Una publicación efímera, como todo

El dilema del Kirchnerismo

In Opinión, por Eduardo Aliverti on 6 abril, 2012 at 3:01

El dilema es cómo contrariar, en la acción de un modelo o proyecto que se pretendería soberano, nacional, popular, liberador (palabra esta última con la que también es necesario vencer prejuicios), el precepto de que el Estado es la organización autoinstituida por la clase dominante para sojuzgar al resto", plantea Eduardo Aliverti en esta nota.

Leemos hoy:

«(…) El domingo anterior, un artículo de Alfredo Zaiat, en Página/12, da en la tecla respecto de –por lo menos– cómo plantarse analíticamente frente a las opciones existentes. “Burguesía fallida” presenta el choque con la empresa española Repsol como símbolo de dos frentes vulnerables del kirchnerismo. Uno es, precisamente, el manejo privado en áreas sensibles del encadenamiento productivo. El otro, que se apueste a un comportamiento autónomo, pero dinámico, de la denominada “burguesía nacional”. ¿Hay o puede haber tal actuación hacendosa del empresariado? Como bien señala el colega, la lógica legítima de una compañía privada es maximizar ganancias e invertir de acuerdo con una tasa de retorno económico-financiera. Y en consecuencia, exigen un precio acorde con la utilidad esperada. O que el Estado los subsidie. De lo contrario, se “apartan” hasta dejar de invertir y se genera un callejón sin salida. Si suben las tarifas, joden a la gente. Si se aumentan los subsidios, joden al Presupuesto nacional. Y si no hay inversiones, se joden todos. Sin embargo, apunta Zaiat, esas situaciones quedan amortiguadas cuando prevalece la concepción de “bien estratégico” (petróleo y gas), y de “beneficio social” (servicios públicos). Es en lo segundo donde el kirchnerismo mostró dientes y eficacia, y por eso también resalta el ejemplo de un Estado que tomó el control de aguas y desagües cloacales. Seis años de inversión en AySA ampliaron esas prestaciones. Dicho sea de paso, la asentaron como la empresa de servicios públicos con menor cantidad de reproches en medios y redes sociales. Efectivamente, es la muestra de qué pasa cuando los fondos públicos son desembolsados sin pretender retorno financiero en determinada cantidad de años. Y con impacto positivo en la población.

El contraste es la apuesta por empresarios nacionales, desplazando a las multis, con el objetivo de “argentinizar” actividades estratégicas. El grupo Eskenazi falló en YPF y, con base allí, vale en igual dimensión apoyarse en cómo describe Mario Rapoport la debilidad intrínseca de la burguesía nacional. Esto es, el origen de componentes históricos, “cuando se desechó la posibilidad de un desarrollo económico integral mediante la protección de la industria local (…) las clases dominantes argentinas rechazaron el camino proteccionista que (…) adoptaron países como Estados Unidos y Australia, y prefirieron un país para pocos ligado a la producción primaria. Esto se traduce en conductas rentísticas, ya sean provenientes del campo o de recursos naturales no renovables”. Zaiat concluye su bosquejo, tras esa cita de Rapoport, a través de que la conducta de la burguesía nacional –fugadora serial de capitales– no se modifica con voluntarismo político. Y que sólo con un Estado activo, estableciendo límites, puede cambiársela. El dilema es cómo contrariar, en la acción de un modelo o proyecto que se pretendería soberano, nacional, popular, liberador (palabra esta última con la que también es necesario vencer prejuicios), el precepto de que el Estado es la organización autoinstituida por la clase dominante para sojuzgar al resto. Todo un reto: justamente porque la discusión no es técnica sino política, el kirchnerismo deberá demostrar que está dispuesto a profundizar la administración del Estado desde un vanguardismo siempre privilegiador de las necesidades populares. Y nunca de los intereses que se le enfrentarán, brutalmente crecientes si la gran política marcha hacia allí. ¿Cuál es la alianza de sectores sociales que se requiere para eso? ¿Con quiénes articular respaldo y movilización? ¿De dónde se saca o afirma el frente social para aguantar los trapos? ¿Cómo se lo comunica? ¿Alcanza con Cristina solamente? Preguntas como ésas son mucho más primarias que interrogarse sobre la disponibilidad operativa del Estado para hacerse cargo de pozos de exploración y explotación petrolíferas. Tan primarias como lo eran las de si se podía resistir cuatro tapas de Clarín en contra».

(Leer la nota completa de Eduardo Aliverti haciendo click acá)

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