Una publicación efímera, como todo

Una mirada correntina sobre Córdoba

In Opinión, por Patricio Pérez on 22 mayo, 2014 at 21:11

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por Patricio Pérez

Muchas veces me preguntan por qué me vine a vivir a Córdoba. Hay un motivo que es muy difícil de explicar: a diferencia de Corrientes, Córdoba no es joda.

En Córdoba, si no querés ser devorado por los otros, lo primero que hay que gestionarse es un buen par de huevos. En Corrientes es espeluznantemente más fácil vivir cebando mate en una oficina; acá eso roza la vergüenza. Acá la gente se lo toma más en serio.

Lo que me enamoró de Córdoba es que se tome en serio a la cultura.

A otros les llamarán la atención los puentes colgantes, la gestión política, los prostíbulos. Una fascinación casi infantil por estas cosas hace que el día de mañana haya ingenieros, choros o activistas.

En Córdoba podés saber que cuando te cruzás a algún mechudo con una guitarra a cuestas, ese flaco no está boludeando (en las ciudades grandes nadie tiene tiempo ni ganas de andar boludeando); por consiguiente, las puertas que tiene a disposición están más abiertas que en Corrientes, donde, por algún motivo, causa un poco de risa la idea de que un guitarrista sea más que un «bohemio» con un pasatiempo de asado dominguero.

Ídem para cualquier forma de arte: plástica, fotografía, teatro. Ídem para innumerables instituciones. Ídem (para bien o para mal) para los críticos. El crítico de arte le habla, necesariamente, a dos personas: al que lo entiende, y al que le interesa.

Esto tiene sus hermosas consecuencias.

El lado «material», tangible, de la cultura (lo repetimos y lo repetiremos todo lo que haga falta: muestras, recitales, festivales, bienales, por no mencionar subsidios, talleres, programas ni mucho menos cultura al servicio de propaganda política ni producciones millonarias) tiene más vitalidad en cuanto más gente piense que es un asunto serio.

Una actitud de tierna compasión ante el flaco de la guitarrita, como la que se le tiene al niño que se está familiarizando con una acuarela, no deriva en nada serio. Es una decepción, un proyecto trunco, perverso.

Una auténtica fe en el arte genera que éste se multiplique y dé frutos, y ese apoyo a veces brilla por su ausencia. Insisto, no sólo fe en el arte: educación, solidaridad, militancia política, cualquier causa que valga la pena. Nada habla más de la ignorancia de una persona que su desdén hacia la sociedad en la que vive.

El Globo flyer

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