Una publicación efímera, como todo

2015, el año en que viviremos en peligro

In Opinión, por Sandra Russo on 20 enero, 2015 at 5:35
"Más allá de esta causa y este caso, espectaculares y dramáticos por donde se los mire, ésa es claramente la apuesta opositora, mediática y política: la confusión de los ciudadanos a través de un relato que tejen ellos mismos con sus propias denuncias, con o sin elementos, con o sin algún tipo de prurito por la verdad", dice Sandra Russo en esta nota.

«Más allá de esta causa y este caso, espectaculares y dramáticos por donde se los mire, ésa es claramente la apuesta opositora, mediática y política: la confusión de los ciudadanos a través de un relato que tejen ellos mismos con sus propias denuncias, con o sin elementos, con o sin algún tipo de prurito por la verdad», dice Sandra Russo en esta nota. (foto vía TW)

Leemos hoy:

«No es momento para especular si se mató y por qué se mató Nisman, e incluso por recato y por respeto a sus familiares, tampoco es momento para adjetivar su trabajo de nueve años al frente de una unidad especial que no produjo avances, aunque sí resulta inevitable una ligera revulsión cuando ayer se escuchaba al rabino Bergman hablar de Nisman como de “un referente de la Justicia independiente” que requiere el país, cuando es público que su trabajo era conocido primero por Servicios de Inteligencia extranjeros que por el juez de la causa. Eso no suena ni refleja ningún tipo de independencia.

Lo que sí se observa cada vez más seguido tanto en los medios lanzados a la batalla electoral como en muchos dirigentes opositores (dio vergüenza escucharlo ayer a Macri, procesado por escuchas ilegales, querer sacar ventaja política de la situación y autoerigirse en modelo del manejo de esa área) es que la verdad importa poco. En la tertulia del sábado por la noche comandada por Mirtha Legrand, Alfredo Leuco hablaba de lo vergonzoso de “haber negociado a las víctimas del atentado por granos y petróleo”, y la conductora asentía muy segura de lo que se decía. Es decir, ya opinaban dando por cierto lo que no era cierto. Pero qué va, qué importa la verdad en los grandes medios, si hace rato han perdido el interés en la verdad y solamente apuestan a la ganancia del clima general a través de la confusión.

Más allá de esta causa y este caso, espectaculares y dramáticos por donde se los mire, ésa es claramente la apuesta opositora, mediática y política: la confusión de los ciudadanos a través de un relato que tejen ellos mismos con sus propias denuncias, con o sin elementos, con o sin algún tipo de prurito por la verdad. Así se vienen desarrollando todos los golpes o los intentos de golpes blandos en la región. Manuel Zelaya nunca llamó a una reforma constitucional en Honduras, pero la Corte Suprema de ese país dijo que sí, la prensa se hizo eco de la confusión y lo voltearon. A Rafael Correa, en Ecuador, quisieron derrocarlo los policías que habían sido en su momento mal informados –esto es, confundidos– sobre una ley del Ejecutivo que los involucraba. A Fernando Lugo, en Paraguay, le armaron una masacre que nunca fue aclarada, el Congreso le hizo un juicio sumario trucho sin esperar ni conocer la verdad de los hechos, y lo echaron de la presidencia. En todos los casos de golpe blando hay confusión, y en todos los casos después de esos golpes, los respectivos países cambian su alineamiento y se integran a la Alianza del Pacífico. Hay una bola que se echa a rodar, hechos presuntos que se dan por ciertos, canallas que editorializan sobre sucesos que nunca ocurrieron, en fin, pura impotencia electoral y mala entraña humana.

Lo que se sabe hasta ahora es que Nisman apareció muerto justo el día en el que tenía que ampliar y explicar su gravísima denuncia ante legisladores opositores y oficialistas. Era un momento de máxima tensión, porque el tenor de la denuncia reclamaba pruebas fehacientes que estuvieran incorporadas al expediente. Y de eso, según el propio juez, no había. En el relato de los operadores integristas de la oposición, Nisman ya es un mártir, un ejemplo al que le rinden homenaje, un “referente”, al decir de Bergman. Quisieron usar a Nisman vivo y ahora lo usarán muerto. A él, a otro, a cualquiera, a cualquier cosa. Desbordan desquicio y sudan irresponsabilidad. La apuesta en este año que viviremos en peligro no es al debate profundo de ideas ni a la discusión política sobre el destino de este país. Esa gente no tiene nada que discutir porque no tiene nada para ofrecer, políticamente hablando, salvo rociadores de mugre, aerosoles de infamia, casetes con escuchas ilegales y nada que perder. Al menos, ése no fue el caso de Nisman, que perdió la vida. No se sabe, por ahora, antes de eso, qué más perdió».

(Leer completa la nota de Sandra Russo haciendo click acá)

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