Una publicación efímera, como todo

Eso de reinventarse

In Opinión, por Eduardo Aliverti on 19 agosto, 2013 at 13:54
"Resulta inevitable, de acuerdo con toda experiencia histórica y aun cuando se provenga de un infierno relativamente cercano, que los grandes logros pasen a ser tomados con la llaneza de que se abre la canilla y sale agua.", plantea Eduardo Aliverti en esta nota.

«Resulta inevitable, de acuerdo con toda experiencia histórica y aun cuando se provenga de un infierno relativamente cercano, que los grandes logros pasen a ser tomados con la llaneza de que se abre la canilla y sale agua.», plantea Eduardo Aliverti en esta nota.

Leemos hoy:

«Cabe poner en duda que el ensimismamiento de la campaña gubernamental en torno de la década ganada, destinando pocos o ningún esfuerzo a la puntualización de cómo se sigue, haya sido el único elemento generador del triunfante y magro resultado oficialista. Pero puede tenerse la certeza de que jugó un rol importantísimo. Un consultor cercano a Casa Rosada recordaba en estos días la obviedad –o no– de que las conquistas políticas y sociales, cuando son percibidas como asentadas y por más notorias que fueren, se integran al paisaje cotidiano de las gentes. Gentes que reclaman más y más, o que sancionan, cuanto más tienen o más recuperaron. No es una característica de los sectores del privilegio. Abarca a todas las clases. Resulta inevitable, de acuerdo con toda experiencia histórica y aun cuando se provenga de un infierno relativamente cercano, que los grandes logros pasen a ser tomados con la llaneza de que se abre la canilla y sale agua. Hay frente a eso dos probabilidades básicas. Una es enojarse contra los olvidadizos, en tanto capaces de no registrar, o de que naturalicen, todo lo que se avanzó y avanzaron. Apenas se tuerza un poco la cabeza hacia los costados –ni siquiera para atrás– surgen de inmediato las imágenes de un país en quiebra, incendiado, con más de la mitad de la población bajo la línea de pobreza, dirigentes políticos sin respuestas de índole alguna, colas en las embajadas para escaparse. Brota exasperarse, contra esa gente que protagonizó lo que se dio en llamar, con cierta justeza, voto castigo. Gente de las clases populares pero, muy sobre todo, gentes de las capas medias que hace un rato estaban golpeando las puertas de los bancos para que les devolvieran sus ahorros; que gritaban que entre piquete y cacerola la lucha era una sola; y que ahora problematizan no contar con dólares suficientes para hacer turismo en el exterior, cuando hace el rato ése pensaban a España o símiles como movida exclusiva para tomarse el buque de este país que no daba para más. Gente que hoy reclama o se asume perjudicada porque le sacan del sueldo unos pesos de Impuesto a las Ganancias, cuando lo único que les quedaba era rogar por un trabajo en lo que fuese.

El colega Alfredo Zaiat, en la introducción de su nota del sábado anterior en Página/12, reflejaba el espíritu analítico de muy buena parte de esa gente; o bien, de la gente que parece ser efectiva para pensarle, a esa otra, que las cosas funcionan así. “El aumento del turismo durante las vacaciones de invierno es por la inflación. El incremento de los viajes al exterior de un sector de los argentinos es porque no saben qué hacer con el dinero. El record de ventas de autos y motos tiene su origen en que no hay alternativas de inversión, atractivas, en relación a la evolución de los precios. El alza en los despachos de heladeras, aire acondicionado, televisores y otro tipo de electrodomésticos es porque ahorrar no es conveniente por la depreciación de la moneda. Las salas llenas de los teatros y cines son porque ‘la gente’ tiene pesos y quiere desprenderse de ellos lo más rápido posible (…) El consumo de bienes muebles y de ocio tiene el único origen en el fantasma de la inflación”. Así sucesivamente, hay una excusa para atenuar o desmerecer cada dato positivo. Y otro tanto en la escala de las capas bajas y mediobajas, entre las que podría observarse que alguna sensación reparadora, e inclusive necesidades más o menos satisfechas o en vía de avance (AUH, programa Pro.Cre.Ar, obras públicas de diversa índole en las zonas y barrios más postergados, escuela primaria con un altísimo porcentaje de retención de alumnos, unos 2,5 millones de personas que pudieron jubilarse a pesar de los años en que no les aportaron, y varios etcéteras), son valorados como provechos “normales”, ya no susceptibles de reconocimiento. O no, por lo menos, al momento en que vota una significativa cantidad de los beneficiados. Una buena porción de ellos es la que le certifica al kirchnerismo su condición de primera fuerza o minoría a nivel nacional, tomado el país como distrito único. Pero hay un “resto”, mayoritario y disperso, que se mostró a contramano aunque en planos diferentes. Ante ese gran pedazo de votantes, queda dicho que una variante es encolerizarse y seguir con las botas puestas como si no hubiera pasado nada. La otra es tomar nota de que debe tomarse nota, porque las masas andan de esa manera. Y eso no implica retroceder respecto de ninguna de las grandes líneas trazadas. Consistiría en ajustar sintonías porque, además, se añaden errores propios. Hay pifiadas estructurales que el Gobierno ya no puede ignorar y que no pasan, en su sustancia, por distinguir que se ganó en la Antártida o entre los qom. Una de ellas es relativizar el peso de la inflación, que pega en los bolsillos populares y que debe integrarse a las causas, si no la primera, provocadoras de fuga de voluntades en núcleos de población afines al oficialismo. ¿O acaso se piensa que esos votos se perdieron porque los preocupa el “autoritarismo” gubernamental, las denuncias de corrupción o la situación del jefe del Ejército? ¿Cuál es el rédito de ningunear los problemas, de no explicarlos con mayor profundidad, de que la Presidenta se cargue personalmente toda la comunicación? ¿Cuál es la utilidad de insistir con estratagemas que convencen a los convencidos?

(…) al oficialismo le valdría la pena que intente reinventarse mejor, en el sentido de no creer que se trata de seguir como si el domingo no hubiera pasado nada. Ampliar (la imagen de) conducción política, comunicar de otra manera, afrontar temas como inflación, corrupción e inseguridad sin que deba ser bajo la lógica cualunque con que los suscita la oposición. Los votos que se fueron por gorilas nunca estuvieron ni estarán. Pero alguna, mucha o estimable parte de los que se escaparon por disgusto, por aburrimiento, por una bronca que nos les gustaría tener contra el Gobierno que les dio mucho, tal vez sea recuperable».

(Leer la nota completa de Eduardo Aliverti haciendo click acá)

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