Una publicación efímera, como todo

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Claro, papá era un poco más inteligente que el resto

In por Hernán Marcelo Savini, Relatos on 27 octubre, 2011 at 22:51

por Hernán Marcelo Savini

«Cuando niño le decía a mi papá: _ Papá en el colegio son todos peronistas , acá en la Sociedad de Fomento son todos peronistas;  mis amigos del barrio son todos peronistas y nosotros somos comunistas… ¿ algo esta mal?. Claro, papá era un poco más inteligente que el resto.» Lee el resto de esta entrada »

El niño peronista

In por Hernán Marcelo Savini, Postales on 30 julio, 2011 at 18:44

por Hernán Marcelo Savini

Poco tiene que ver este relato con Stoppani, el niño proletario de Osvaldo Lamborghini: nadie saldrá descuartizado por niños burgueses , pero tal vez sí con el corazón un poco chamuscado a las brasas del amor que tuvo muy poco de burgués pero mucho de descamisado.

El niño peronista no es más que un relato familiar, una de esas ruedas de diapositivas que se vendían en los circos de antaño, que a través de un gatillo iban pasando pibes felices, pobres pero felices. Nuestro primer disparo nos lleva a 1956 zona oeste del Gran Buenos Aires, barrio de Cautelar. Benjamín Savini, ferroviario y peronista, trabajaba en los talleres del Ferrocarril Oeste ( hoy Sarmiento) de Haedo. El Facho Savini, así lo llamaban sus compañeros, familiares y amigos (increíblemente el apodo Facho para los gorilones era una redundancia) nada tenia que ver con las huestes de los camisas negras, sino mas bien con un abuelo italiano que observaba a su nieto siempre haciendo algo y le decía Fa cho,  que en su dialecto significaba cómo hace el chiquito y la verdad que jamás paró de hacer cosas .

El Facho tenia 27 años, casado con María Mercedes Carreras los dos eran parte de esa migración interna que generó la revolución Peronista: dos relucientes Cabecitas Negras que desde las provincias colmaron la Capital y el conurbano porteño. La Mecha era de Cuenca, un pueblo perteneciente al partido Carlos Tejedor en la provincia de Buenos Aires y Facho, mi viejo, era de Alvear donde comenzó a ganarse el pan desde los 6 años. No fue el pibe Stoppani  pero fue un boyerito, aguaterito y huérfano de madre a los 8 años, una irlandesa hermosa la Abuela que jamás conocí, un niño feliz hasta los 8 años que Papá jamás olvidó.

Mal momento para un ferroviario peronista. En el 56 la Libertadora había hecho mella en los sindicatos, tanto en La Fraternidad como en todos los demás, las persecuciones y los aprietes eran moneda corriente entre los trabajadores, el Facho la estaba pasando mal y tenia dos críos, Jorge y Héctor, que no llegaban a los 4 años. Se mordía los labios para no carajear a todos esos carneros que años antes tenían la foto de la Mami colgada y hoy no te dejaban nombrarla. La vieja me contó que en esa época Papá volvía de los talleres, corría al baño y bajo la ducha gritaba ¡Viva Perónnnn ! ¡ Viva Perón! hasta que quedaba exhausto y la Mecha tejía y lloraba, mucha veces para dentro porque estaban los nenes y ellos no tenían la culpa .

Uno de esos lúgubres días de silencio y cabeza gacha llegó una carta, una carta del abuelo mi abuelo, por ende el padre de Facho. El abuelo hechó raíces en un pueblo del partido de Rivadavia, Estación Sansinena, un pueblito de escasos 2000 habitantes. Gente de campo, mucho gringo gastado por la pampa, tan gastados que ya no recordaban de qué aldea europea matapobre habían llegado. La esquela familiar formalmente pedía los servicios del Facho como hijo mayor para que le ayude con el campo y la peonada, que se venga con la mecha y los críos que tenía casa y mucho por hacer, que el pueblo ahora tenía escuela y maestra permanente pa’ los cachorros. Sin mucho que pensar Facho ató a la Mecha (medio encabronada), a los críos y unos bártulos al palito y el mismo ferrocarril Oeste después de 12 horas los depositó en la Estación Sansinena .

Después, las promesas del abuelo terminaron siendo moneda de $ 3, el viejo desconocía el estatuto del peón de campo, las vacaciones y toda tipo de conquista social por ende en dos meses el Facho le prendio fuego la peonada y se fue a una estancia de unos alemanes «La Marianita» donde le ofrecieron el puesto de molinero y así anduvo por los campos, montado a los molinos de agua bajo el sol, la lluvia, el frío, mientras los hijos crecían y se sumaban dos más: Gabriel, Claudio y un angelito que se le puso morado y durito a la Mecha a los 18 días de nacer . Y supo hacerse querer en el pueblo por gaucho y cantor, dicen que lo vieron manejar el bufete del «Sansinena Futbol Club» como nadie durante años. Junto a la Mecha preparaban minutas, vermúses y menudencias para los parroquianos del pueblo , tiempo mas tarde el Facho al buffet le agregó un proyector de cine, luego anduvo a lo Salvatore por los pueblos de La Pampa  con el proyector en la caja de la chata junto a John Wayne, Charles Chaplin, Sandrini, las películas del Zorzal hicieron las delicias de grandes y niños . Y por qué no, también las delicias de alguna dama, de pueblo en pueblo el Salvatore criollo y cantor.

Benjamín Savini junto al peronismo también fue proscripto casi dos décadas, pero el Facho eligió seguir su militancia en un pueblito casi pampeano al noroeste del la provincia de Buenos Aires ( Sansinena) y milito de la mejor manera , que es viviendo y la pucha que zapateó y levantó polvareda en aquel pueblo que hoy en día todavía se puede leer su nombre en una placa de la Salita de Emergencia del pueblo. En esos años Jorge y Héctor se hicieron muchachotes, Gabriel y Claudio eran ya adolescentes y durante todo ese tiempo la Mecha vio malgastar la vida a muchachos del pueblo en la cantina de cosecha en cosecha y le asustaba que a sus hijos les pasara lo mismo y esta vez fue ella quien ató al Facho, a los críos y cargo muchos bártulos  en el Jeep Ika y se fueron despacito para Buenos Aires. Es junto donde comienza la historia que me trae a estos parajes del niño peronista.

La vuelta del montonero fue en el verano de 1971 nuevamente a zona oeste, Cautelar, y el 10 de Diciembre del mismo año en el Hospital de Morón nació Hernán Marcelo Savini, lindo regalito el gurí. ¿A la vejez viruela? Y qué viruela virulenta la del pendejo: llorón  como al Malevo, Hernancito le saco las cosquillas al Facho, de bagual pasó a ser un percherón. Al poco tiempo un telegrama lo confirmaba como mecánico de la Fiat Concord al Facho y el cielo se abría lentamente, los hijos más grandes laburaban a la par, los más chicos se adaptaban al ruido y las caras extrañas de Buenos Aires. Paso el ’72, llegó 1973 y la vuelta de Perón un 20 de junio. Mi viejo ante la primer bandera argentina que nos cruzábamos me hacia gritar ¡PERÓN! ¡PERÓN!, fue uno de los años más peronistas de mi vida y tenia sólo dos. El verano del ‘74 encontró al Facho un día de febrero en Retiro, tomando un micro para Carlos Paz, provincia de Córdoba. aApapá la Fiat lo mandaba a Córdoba para realizar unos cursos de especialización con unos ingenieros tanos que habían llegado. El viaje fue largo, más largo aún con Hernán de dos años de edad. Según Mecha fue un febrero caluroso, ya amanecido los cerros asomaban en el horizonte, yo me encontraba en los regazos del Facho mirando por la ventanilla (según me cuentan) el microbús tomaba ya  la arteria principal de Carlos Paz hacia la terminal y ante mis ojos de lado a lado de la avenida innumerables banderas argentinas. Instantáneamente levante mis bracitos apreté los puños y a viva voz comencé a gritar ¡Perónnnnn!¡Perón!¡¡¡PERÓNNNNN!!!, mientras brincaba enfáticamente en las rodillas de mi padre. Uno de los chóferes gritó: – A ver si callan a ese peronista. El microbús rompió en carcajadas y papá mirando a todos eufórico dijo: – Diecisiete años me prohibieron nombrarlo ¡¡¡ ni un solo minuto más en silencio!!!  Y desde el fondo del bus se comenzó a cantar la marcha peronista y la locura descamisada estalló: parados en los asientos, con la V en alto, yo que pasaba como trofeo de brazo en brazo, a los bocinazos y a pura marcha peronista entro a la teminal de Carlos Paz aquel sin duda bondi peronista .

Varios días después estábamos con papá y mamá en la plaza del Cu-Cú y un grupito de no más de 6 jóvenes formados por chicas y chicos se acercan a mis viejos y les dicen: -¡Uy! ¡¡¡El niño peronista!!! señor ¿nos deja sacarle una foto?

El Facho a las carcajadas asintió pero les pidió que le sacaran dos y le regalaran una. Los pibes tenían una de esas cámaras instantáneas y cumplieron alegremente con el pedido de mi viejo no sin antes hacerme cantar ¡¡¡Perón!!! ¡¡¡ Perón !!!  De modo que la foto que encabeza esta nota es fiel recuerdo de aquel niño peronista.

El niño peronista

In por Hernán Marcelo Savini, Postales on 28 julio, 2011 at 15:47

por Hernán Marcelo Savini

Poco tiene que ver este relato con Stoppani, el niño proletario de Osvaldo Lamborghini: nadie saldrá descuartizado por niños burgueses , pero tal vez sí con el corazón un poco chamuscado a las brasas del amor que tuvo muy poco de burgués pero mucho de descamisado.

El niño peronista no es más que un relato familiar, una de esas ruedas de diapositivas que se vendían en los circos de antaño, que a través de un gatillo iban pasando pibes felices, pobres pero felices. Nuestro primer disparo nos lleva a 1956 zona oeste del Gran Buenos Aires, barrio de Cautelar. Benjamín Savini, ferroviario y peronista, trabajaba en los talleres del Ferrocarril Oeste ( hoy Sarmiento) de Haedo. El Facho Savini, así lo llamaban sus compañeros, familiares y amigos (increíblemente el apodo Facho para los gorilones era una redundancia) nada tenia que ver con las huestes de los camisas negras, sino mas bien con un abuelo italiano que observaba a su nieto siempre haciendo algo y le decía Fa cho,  que en su dialecto significaba cómo hace el chiquito y la verdad que jamás paró de hacer cosas .

El Facho tenia 27 años, casado con María Mercedes Carreras los dos eran parte de esa migración interna que generó la revolución Peronista: dos relucientes Cabecitas Negras que desde las provincias colmaron la Capital y el conurbano porteño. La Mecha era de Cuenca, un pueblo perteneciente al partido Carlos Tejedor en la provincia de Buenos Aires y Facho, mi viejo, era de Alvear donde comenzó a ganarse el pan desde los 6 años. No fue el pibe Stoppani  pero fue un boyerito, aguaterito y huérfano de madre a los 8 años, una irlandesa hermosa la Abuela que jamás conocí, un niño feliz hasta los 8 años que Papá jamás olvidó.

Mal momento para un ferroviario peronista. En el 56 la Libertadora había hecho mella en los sindicatos, tanto en La Fraternidad como en todos los demás, las persecuciones y los aprietes eran moneda corriente entre los trabajadores, el Facho la estaba pasando mal y tenia dos críos, Jorge y Héctor, que no llegaban a los 4 años. Se mordía los labios para no carajear a todos esos carneros que años antes tenían la foto de la Mami colgada y hoy no te dejaban nombrarla. La vieja me contó que en esa época Papá volvía de los talleres, corría al baño y bajo la ducha gritaba ¡Viva Perónnnn ! ¡ Viva Perón! hasta que quedaba exhausto y la Mecha tejía y lloraba, mucha veces para dentro porque estaban los nenes y ellos no tenían la culpa .

Uno de esos lúgubres días de silencio y cabeza gacha llegó una carta, una carta del abuelo mi abuelo, por ende el padre de Facho. El abuelo hechó raíces en un pueblo del partido de Rivadavia, Estación Sansinena, un pueblito de escasos 2000 habitantes. Gente de campo, mucho gringo gastado por la pampa, tan gastados que ya no recordaban de qué aldea europea matapobre habían llegado. La esquela familiar formalmente pedía los servicios del Facho como hijo mayor para que le ayude con el campo y la peonada, que se venga con la mecha y los críos que tenía casa y mucho por hacer, que el pueblo ahora tenía escuela y maestra permanente pa’ los cachorros. Sin mucho que pensar Facho ató a la Mecha (medio encabronada), a los críos y unos bártulos al palito y el mismo ferrocarril Oeste después de 12 horas los depositó en la Estación Sansinena .

Después, las promesas del abuelo terminaron siendo moneda de $ 3, el viejo desconocía el estatuto del peón de campo, las vacaciones y toda tipo de conquista social por ende en dos meses el Facho le prendio fuego la peonada y se fue a una estancia de unos alemanes «La Marianita» donde le ofrecieron el puesto de molinero y así anduvo por los campos, montado a los molinos de agua bajo el sol, la lluvia, el frío, mientras los hijos crecían y se sumaban dos más: Gabriel, Claudio y un angelito que se le puso morado y durito a la Mecha a los 18 días de nacer . Y supo hacerse querer en el pueblo por gaucho y cantor, dicen que lo vieron manejar el bufete del «Sansinena Futbol Club» como nadie durante años. Junto a la Mecha preparaban minutas, vermúses y menudencias para los parroquianos del pueblo , tiempo mas tarde el Facho al buffet le agregó un proyector de cine, luego anduvo a lo Salvatore por los pueblos de La Pampa  con el proyector en la caja de la chata junto a John Wayne, Charles Chaplin, Sandrini, las películas del Zorzal hicieron las delicias de grandes y niños . Y por qué no, también las delicias de alguna dama, de pueblo en pueblo el Salvatore criollo y cantor.

Benjamín Savini junto al peronismo también fue proscripto casi dos décadas, pero el Facho eligió seguir su militancia en un pueblito casi pampeano al noroeste del la provincia de Buenos Aires ( Sansinena) y milito de la mejor manera , que es viviendo y la pucha que zapateó y levantó polvareda en aquel pueblo que hoy en día todavía se puede leer su nombre en una placa de la Salita de Emergencia del pueblo. En esos años Jorge y Héctor se hicieron muchachotes, Gabriel y Claudio eran ya adolescentes y durante todo ese tiempo la Mecha vio malgastar la vida a muchachos del pueblo en la cantina de cosecha en cosecha y le asustaba que a sus hijos les pasara lo mismo y esta vez fue ella quien ató al Facho, a los críos y cargo muchos bártulos  en el Jeep Ika y se fueron despacito para Buenos Aires. Es junto donde comienza la historia que me trae a estos parajes del niño peronista.

La vuelta del montonero fue en el verano de 1971 nuevamente a zona oeste, Cautelar, y el 10 de Diciembre del mismo año en el Hospital de Morón nació Hernán Marcelo Savini, lindo regalito el gurí. ¿A la vejez viruela? Y qué viruela virulenta la del pendejo: llorón  como al Malevo, Hernancito le saco las cosquillas al Facho, de bagual pasó a ser un percherón. Al poco tiempo un telegrama lo confirmaba como mecánico de la Fiat Concord al Facho y el cielo se abría lentamente, los hijos más grandes laburaban a la par, los más chicos se adaptaban al ruido y las caras extrañas de Buenos Aires. Paso el ’72, llegó 1973 y la vuelta de Perón un 20 de junio. Mi viejo ante la primer bandera argentina que nos cruzábamos me hacia gritar ¡PERÓN! ¡PERÓN!, fue uno de los años más peronistas de mi vida y tenia sólo dos. El verano del ‘74 encontró al Facho un día de febrero en Retiro, tomando un micro para Carlos Paz, provincia de Córdoba. aApapá la Fiat lo mandaba a Córdoba para realizar unos cursos de especialización con unos ingenieros tanos que habían llegado. El viaje fue largo, más largo aún con Hernán de dos años de edad. Según Mecha fue un febrero caluroso, ya amanecido los cerros asomaban en el horizonte, yo me encontraba en los regazos del Facho mirando por la ventanilla (según me cuentan) el microbús tomaba ya  la arteria principal de Carlos Paz hacia la terminal y ante mis ojos de lado a lado de la avenida innumerables banderas argentinas. Instantáneamente levante mis bracitos apreté los puños y a viva voz comencé a gritar ¡Perónnnnn!¡Perón!¡¡¡PERÓNNNNN!!!, mientras brincaba enfáticamente en las rodillas de mi padre. Uno de los chóferes gritó: – A ver si callan a ese peronista. El microbús rompió en carcajadas y papá mirando a todos eufórico dijo: – Diecisiete años me prohibieron nombrarlo ¡¡¡ ni un solo minuto más en silencio!!!  Y desde el fondo del bus se comenzó a cantar la marcha peronista y la locura descamisada estalló: parados en los asientos, con la V en alto, yo que pasaba como trofeo de brazo en brazo, a los bocinazos y a pura marcha peronista entro a la teminal de Carlos Paz aquel sin duda bondi peronista .

Varios días después estábamos con papá y mamá en la plaza del Cu-Cú y un grupito de no más de 6 jóvenes formados por chicas y chicos se acercan a mis viejos y les dicen: -¡Uy! ¡¡¡El niño peronista!!! señor ¿nos deja sacarle una foto?

El Facho a las carcajadas asintió pero les pidió que le sacaran dos y le regalaran una. Los pibes tenían una de esas cámaras instantáneas y cumplieron alegremente con el pedido de mi viejo no sin antes hacerme cantar ¡¡¡Perón!!! ¡¡¡ Perón !!!  De modo que la foto que encabeza esta nota es fiel recuerdo de aquel niño peronista.