Una publicación efímera, como todo

Derecho de réplica

In Deportes, Opinión, por Eduardo Eschoyez on 10 julio, 2010 at 12:58

El editor, mi futuro ex amigo Mario Rivas, lee entre líneas en una columna que le mandé hace unos días sobre el complejo universo argento visto desde la perspectiva futbolera. Y me deja en una posición incómoda porque concluye en que mis palabras quieren decir, letras más letras menos: “Vos, negrito villero, fuiste el mejor con la pelota y los pies pero si se trata de usar la cabeza,  pibe, para eso no estás capacitado”.

Epa, che: ¿decir lo que uno piensa y pensar lo que uno dice es tratar de esa manera a Diego? Invito a los lectores a repasar mi artículo, para que rastreen dónde le falté el respeto a Maradona.

El asunto es que ya no es broma porque Mario habla de una supuesta (des)calificación a Maradona tras espiar sus raíces sociales. Tremendo error, distinguido Rivas (que no es el taxista): soy futbolero hasta la médula. Tengo mucho más amigos villeros que aspirantes a chetos. Estoy untado en las mismas polvaredas de millones de tipos que lloraron, vibraron y rieron por el fóbal. Jamás en mi vida marginé a nadie; menos a alguien como Maradona, a quien la historia le debe agradecimiento eterno porque desde su condición de futbolista inventó la felicidad de mucha gente. Y nos hizo entender que se puede crecer desde la precariedad, y que siempre es bueno pensar en grande.

¿Queda claro? El tema es que, desde el respeto, me permito realizar una evaluación de su gestión al frente de la selección sin esperar a que perdiera para reflexionar con el diario del lunes en la mano. Antes de la eliminación del mundial, lo que hizo me pareció malo, incoherente, inconexo, falto de seriedad, independientemente de los resultados.

Nunca dije ni diré que con su vida hizo tal cosa, o que no tenga el derecho de mejorar. En todo caso, reafirmo: primero que aprenda a traducir lo que fue como futbolista; que desarrolle aptitudes de estratega; que logre transferir sus conocimientos más allá de las arengas mediáticas y las bondades en la conformación de los grupos.

La presencia de Maradona como entrenador de la selección no obedeció a ningún proyecto: él no es un entrenador apto, hasta tanto se capacite. Y para hacerlo, lo primero que debe intentar es ser más humilde y dejar de creer en las conspiraciones. Ahora bien, es mucho más tentador ir con la manada y elogiarlo a pesar de todo. O pedir que siga, a pesar de todo. O atacar a los que razonan  de otra manera, a pesar de todo.

Sepan que Maradona, que tantas veces se victimizó (a veces con razón) por ser distinto, ahora propone un juego perverso que arrastra y contagia a muchos: el que no piensa como él debe ser declarado enemigo público. No me extraña de él, pero sí de aquellos que ven las cosas desde un peldaño más elevado e, insólitamente, se posicionan de manera demagógica con los hechos consumados.

No se aceptan insultos de ninguna clase. Si querés dejar tu opinión hacelo con altura y respeto. Gracias.

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