Una publicación efímera, como todo

Honduras, antes de

In Crónicas, por Analía Lorenzo on 10 septiembre, 2013 at 9:00
Periferia de Tegucigalpa, capital de Honduras. (foto de la autora)

Periferia de Tegucigalpa, capital de Honduras. (foto de la autora)

por Analía Lorenzo (desde Tegucigalpa, CA)

Una de las versiones acerca del origen del nombre del país centroamericano, se le atribuye a Cristóbal Colón quien, ante la bravura de esas costas caribeñas, dicen que dijo: ¡Gracias a Dios salimos de estas Honduras! Bautizando así a la provincia nororiental del país con el curioso nombre de Gracias a Dios, y al territorio correspondiente al peligroso mar, como Honduras.

Honduras, según los hondureños, es el país que pudo ser, el país del antes de, y no avizoran la posibilidad de un futuro mejor.

“En las elecciones de noviembre va a ganar el (partido) Nacional que es el que está en el gobierno después del golpe… que no fue golpe, o sí, pero que nadie llama golpe. Y ya ves lo hecho mierda que está el país”, dice sin más un catracho, como es su gentilicio popular, caminando por las calles de Tegucigalpa.

 

“Tenemos entre 82 y 84 asesinatos cada cien mil habitantes, el estándar internacional es de 8 muertes violentas cada cien mil. Estas son las cifras a hoy, algunos festejaban que habíamos bajado dos puntos en criminalidad pero el fin de semana siguiente a ese informe, asesinaron a más de 40, con lo cual la cifra volvió a subir. ¿Abuso? ni hablar, se estima una violación cada 15 minutos, matan 44 mujeres al mes, casi siempre con armas de fuego”, recita mi informante, que sabe de lo que habla, mientras miro pasar autos polarizados, con guardias armados sentados del lado del acompañante.

 

La naturaleza es de derecha

 

En algún texto universitario, leí esa aseveración, y con el paso del tiempo me he olvidado del autor pero comprobé la mucha razón que tiene.

“Antes del huracán Mich, en 1998, mi familia vivía de los bananos, por ahí corría el tren, y después de muchos años de lucha y sangre, por fin podíamos decir que nuestro trabajo nos permitía vivir bien. Vino el huracán, se llevó las vías, se llevó los bananos; cambiaron las tierras y los cultivos, ahí donde había prosperidad ahora hay caña de azúcar”, recuerda con tristeza el chofer que me conduce por los valles profundos de San Pedro Sula hasta Comayagua.

Como guía turística del horror, los hondureños señalan con el índice los recuerdos de desastre; los puentes caídos que siguen caídos.

El terreno de todo el país es muy accidentado, la variedad de flora, fauna y paraísos perdidos que ese caprichoso territorio genera es abrumadora.

Dicen que en los ochenta, la Claudia Schiffer se compró una gran playa caribeña de Honduras, una isla, algo así. Pero que después se divorció del magician y se fueron. Otros tiempos, antes de.

 

Durante el viaje desde San Pedro Sula hacia Tegucigalpa, en el que me dejaron fumar un cigarrito en un bonito lago de cráter de volcán, con entusiasmo de niños, me presentaron la única recta en el camino de todo el país. 16 kilómetros, midió el chofer en su reloj del auto: la ruta recta más larga de Honduras, se reían. Después de ese remanso directo, el camino retomó el contorno que en Tegucigalpa se profundizaría, subidas y bajadas de más de 45 grados. Imagino que por eso en la ciudad capital nadie anda en bici y les puedo asegurar que caminar los ángulos de Tegucigalpa es un desafío para los tobillos.

En esas de subidas y bajadas, me señalan la ladera vacía de una de las montañas. “Ahí había una barriada, en media hora quedó como la vez: nada. No salió nadie vivo de allí. Los japoneses están construyendo canales para ver si logran prevenir los deslaves en la próxima”.

Los japoneses parecen estar presentes en la reconstrucción de Honduras mucho más que el propio Estado.

“Ese puente lo reconstruyó un japonés que después se enamoró de una hondureña y ahí vive en un pueblo de estos. Según dicen el puente era su tesis universitaria, espero le haya salido bien”.

Hay que decir que a pesar de lo jodido no pierden el humor, y que el centro de Tegucigalpa es colonial, hermoso y lo llaman Los Dolores.

 

Fábulas jodidas

 

Cuenta la fábula que un pajarito, arriba del árbol en pleno invierno, no soportaba el frío. Temblaba y en la última brizna helada, cayó congelado al piso.

En esas, cuando ya se entregaba a morir, pasó una vaca y lo cagó. El calor de las heces reanimó al pajarito que, al darse cuenta que volvía a vivir, comenzó a moverse y a gorgojar. Cuando de la alegría empezó a piar, un zorro hambriento que por ahí pasaba, lo escuchó, con el hocico lo buscó entre la bosta, lo sacó y se lo comió.

Varias moralejas nos deja la fábula del pajarito, cuenta lentamente el ilustrado catracho. La primera es que no todo el que te caga es tu enemigo; la segunda es que no todos los que te sacan de la mierda son tus amigos. Pero, por sobre todas las cosas: cuando te encuentres en el medio de una gran cagada, no se te ocurra abrir el pico.

 

Oído por ahí

 

 “Más de 300 marchas hicimos después del golpe, las primeras sesenta totalmente espontáneas: la calle en contra del golpe. Lleno de gente, a pesar del miedo, desde las ocho hasta las doce del mediodía. Nos escapábamos del trabajo, de la escuela para asistir a las marchas. Algunos no decían que participaban, solo “faltaban” sin dar explicaciones pero ahí estaban entre la gente, tomando el bulevar”.

 

“El partido Liberal se debilitó a nada, el Nacional es el que va a ganar y el Libre es la opción de muchos de nosotros, a modo de una esperanza poco clara”

 

“El golpe civil de Honduras en 2009 fue orquestado por la CIA y los empresarios hondureños, apenas nueve familias dueñas del país; necesitaban un narco-Estado”.

 

“No soy quien para acusar pero el mercado catracho está acaparado por burguers, shops, malls and w’atever you want. ¿Ves esta remera? Es una T-shirt oficial de una Universidad de Florida, me la trajo de Miami una amiga americana ¿Sabes lo que es  más gracioso? Que está hecha acá, en las maquilas hondureñas, es made in Honduras”.

 

Honduras está hecha mierda pero llena de pajaritos.

Tejados en La Leona, barrio de "Tegus", como llaman los hondureños a la capital de su país. (foto de la autora)

Tejados en La Leona, barrio de «Tegus», como llaman los hondureños a la capital de su país. (foto de la autora)

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