Una publicación efímera, como todo

La clase media y el aparato ideológico dominante

In Apuntes rápidos, Elecciones 2015, por Mario Rivas on 27 abril, 2015 at 18:50
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por Mario Rivas

La clase media, ya se sabe, vive entrampada en una encrucijada: por un lado sus eternas aspiraciones a elevar su nivel de vida y llegar a pertenecer a la clase alta y por otro lado, su constante temor a perder lo conseguido y descender de categoría social.

El aparato ideológico dominante conoce estas características y permanentemente fogonea por igual aspiraciones y temores en la clase media. Es lógico: de esta manera, y en la medida de que su bombardeo ideológico sea efectivo, logra que un conjunto importante de nuestra sociedad sea neutralizada como agente de cambio. El fundamento básico de este bombardeo reside en solidificar la creencia de que el progreso individual está al margen del progreso colectivo.

Uno de los aportes culturales más importante que ha hecho el kirchnerismo es poner sobre la mesa de discusión ideológica de que no hay progreso individual sin un progreso del conjunto de la sociedad. Esto fue magistralmente resumido por Cristina de una forma contundente: «La Patria es el otro».

Por supuesto que esta idea fuerza dista mucho todavía de estar enraizada en el conjunto de la sociedad. No obstante, es innegable que la misma ya está definitivamente instalada y es imposible eludirla. Serán las nuevas generaciones que han ingresado a la política las encargadas de cimentarla.

¿Qué es el aparato ideológico dominante?

En todo proceso social marcado por la lucha de clases, los sectores que dominan económicamente al resto de la sociedad necesitan construir un conjunto de leyes y mecanismos que los legitimen y les permita seguir en su posición de privilegio. De ahí que cuando en el 2013 este Gobierno propugnara una democratización de la Justicia el establishment saliera en bloque a oponerse, objetivo que logró por el momento.

Luego, los sectores dominantes necesitan de un aparato de divulgación que convalide este corpus judicial y que trabajen sobre la conciencia de los ciudadanos en los supuestos beneficios de no alterar el status quo vigente. Aquí entran en juego los medios de comunicación: televisoras, diarios, radios, revistas, etc. No es casual que los sectores más reaccionarios de nuestra sociedad se nieguen aún hoy (¡a más de cinco años de promulgada por absoluta mayoría en el Congreso!) a aceptar la llamada Ley de Medios: es que perdiendo su condición hegemónica se ve seriamente afectada la efectividad de su mensaje ideológico.

Luego está, en la conformación de este aparato ideológico dominante, el papel que juega el sistema educativo. Si bien se ha avanzado muchísimo en este aspecto (nuevos planes de estudio; impulso a la accesibilidad informática; cátedras libres; nuevas universidades y mucho más) la matriz autoritaria de nuestro sistema educativo todavía no ha sido desterrada. Y en este marco no hay que olvidar el papel que juegan las poderosas editoriales educativas, hoy por hoy monopolizadas por un par de ellas.

Por último, conforman este aparato ideológico diversas instituciones sociales cuyo fundamental objetivo es consolidar un estado de cosas en beneficio de los sectores dominantes: iglesias de diverso cuño; asociaciones empresariales; ateneos; lobbys varios; etc. En este aspecto es evidente los aportes conservadores de la Iglesia Católica, a pesar de la lucha que vienen sosteniendo en su seno un conjunto de curas que intentan lograr una Iglesia con una clara opción por los pobres y desposeídos. Así y todo, el grueso de la institución religiosa más importante y extendida en nuestro país ha defendido, y sigue haciéndolo, las políticas más retrógradas. Si ir muy lejos basta ver su firme oposición a leyes fundamentales como las de divorcio, la de matrimonio igualitario, la de identidad de genero, entre otras. Por no mencionar su negativa siquiera a considerar el aborto libre, seguro y gratuito a pesar de las miles de muertes que se producen (fundamentalmente en las clases más desamparadas) por falta de una legislación moderna en este punto.

Así, el aparato ideológico dominante está compuesto de cuatro patas que actúan mancomunadamente sobre la conciencia de los ciudadanos: poder judicial, medios de comunicación, sistema educativo e instituciones sociales.

El análisis del actual proceso eleccionario que vive nuestro país no debería dejar de lado que el mismo se encuentra enmarcado en una poderosa batalla ideológica entre quienes pretenden retrotraer al país a épocas de sumisión y privilegios y quienes intentamos construir una sociedad más justa, solidaria y democrática para todos sus habitantes.

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