Una publicación efímera, como todo

El diálogo y el poder

In Opinión, por Edgardo Mocca on 19 enero, 2014 at 12:38
"El diálogo que suelen proponer los sectores de oposición es un diálogo que deja afuera la cuestión del poder. Y termina siendo, valga el juego de palabras, un diálogo sin poder: el poder está fuera del diálogo", plantea Edgardo Mocca en esta nota.

«El diálogo que suelen proponer los sectores de oposición es un diálogo que deja afuera la cuestión del poder. Y termina siendo, valga el juego de palabras, un diálogo sin poder: el poder está fuera del diálogo», plantea Edgardo Mocca en esta nota.

Leemos hoy:

«La estrategia política de la derecha argentina tiene tres líneas principales: la desestabilización económica, la erosión de los apoyos gubernamentales en el territorio federal del justicialismo y el desorden en la calle. Las tres líneas se suceden entre sí, convergen y se alimentan mutuamente. Con diferente intensidad y dramatismo, todas convergen en un punto imaginario, el de la creación de un clima de absoluta ingobernabilidad. El núcleo del discurso propiciatorio de la desestabilización no entraña ninguna novedad histórica: la inseguridad (antes se estilaba decir “desorden”), la corrupción y la bancarrota económica fueron el decorado retórico de todas las usurpaciones cívico-militares dirigidas a cuidar los intereses de los grupos más poderosos del país. Hasta aquí, la novedad más importante es la voluntad política del Gobierno, ya bastante extendida en el tiempo, de mantener no solamente un rumbo político sino un discurso que no hace concesiones en las cuestiones cardinales que conciernen a ese rumbo.

Con aire de inocencia, ciertos analistas pretendidamente independientes “aconsejan” al Gobierno que modifique sus políticas y sugieren que ese cambio traería la tan ansiada paz social. Ninguna de las experiencias históricas relativamente recientes autoriza esa expectativa: las concesiones de los gobiernos de origen popular a la derecha siempre han sido el prólogo de su debilitamiento progresivo, su aislamiento y su caída. A esta altura parece claro que no será ése el curso de los acontecimientos actuales y ésa parece ser la fuente de la visible exasperación del bloque desestabilizador. Los grupos mediáticos dominantes han abandonado cualquier racionalidad que los aleje de su obsesión política, la recuperación en los tiempos más cortos y en las formas que sean necesarias del poder político para el establishment económico del país. Ni las formas ni los tiempos son indiferentes: de lo que se trata no es de vencer eventualmente a un partido de gobierno, sino desplazarlo de tal modo que pase mucho tiempo hasta que a alguna otra fuerza política se le ocurra repetir el desafío a los poderes establecidos.

(…)

Es muy interesante cómo las fuerzas sociales y culturales que impulsaron durante décadas esa reconfiguración raigal de la sociedad argentina utilizan las dramáticas consecuencias que acarreó como argumentos en contra de un gobierno al que consideran, con mucha razón, su enemigo. Los problemas del sistema de transporte ferroviario, destruido con premeditación y alevosía en los años noventa, se presentan, por ejemplo, como actas de acusación contra el gobierno actual. Claro que la perduración de los problemas opera como una señal de los límites actuales y de las demandas que esos problemas proyectan hacia el futuro. Pero no es ése, naturalmente, el espíritu y el sentido político de las actuales campañas de hostigamiento antigubernamental al que asistimos de modo permanente y con intensidad creciente desde hace por lo menos siete años. Luce muy elegante el discurso crítico realizado desde veredas que se autodefinen como “progresistas” y no faltan en ese terreno aportes lúcidos sobre los problemas no resueltos. Pero la política no es una suma aritmética o algebraica de enunciados críticos y plataformas de “solución” a los problemas. No parece muy eficaz un pensamiento con pretensiones críticas que se abstiene de considerar cómo se manifiesta la lucha por el poder, esa que no se propone escribir buenos documentos críticos sino gobernar al país realmente existente.

(…)

El diálogo que suelen proponer los sectores de oposición es un diálogo que deja afuera la cuestión del poder. Y termina siendo, valga el juego de palabras, un diálogo sin poder: el poder está fuera del diálogo. Se presupone la existencia de una práctica llamada “políticas públicas” que conforma un territorio de dilucidación técnica: hay problemas y hay soluciones, todo lo demás es ideologismo estéril. Desde otra perspectiva: hay derechos de las personas y hay un aparato, el Estado, que es una empresa proveedora de derechos. Es la manera de pensar la política propia del neoliberalismo, incluida alguna vertiente que viene de tradiciones avanzadas. La sola mención de la palabra hegemonía produce escándalo en el neoliberalismo de derecha y de “izquierda”. Es una antigüedad ideológica, cuya sola evocación convoca a los demonios de la intolerancia, el autoritarismo y la violencia. Solamente diálogo, entonces. No se sabe cómo se definen los eventuales desacuerdos,como no sea por los mecanismos hoy vigentes de la soberanía popular. Menos aún se sabe qué pasa si los resultados de ese diálogo no les satisfacen a los sectores del complejo agro-financiero-mediático que hoy articula el ataque contra este gobierno. Tal vez se crea que, impactados por el alto nivel de convivencia política alcanzado, esos sectores se avengan, ¡por fin!, a aceptar pacíficamente el dictado de la política aunque afecte sus intereses».

(Leer completa la nota de Edgardo Mocca haciendo click acá)

Programa El Ojo con Dientes emitido por Radio Continental Córdoba el sábado 30 de noviembre de 2013 Invitados: Liliana Lanari  Patricio Villarejo Pablo Héctor Mariño Yami Echegaray Adriana Castillo (Abracadabra) Participación especial: Nancy Wild, Angie Ferrero, Patricio Pérez, Diego Gastón Suarez Operador: J.U. Conducción: Mario Rivas

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