Una publicación efímera, como todo

A ver, a ver, quién maneja la batuta

In Opinión, por Edgardo Mocca on 26 enero, 2014 at 12:52
"Nunca como ahora estuvo tan clara la interrelación entre movimientos económicos y fines políticos o, dicho más directamente, el carácter político de las movidas económicas que ocurren", plantea Edgardo Mocca en esta nota.

«Nunca como ahora estuvo tan clara la interrelación entre movimientos económicos y fines políticos o, dicho más directamente, el carácter político de las movidas económicas que ocurren», plantea Edgardo Mocca en esta nota.

Leemos hoy:

«Una vez más, como tantas en la historia argentina reciente, la suerte del poder se juega en el campo financiero. Fue así, por ejemplo, en 1975-1976 (rodrigazo y dictadura cívico-militar), 1989 (hiperinflación y ascenso del menemismo) y 2001 (quiebra de la convertibilidad). Lo original del conflicto actual es la potencia del proyecto político que empezó en 2003, el peso estructural de sus acciones y sobre todo, la voluntad de no entregar el timón de las decisiones públicas a los poderosos intereses que fogonean la inestabilidad. No fue así en ninguno de los casos mencionados, siempre imperó en ellos la racionalidad de las concesiones a los poderosos a cambio de gobernabilidad; siempre los episodios terminaron con una escalada de decisiones antinacionales y antipopulares, el consecuente aislamiento social del gobierno y su caída (o renuncia anticipada). La repetición cíclica de estas “atmósferas golpistas” permite construir una matriz de cómo y por qué se producen, es decir, qué sectores son los que las impulsan, cuáles son los argumentos, cuáles son los recursos comunicativos en los que se apoyan, cuáles las movidas financieras que organizan.

(…)

Nunca como ahora estuvo tan clara la interrelación entre movimientos económicos y fines políticos o, dicho más directamente, el carácter político de las movidas económicas que ocurren. Más en general, la experiencia actual sirve para sacarse de encima la mitología de la economía que nos habla de un dios mercado, equilibrado y autónomo en sus movimientos, sin relación con el dios malo, el Estado, ese que nunca acierta, salvo cuando atiende las demandas del otro dios, el bueno, el mercado. Este catecismo infantil ha inundado definitivamente, creo que nunca tanto como en estos días, a las maquinarias mediáticas que trabajan a tiempo completo contra el Gobierno. Llama la atención que los mismos axiomas que fundaron el proyecto político de la convertibilidad en el menemismo, lo mantuvieron con la Alianza hasta que el proyecto terminó en la ruina económica y política más absoluta, esos mismos axiomas se utilicen para diagnosticar la situación actual y para aconsejar la mejor manera de enfrentarla. Nunca como ahora estuvo tan claro que el fraude realizado en nombre del “saber económico” consiste en disimular el sentido del poder político en cuyo nombre se está hablando. No es el poder político de un partido, ni de una coalición, es (la expresión es de Federico Bernal) el poder político que da en la sociedad capitalista tener a su disposición el más importante recurso que se pueda tener, el dinero.

(…)

La disputa en la Argentina consiste, en la actual circunstancia histórica, en algo más que tal o cual medida económica, parcial o sectorial. Lo que está en cuestión es quién toma las decisiones. Es decir, quién determina cuáles demandas se atienden y cuáles se postergan, quiénes deben ser beneficiados y quiénes no. Las palabras justificadoras que se usan diferencian a los contendientes: para unos hay que dejar de hacer demagogia irresponsable y hacer lo que la realidad exige. Para otros hay que atender prioritariamente a los más necesitados y recortar los privilegios de los más poderosos. De esta última formulación, la de los partidarios del Gobierno, suele decirse que es un simulacro encubridor del apetito de poder. Quienes afirman eso parecen estar en posesión del atributo de la verdad política, como si ésta pudiera existir al margen y por encima de los intereses y también de los afectos y de los mitos. Pronunciada, como lo ha sido en estos días, con una intensidad inusitada –entre otros por los infalibles economistas que elogiaron la convertibilidad hasta el momento mismo de su colapso–, esa monserga de lo objetivo, lo necesario, lo racional y el saber económico se muestra en su desnuda condición de decorado retórico de un proyecto político que aspira al poder. Que aspira a poner nuevamente la política democrática al servicio de lo más concentrado del capital. De lo que se está hablando, finalmente, es del poder político».

(Leer completa la nota de Edgardo Mocca haciendo click acá)

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