Una publicación efímera, como todo

Raquel Tibol: La mujer que abofeteó a Siqueiros

In Entrevistas, por Analía Lorenzo on 23 febrero, 2015 at 18:27
Hoy falleció en México la crítica de arte Raquel Tibol. La foto es del 2006 en el departamento que la argentina radicada en Mèxico tenía en el barrio de Colonia Anzures. (foto de la autora)

Hoy falleció en México la crítica de arte Raquel Tibol. La foto es del 2006 (cuando se realizó la entrevista) en el departamento que la argentina radicada en México tenía en el barrio de Colonia Anzures. (foto de la autora)

por Analía Lorenzo (desde México, DF)

Raquel Tibol nació en 1923, en Argentina, pero durante más de 50 años ha sido testigo y juglar de la temperatura cultural de México. La trajo consigo Diego Rivera y es la pluma de la única biografía de Frida, publicada cuando aún la pintora estaba viva. A su columna periodística la llamaron el tibolazo, pero ella jura y perjura que nunca escribió con ánimos de denigrar a nadie. Le gusta reconocerse como quien dio el primer empujón internacional a Gabriel Orozco aunque, después, define la obra actual del fotógrafo como un “chiste cruel”. Entre sus tesoros preciados están el reconocimiento que le brindó la UNAM y la faja de honor que la Sociedad Argentina de Escritores, –cuando la presidía Borges–, le otorgó por su primera novela Comenzar es la esperanza (1950). “Yo tengo el diploma con la firma de Borges y llené el Teatro Juan Ruiz de Alarcón, que no es chico”, dice con esa alegría que provocan las grandes conquistas. Tibol es reconocida como una de las críticas de arte más importantes del país. La mirada lúcida, mordaz e independiente junto con su pluma acertada –y siempre polémica–, han recorrido la historia moderna del arte mexicano. Raquel, la mujer que primero defendió y luego provocó a Siqueiros, es una de las leyendas vivientes de un México de colección.

México bronco

– ¿Cómo fue llegar a México?

– Conocí a Rivera en Chile, en el Congreso Continental de la Cultura, presidido por Pablo Neruda. Cuando llegué, del aeropuerto me fui a vivir a la casa de Frida, en Coyoacán, de modo que no hubo soledad en ese momento, al contrario, mucha agitación. Viví primero en esa casa, después en el estudio de San Angel Inn, a los seis meses me fui y comencé a trabajar en lo mío.

– ¿Por qué eligió este país como su nueva patria?

– México abrió puertas a lo desconocido y el paisaje mexicano de montañas, tan bronco, me entusiasmó enormemente. Me gustó la forma de ser de los mexicanos, como si yo hubiera estado preparada para vivir en este ambiente mexicano que no es simple, ni  suave, más bien se le puede aplicar una frase de García Lorca que dice que la vida no es noble ni buena ni sagrada. Y eso me atrajo mucho. Además, se me abrieron muchas puertas al venir de la mano de Rivera.

Frida Kahlo: cuéntame tu vida

– Y el proyecto de las memorias de Frida…

– No, no eran memorias, era biografía. Eso sucedió en los días que viví con ella. Yo venía de trabajar mucho en Santiago de Chile y mi plan no era ser enfermera de Frida. Entonces, le dije: ‘oye Frida hagamos el tiempo útil y díctame tu biografía’. Y me la empezó a dictar, pero como de pronto se le pasaba el Demerol y quedaba en medio de una somnolencia profunda, el proyecto no avanzó tanto como yo hubiera querido pero lo suficiente como para, todavía en vida de Frida, poder publicar –en el suplemento «México en la cultura» (del periódico Novedades)– algunos “Apuntes para una biografía de Frida Kahlo”, con un diseño bellísimo de Miguel Prieto.

David Siqueiros: el amigo comunista que se volvió oficialista

– ¿Cómo quedó su relación con Siqueiros luego de la bofetada memorable que Ud. le pegó en 1972?

– Con ese episodio se rompió la relación con Siqueiros. Pocos días después de la bofetada, inauguraba Cuevas una exposición en el Museo de Arte Moderno y el director de entonces, amigo mío y amigo de David, Fernando Gamboa, nos reunió y dijo ‘no puede ser que uds. estén disgustados’ y entonces David dijo, ‘vente el domingo a Cuernavaca’. Pero nunca más volví a pisar su casa.

– Antes de eso, usted tuvo una maratón de entrevistas con él…

– Siqueiros era un entusiasta de la conferencia de Bandung, donde dieron impulso al concepto de Tercer Mundo. Por eso, viajó a Rusia, a Polonia, a Egipto, a China, en fin, y de esos viajes le pidieron que escribiera artículos, pero él estaba muy metido pintando paisajes aéreos y me llamó. Para entonces yo tenía prestigio de no ser mala entrevistadora y nos echamos 30 entrevistas al hilo. Nos golpeaban por acá y por allá (sobre todo, me golpeaban a mí). Decían que yo era casi un merolico de Siqueiros, porque él se tiraba contra todo mundo: contra el taller de gráfica popular, contra González Camarena, contra Anguiano, contra todos y yo escribía. Él decía pero yo recibía las bofetadas. No me importaba demasiado porque a mí la polémica cultural siempre me ha gustado.

– ¿Por qué estuvo preso Siqueiros?

– Siqueiros estuvo preso cuatro años, tenía 63 años de edad y salió a los 67, es decir ya no era un jovencito y todavía hoy no se sabe bien por qué cayó preso. Hay dos tesis: una dice que López Mateos –a través de su hermana Esperanza– tenía cierta simpatía por los troskistas y quería cobrarse lo de Trosky. Por otro lado, hay una tesis expresada por algunos militantes de izquierda serios que decían que Siqueiros, por su cuenta y sin consultarlo con el partido, había montado una fabriquita de armas para proveer a las guerrillas que entonces surgían. Yo me inclino más por esta segunda tesis.

– Y luego llegó el Congreso de 1972.

– Después de todo eso, viene el Congreso Nacional de Artistas Plásticos, que fue una idea de Jorge Hernández Campos. Y Siqueiros asiste a ese Congreso y pide la palabra. El que operó y ablandó a Siqueiros para que pidiera el indulto fue Echeverría. David sale de la cárcel, se mete a trabajar el Poliforum y diseña el techo con la E de Echeverría, la que usó para la campaña de la presidencia, modificadita, pero la parte exterior de la cúpula del Poliforum es un monumento a Echeverría.

– ¿Y por eso cortó relaciones con él?

– Además de eso, cuando llega el Congreso, David empieza a pronunciar un discurso defendiendo el arte de estado, de un estado represor… Otro detalle fue que, mientras estuvo preso, el hermano de Echeverría aprovechó para borrar del mural –que está en el vestíbulo del teatro Jorge Negrete– la parte que David había representado la Constitución Mexicana y en primer término aparecía el ejército mexicano empujado por un ejército de güeros que pisaban el libro que decía 17. David sale de la cárcel, restaura el mural y no pone el 17. Entonces yo empecé a hacer el chiste que el ejército mexicano empujado por los güeros pisaba el directorio telefónico. Y cuando David empezó a echarse ese discurso en el Congreso, yo desde mi butaca le gritaba: David ¿por qué borraste el 17? Una y otra vez, hasta que lo irrité.

– Y ahí… la bofetada…

– A mí me empezó a hervir la sangre, porque yo le reclamaba algo real, su conversión política de hecho. En él se había operado un oficialismo desagradable. Yo sabía que cuando se disgustaba–aunque yo estaba nacionalizada desde enero del 61–, no dudaba en provocar expulsiones de extranjeros. Entonces, cuando salimos, le tiendo la mano y le digo: ‘vengo a invitarte a la fiesta para cuando me expulsen de tu país’. Y me dejó con la mano tendida y con la furia que traía, le dejé el cachete encendido.

 

Al fondo, a la izquierda

– ¿Se afilió Ud. al Partido Comunista?

– Soy de izquierda y he trabajado mucho dentro de las filas de la izquierda. Trabajé en «Política», dirigida Manuel Marco Pardiña. Fui secretaria de redacción por cinco años, hasta que ya no lo aguanté a Manuel y me fui. Pero además estuve en el Movimiento de Liberación Nacional, en la Unión Nacional de Mujeres Mexicanas, he asistido a congresos en La Paz, en Vietnam con la Federación Democrática Internacional de Mujeres, representando a América. Pero nunca con un partido. En la disciplina partidaria, como dijo Stalin, hay un resabio pequeño burgués. No me gustan las disciplinas impuestas.

– ¿Cómo ve actualmente la relación arte y política?

– El arte mexicano actual es muy plural, hay de todo. Hay gente que se liga a las cuestiones populares ya sea de manera directa o a través de su obra. Después de los rupturos, en general el arte abstracto, a nivel mundial, ha venido marchitándose. Tanto en México, como en otros países, ha emergido una nueva manera de hacer arte social. Veo que es un arte desde el individuo. El individuo se compromete con su tema, mira pero no es la cuestión de los años de los muralistas o del taller de gráfica que se ligaban con sindicatos, huelgas o movimientos populares. No hay tal cosa.

– ¿Ni siquiera en apoyo a causas como las del EZLN?

– Con el EZ, como ha tenido una especie de áurea mítica, algunos artistas han hecho ciertas cosas en torno a ellos pero no hay un compromiso estructural, real. Los muralistas en cambio eran personas con militancia concreta y un arte político y público que actualmente no se da. Pero hay muchos ecos, en la Bienal Tamayo nos llamaba la atención cuánto arte con contenido social se nos ofrecía.

– ¿Existe el arte de género? ¿Es distinto el arte producido por mujeres o por hombres?

– Hay arte voluntariamente de género entre las mujeres pero hay mucho arte que no tiene signo de género. No podríamos decir que el arte de Helen Escobedo es un arte con signo de género pero sí el de Magalí Lara. Lilia Carrillo no es un arte de género, Estela Carmona no tiene un contenido social específico, de programa social, pero sus pinturas contra la guerra, contra el industrialismo agobiante, son formidables y tampoco es arte de género.

El tibolazo

–  Durante sus años como columnista, algunos de sus detractores dicen que usted podía fomentar a un artista o bien, podía destruirlo…

– Nunca busqué exaltar o detractar. Se lo puede preguntar a cualquiera a ver si acaso alguna vez, en una mínima cosita, yo actué en función de ejercer un poder. Al contrario, creo que muchos artistas recuerdan que les di primeros empujones, inclusive a un artista que actualmente no me gusta su trabajo para nada como es Gabriel Orozco. En su primer lanzamiento internacional yo lo empujé directamente, en un momento en que creía en su posibilidad de desarrollo, pero cada vez me gusta menos su obra. En un país de fotógrafos tan notables como México, sus fotografías son un chiste cruel. Esa serie de cacharros que hizo es una ofensa a la cerámica mexicana.

– ¿En qué se encuentra trabajando actualmente?

– Yo nunca digo de los proyectos actuales porque creo en las aladas. Pienso que si las cosas se comentan antes de hacerse, no salen bien. Siempre hay alguien que pondrá una piedrita en el camino.

– ¿Produjo alguna vez arte?

– Una cosa es la actividad del mirar y otra es la del hacer. El hacer plástico culmina en un objeto percibible y el mirar para el crítico termina en un objeto literario.

– Raquel ¿reconoce hitos en su vida?

– No pienso escribir mis memorias, de modo que no hay tales hitos. No me hecho el proyecto, al contrario, lo he deshecho. Prefiero hacer otro tipo de trabajos.

– ¿Que la enorgullece de su trabajo?

– No tengo tendencia al orgullo, a mí me gusta trabajar, pero he tenido muchas alegrías. Una de las más grandes fue el reconocimiento universitario de la UNAM. En esa ocasión, grabé un disco en la colección “Voz Viva de México” y hubo más de 20 vitrinas en donde se exponían mis libros. Se hizo en el teatro Juan Ruiz de Alarcón, que no es chico, y se llenó. La gente, por largo rato, me aplaudió de pié. Fue muy bonito.

@anetlepoet

  1. Buenisima tu nota analia,te mando un abrazo fuerte la mima

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