de Diputados convirtió en ley el proyecto que apunta a garantizar el acceso integral a los procedimientos y técnicas de reproducción humana asistida. (foto Télam)

por Jorge Felippa

La semana que pasó tuvo para este escribidor dos corrientes de emociones enfrentadas. Lo cual me hizo vibrar en altibajos: un día, derramar lágrimas de alegría, y al siguiente, apretar los puños de dolor. Voy al grano: el día que se sancionó en el Congreso la ley de Fertilidad Asistida, no evité las lágrimas al mirar cientos de hombres y mujeres felices y tan llorosos como yo. Por fin, veían coronadas sus luchas por conseguir un derecho tan elemental: ser padres.

El Congreso, esta vez, casi por unanimidad, consagro otra ley que apuntala ese concepto tan propio de esta década: la ampliación de derechos. Claro, debe ser el Estado el que cumpla ese rol reparador de oportunidades, un “igualitarismo” que menosprecian aquellas minorías que lucraron siempre con las desigualdades. Y que lamentablemente, han contagiado en vastos sectores de nuestras capas medias, ese desprecio hacia los que menos tienen o pueden.

Vuelvo a la razón de mis lágrimas. Hace casi veinte años, no se sabía que una de cada seis parejas en nuestro país padecía idéntico problema. Quienes sufrían por no poder quedar embarazados, se sentían extraños, marginales, castigados por misterios biológicos casi imposibles de desentrañar. No sabían que “eso” que les ocurría, era una enfermedad. Recién empezaban los tratamientos de fertilización asistida, y aunque todos afirmaban que  en lo físico no corrías riesgo alguno, desde lo psicológico y económico, vaya si los había.

Asumirlos era muy costoso. Todos pueden imaginarse lo que significaban las pruebas, los ensayos, los meses de espera, y en muchos  casos, las sucesivas frustraciones. Y sumado a ello, las deudas económicas que se contraían para acariciar esa esperanza tan natural para el común de la gente. Ahora, una ley de la democracia, permitirá a miles de argentinos cumplir con sus deseos de ser padres. Nada más ni nada menos.

¿Entienden ahora mis lágrimas y el crédito del título? Por esa y otras tantas leyes, que consagraron derechos conculcados o ignorados durante decenas de años por gobiernos democráticos o de facto, es que este escribidor le sigue dando crédito al gobierno de los K. Lo dejo escrito, para que lo anoten los odiadores de ayer, de hoy y de mañana.

De las deudas

Y como uno ya no se cocina en un solo hervor, hay cuestiones de la realidad semanal que lo acorralan en la indignación. En Formosa, se realizó una reunión nacional de pueblos originarios que culminó con un acampe en Plaza de Mayo. Allí esperaron en vano, ser recibidos por CFK. Durante tres días, estos compatriotas de diversas etnias originarias, denunciaron por enésima vez la amplitud de la exclusión que aún padecen.

Agustín Lewit, lo puso negro sobre blanco, el viernes en su página de FBK y lo comparto plenamente:

«Hay cosas que no queda otra que decirlas por más antipáticas que resulten. Yo creo que es una obligación que Cristina reciba a las comunidades indígenas que acampan desde ayer en Plaza de Mayo. Estuvo muy bien recibir al nene que la quería ver en la vida real, fue una linda nota de color y un hermoso gesto. Pero esto es otra cosa. Acá hay un reclamo que hay que escuchar; acá hay una demanda fuerte frente a la cual el Gobierno nacional -y todos los que lo apoyamos- no puede permanecer incólume. Hay que atender los pueblos originarios como se han atendido en todos estos años innumerables demandas de grupos vulnerables. Hay que incluirlos en este proyecto, hay que apropiarse, en el mejor sentido, de sus causas. No se puede tener una sensibilidad selectiva frente a las injusticias. Y no sólo debe ser así por una cuestión axiológica o de ética, sino de visión política: quizás peque de exceso de pragmatismo, pero en la medida que no abracemos con fuerza la causa indígena, le vamos a seguir dando lugar a la izquierda paleolítica y a la derecha más rancia para que usen a los pueblos originarios en su ataque histérico al Gobierno.

Basta con ver el Clarín de hoy y su miserable utilización del acampe indígena: media tapa (sí, media tapa) la ocupa una foto del acampe con una bajada que indica que Cristina no los recibió. Sin embargo, recién en la página cuarenta (sí, cuarenta) aparece una nota pedorra de 2000 caracteres, donde no se explica nada de nada, ni los reclamos, ni la situación de los indígenas, ni las condiciones de vida de los mismos.

En fin, ojala que entendamos pronto que el lugar natural de los pueblos originarios tiene que ser dentro de este proyecto nacional y popular».

Repito lo que me parece central de la reflexión de Lewit: No se puede tener una sensibilidad selectiva frente a las injusticias. Ojala más temprano que tarde, las lágrimas de emoción las derramemos porque los pueblos originarios, consigan que sus deseos sean leyes respetadas y cumplidas por todos los argentinos, gobernantes y ciudadanos de a pie.

No se aceptan insultos de ninguna clase. Si querés dejar tu opinión hacelo con altura y respeto. Gracias.

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