Una publicación efímera, como todo

Operetas en bandeja

In Opinión, por Jorge Felippa on 7 julio, 2013 at 22:49

barba_azulpor Jorge Felippa

Lunes: El Gordito clarinista es un matoncito cada vez más devaluado. Pero habrá que reconocerle algún mérito: con sus denuncias altisonantes consigue  nuevas camadas que le pierden el último respeto que le tenían.

Agarrárselas con la gente que hace cine gracias, entre otros recursos, al apoyo del INCAA, es otro golpe bajo al que nos tiene acostumbrados. Pero a un boxeador que pega debajo de la cintura, un buen árbitro, le descuenta puntos que le pueden hacer perder la pelea. Cuestionar que los fondos del Estado se usen para películas “que no las ve nadie” según sus palabras, es desconocer que en todas partes del mundo, el cine, desde el documental hasta el destinado a públicos masivos, recibe siempre apoyo estatal. ¿O por qué si no en todas las películas y series yanquis aparece siempre la bandera de los EEUU?

Desconocer que el cine argentino pasa por uno de sus momentos más productivos, creativa y comercialmente, es mala leche. Él mismo, antes de ser cooptado a las huestes clarinistas, recibió dinero del INCAA, para un documental que codirigió. Eso no lo inhabilita para criticar, eso es bueno y necesario. Otra cosa es la calumnia y la injuria, que gracias a este gobierno, ya no son delito en nuestro país. Por eso, inventa, difama y promueve movidas destituyentes todos los domingos. Con esos golpes bajos, suma puntos de rating y pierde credibilidad. Ahora dice que en las encuestas mide mejor que la Presidenta. En Agosto y Octubre sabremos a quien le cree más la ciudadanía.

 

Martes: La opereta de la AFIP vs. Lorenzetti, lanzada por el presidente de la Corte Suprema de Justicia  y magnificada por las plumas “con/sagradas” de La Nación y Clarín, mostró a los ciudadanos de a pie, que por lo menos seis de los siete Supremos, creen que tienen coronita. Fue otra enorme fábula montada para “demostrar” que el gobierno de CFK no quiere democratizar la Justicia sino llevársela puesta. Jamás hubo investigación alguna de la AFIP sobre Lorenzetti o sobre su familia. Sólo recibió una comunicación que también le llegó a otros 500.000 argentinos, que por su nivel de ingresos, deberían declarar si tenían personal doméstico y “blanquearlo” de acuerdo a las nuevas leyes vigentes.

Cinco de los siete supremos pidieron una audiencia “especial” a la AFIP, algo absolutamente inusual y fuera de su competencia, para conocer si había alguna investigación sobre sus patrimonios. Todas estas movidas incluyeron llamadas cuasi amenazadoras de quien maneja el presupuesto del Poder Judicial al jefe de la AFIP. ¿De dónde creen estos señores que salen sus salarios intangibles y que eluden por decisión personalísima el pago del Impuesto a las Ganancias? Es que con las herramientas informáticas que hoy dispone la AFIP, a casi todos los ciudadanos nos “cruzan” los gastos que hacemos y “clinc, caja”. Entonces, ¿a qué le temen los Supremos?

 

Miércoles: La vieja Europa mostró sus hilachas colonialistas. Lo penoso y observado críticamente en casi el mundo entero, es que impidiendo el paso del avión presidencial de Evo Morales, Francia, Italia, España y Portugal, se portaron como lacayos de los EEUU. En el barrio les decimos de otro modo.

El casi unánime repudio al virtual secuestro del presidente boliviano por parte de los países de la UNASUR, también desnudó para quien quiera verlo, que algunos mandatarios americanos siguen prefiriendo que sus países sean el patio trasero del imperio, antes que el rostro de una región en tránsito al sueño de la gran Patria Grande de Bolívar y San Martín. Los gobiernos de Perú, Colombia, Paraguay, Chile, siguen peligrosamente los dictados del gran gendarme mundial. ¿Qué tiene que hacer Colombia en la OTAN?

El episodio nos muestra que el cipayismo sigue vigente para desgracia de los pueblos americanos. Si los primeros mandatarios son los “hombres de paja”, como decía Rogelio García Lupo, que encabezan la entrega de la soberanía de sus países, ¿qué podía esperarse de los “comunicadores independientes” que por estas horas mostraron su racismo y desprecio hacia el “indio cocacolero”?

¿Recuerdan el escándalo que armaron los escribas del establishment cuando en Ezeiza se retuvo una valija que pretendían entrar soldados norteamericanos al país? ¿O cuando celebraban la retención de la fragata Libertad en un puerto de Ghana? Ahora, sus coberturas ningunearon el abierto respaldo de la UNASUR a Evo Morales. Hombres de paja que fungen de periodistas.

 

Jueves: La polémica se sirvió en bandeja y al ritmo del tunga tunga en el patio mayor del Cabildo. Ramoncito Mestre, en un alarde desvergonzado de la demagogía populista que tanto denostan sus correligionarios, firmó la ordenanza que declara al ritmo del cuarteto como “patrimonio cultural de los cordobeses”. Y de acá hasta la UNESCO no paramos. De ahora en más, tirios y troyanos nos enfrascaremos en debates, foros, llamadas a las radios, cartas a los lectores, redes sociales, si la creación de doña Leonor Marzano de hace setenta años, tiene idéntica envergadura cultural que el tango, el samba brasileño o el fado portugués. Rápido para los mandados, como que estamos en tiempo de elecciones, Ramoncito salió a decir que el cuarteto se estudiará en las escuelas municipales, con lo que la polvareda se hizo ventarrón. Y para que los votos no se vuelen a canchas rivales, prometió estatuas de los ídolos cuarteteros a lo largo de tres cuadras de la populosa calle San Martín. Esas cuadras peatonalizadas a la fuerza por vendedores de mercadería made in La Salada, y con la vista gorda de los inspectores municipales y policías distraídos. Ojo con estos fuegos de artificio. La campaña es corta y cuesta tanto, que con el ritmo feliz del tunga tunga, también nos pueden desfondar radicalmente.

 

Viernes: El pan nuestro de cada día se había ido a las nubes. Entonces llegó Moreno y aplicó la tan temida y denostada Ley de Abastecimiento. Desde principios de este año uno veía y sufría en el bolsillo, la incesante suba del pan, y de todos los derivados del trigo: comer un plato de ravioles o de tallarines era casi tan caro como una milanesa, una costeleta, una bife o una tira de asado.

El pan criollo y las medialunas, se convirtieron en vicios cada vez más suntuarios. ¿Y quién tiene la culpa de todo? En este caso, no es de “La Yegua” como pontifican las geniales Thelma y Nancy, los personajes creados por Max Deluppi & Cia. Los panaderos y fabricantes de pasta señalaban hacia los acopiadores y firmas exportadoras. Son nada más que dieciséis y según las cifras que maneja el gobierno, ellos tendrían cerca de tres millones de toneladas de trigo acaparadas en algún lugar. Ellos dicen que apenas tienen menos de 200.000 toneladas. Entonces, ¿dónde están las que faltan? Ahí puso la lupa el gobierno. O las escamotean para hacer daño al bolsillo de todos y generar mal humor en pleno año electoral, o las vendieron en negro. O sea, en ambos casos el objetivo es eludir la intervención del Estado. Eso, acá y en la China, se llama evasión y los sujetos, evasores. Para ellos, la AFIP y Moreno son los malos de la película. Sobre todo, los acusan, de tener “malos modales”. Aquellos, en cambio, tan impalpables como la harina ídem, nos meten delicadamente sus guantes blancos en nuestros bolsillos.

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