Una publicación efímera, como todo

Lo que no se dice

In Educación, Opinión, por Caty Giménez on 26 octubre, 2013 at 8:00

pizarron-y-tizas

por Caty Giménez

Lo que no se dice sobre la Educación Pública en Córdoba ha empezado a tener voces. Muchas escuelas este año decidieron ponerle el cuerpo a situaciones lamentables, edilicias, de salubridad, pedagógicas, de prepotencia ministerial, de mal manejo de los recursos, entre otras. Y a poner en negro sobre blanco que lo de la inclusión democrática es razonable pero le faltan instrumentos, herramientas y personal idóneo para aquellos casos (la mayoría) en que hay riesgo por adicciones o violencia familiar. NI hablar de recursos materiales. Mal podemos hablar de inclusión cuando en la mayoría de las escuelas faltan cargos por cubrir, tizas y papel, por sólo nombrar algunas de las carencias.

Pero algo empieza a cambiar, y es perder el miedo a hablar y denunciar lo que sucede en el interior de cada escuela. Cuando el Carbó salió a reclamar las condiciones de salubridad que estaba viviendo y se focalizó en las palomas el problema, sacudió además el letargo de casi una década de soportar condiciones de trabajo indignas, y de ponerle voz al reclamo de los alumnos y docentes que durante más de una década tuvieron clases en una escuela que se les estaba cayendo y hundiendo (literalmente hablando).

Pero en ese entonces los reclamos se acallaban, se escondían, se guardaban en cajones oscuros. Que se cayera un ventilador sobre profesores, se incendiaran aulas por conexiones mal hechas, se quebraran alumnos cuando se hundían en las maderas podridas, fue, durante muchos años silenciado. Hace un tiempo que esto va cambiando. Y se multiplica en otras escuelas, y eso es lo bueno. Que se multiplique y se pierda el miedo a las represalias y a las amenazas de sanciones. Una modalidad que las últimas gestiones instalaron en el Ministerio de Educación con algunos funcionarios que se han caracterizado por el mal trato y no es que me lo contaron, lo viví. La falta de respeto de algunos de ellos a los colegas que no son subordinados como se la creen, dio nota de mal gusto en más de una de las dependencias de la calle Santa Rosa al 700. O escuchar que se pida el nombre de una profesora que expresó su descontento ante el abuso de poder.

Este modo prepotente, el discurso manipulador y la pérdida de las autonomías de las escuelas porque muchos de los directivos deben sus cargos, o tienen miedo, o no saben cómo hacerlo (lo que es irrisorio, porque se supone que ganaron un concurso), es lo más urgente para cambiar. Porque con estos cambios las gestiones directivas cambiaron su modo, y podrán accionar sobre los problemas desde la realidad y no desde la fantasía de escritorio a las que nos tuvieron acostumbrados en este año.

Lo que señalo ahora es algo que me llamó la atención y que me da a sospechar sobre los manejos ministeriales. La directora del Carbó, Carmen Mamani, fue separada del Garzón Agulla, escuela que se puso en pie y reclamó  años atrás,cuando ninguna se atrevía, las condiciones edilicias. Por supuesto, y como sucede siempre, la separación fue rodeada por una serie de murmuraciones (chismes, bah). Pero la profesora Mamaní había ganado un concurso, por lo que no se la podía dejar afuera y llegó de esta manera al Carbó. Más allá de las resistencias con que cuenta, que se pueden discutir, es significativo que durante su gestión han salido varios trapitos al sol.  No voy a abrir polémica porque no tiene sentido cuando de lo que se trata es de aunar esfuerzos y cerrar filas para defender a la Escuela Pública. Pero indudablemente y viendo el silencio en otras escuelas que tienen problemáticas similares, una se pregunta, qué hace la diferencia entre una gestión y otra?

Otra de las cuestiones a tener en cuenta con respecto al modo de recuperar las autonomías escolares y la representatividad profesional de los docentes es el rol activo de los profesores y los delegados gremiales, más allá de pertenecer o no a la conducción del momento. Las asambleas docentes del Carbó pusieron de manifiesto que cuando la comunidad acuerda estrategias y medidas coherentes, el peso de sus opiniones, así como los votos de las mociones,  logra superar las inacciones ministeriales.

Quizás sea esta la medida que más temor causa en los directivos y funcionarios que en los últimos años desconocieron la profesionalización de los docentes y los ubicaron en el lugar de empleados públicos, y en esto el gremio tiene una parte de las responsabilidades. Pero cuando una escuela reclama en su totalidad medidas que pongan en efectividad la tan mentada inclusión democrática, el miedo de los directivos a ser sancionados o movidos de sus cargos, desaparecerá.

Creo que algo empieza a cambiar. Al menos la conciencia de que el silencio es cómplice y mata, que no de vicio se han transitado estos años en democracia, que algo debemos haber aprendido y que en la escuela también se hace política .Aunque muchos crean que no. Se hace política desde la misma selección de los contenidos que se darán a los alumnos, los libros, manuales, y documentos. Es ingenuo creer que el no compromiso o callarse nos va a salvar de caer en un pozo del que no habrá retorno. Y es a donde vamos si no se defiende a la Escuela Pública.

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